sábado, 18 de abril de 2026

BANCO CENTRAL DE VENEZUELA: DE LA AUTONOMÍA AL NEPOTISMO Y LA ANTIPOLÍTICA

Dentro de las clásicas triquiñuelas de la dictadura venezolana, iniciada por el traidor mayor, hoy felizmente difunto, está el secuestro intencional de las estadísticas. Obviamente que la idea es esconder esos datos y gráficas que arrojarían puras líneas rojas en franca picada batiendo récords mortales para un país que es hiper millonario en riquezas, claro, sobradas razones tienen ya que esto desnudaría a los más inmensos y descarados ladrones oficialmente.

Y es que este es el gran robo, el que no sale en las noticias porque no tiene cara de robo. No hay pistola, no hay fuga, no hay escándalo inmediato. Es el robo de las instituciones: el que se hace despacio a cielo abierto, con decretos y nombramientos, metiendo a los “ leales” en los puestos claves hasta que nadie recuerda cómo era eso cuando funcionaba de verdad. Repito, es el robo más caro de todos porque no te quita lo que tienes, te quita lo que podrías haber tenido. 

Este contexto histórico nos lleva a los años previos al chavismo (1958-1998) el Banco Central de Venezuela (BCV) fue una institución de enorme autoridad y prestigio. Sus informes mensuales y anuales eran unánimemente respetados por los sectores público y privado, su personal contaba con una excelente formación académica, se pagaban sueldos competitivos y la institución era reconocida como una verdadera escuela de formación de cuadros técnicos y económicos. En aquellas décadas, el BCV cumplió su rol fundamental: preservar la estabilidad monetaria, controlar la inflación y garantizar la confianza en el sistema financiero nacional. Era una economía sólida.

A partir de la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999, el BCV comenzó a perder su autonomía de manera sistemática y progresiva, pasando a depender en la práctica del Ejecutivo Nacional. La autoridad de la institución se fue diluyendo con la creciente politización de sus objetivos y la paulatina migración de su personal más cualificado hacia el sector privado o hacia el exterior. La independencia del banco central, piedra angular de cualquier economía sana, fue sacrificada en el altar de la ideología. Durante el narcoregimen de Nicolás Maduro, el BCV pasó varios años sin publicar cifras oficiales sobre el desempeño económico del país, privando a los ciudadanos y a los mercados internacionales de información esencia, por esas razones el país fue sacado del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial. Cuando finalmente retomó la publicación de datos, lo hizo de forma selectiva, omitiendo aquellos indicadores más comprometedores para el narcorégimen.

El pasado jueves se produjo un nuevo cambio en la presidencia del Banco Central de Venezuela. Laura Guerra Angulo, tía de Nicolás Maduro Guerra, hijo del tirano presidiario Nicolás Maduro Moros, renunció el martes anterior a su cargo, dejando paso a su vicepresidente, Luis Alberto Pérez González, quien asumió la conducción de la institución. El episodio no es menor: ilustra con crudeza el nivel de cooptación familiar y política al que ha sido sometida una de las instituciones más importantes del Estado venezolano. Que el banco emisor de la nación haya sido dirigido por una familiar directa del usurpador de la presidencia de la República no es un detalle anecdótico, sino una evidencia contundente del desmantelamiento institucional que ha sufrido Venezuela en las últimas dos décadas. Esa fue una de las miles de razones que esos asaltantes destruyeran y saquearan nuestra amada patria.

Este patrón de nepotismo y control político tiene consecuencias devastadoras y verificables. El BCV es hoy considerado por organismos internacionales y analistas económicos como un organismo opaco, con escasa credibilidad y nula independencia. Venezuela registra una de las inflaciones más elevadas del planeta, 600 % que en los últimos años ha alcanzado cifras de cuatro y cinco dígitos, destruyendo los ahorros de millones de familias. El bolívar ha sufrido sucesivas reconversiones monetarias, eliminando ceros para intentar disimular la magnitud del colapso, mientras el dólar continúa su avance imparable frente a nuestro Bolívar. El resultado es una economía devastada, una clase media prácticamente inexistente y una diáspora de más de nueve millones de hermanos venezolanos que han abandonado nuestro país en busca de condiciones de vida dignas.

Lo ocurrido en el BCV no es un accidente ni una fatalidad: es la consecuencia directa de un proyecto político que subordinó las instituciones del Estado a los intereses de una cúpula de asaltantes que se había robado nuestra patria. Venezuela tenía las herramientas, el talento humano y los recursos naturales para ser una nación desarrollada. Desde la cárcel del exilio analizo y concluyo que a pesar de la macro riqueza de Venezuela el saqueo sistemático de quienes convirtieron el poder público en un botín personal y ni esta institución, ni ninguna pueden resisitir tanto atropello. La historia, con su inexorable rigor, sabrá juzgar a los responsables.

Da risa cuando escuchamos algunas cifras que para algunos son algo gigantesco y yo sigo pensando que eso es mínimo para los que cada uno de esos desalmados han metido ilegalmente en su bolsillo hundiendo cada día más, A millones de venezolanos que perdieron su calidad de vida y los que nunca pudieron elevarla, acabando con el avance de generaciones enteras. Nuestro enfoque estará siempre en avanzar, en no hacer pausa y hacer esfuerzos con propósito.

¡Acción y progreso por Venezuela!



José Gregorio Briceño Torrealba 

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sábado, 11 de abril de 2026

DELCY Y SUS CUENTOS CHINOS: LA TIRANÍA NO SE AUTODESALOJA

En la desafiante y ruda realidad sociopolítica de nuestro país todo es inédito e insólito. Suceden demasiadas cosas que no por ser únicas son virtuosas, por el contrario, ha sido una cadena de hechos destructivos, insultantes y vergonzosos a los que nos han sometido estos malnacidos, el traidor mayor, hoy felizmente difunto y sus herederos. Esta chusma miente con descaro, es asombroso lo rápido que olvidan y como por arte de magia, con hacer dos o tres maquillajes al régimen, amén de que ahora son orgullosamente panas de los gringos, se creen gente de bien. Muy difícil y grande les queda ese traje bichos del infierno, que se sienten acorralados pero no renuncian al poder, se reinventan: cambian caras, reparten culpas, prometen (de nuevo) lo que jamás cumplirán y acomodan a sus fichas en los lugares donde más daño pueden hacer. Todo un cuento chino fingiendo como quien está resolviendo el problema que ellos mismos crearon. Es un teatro bastante malo y ya sabemos el final de memoria. La tiranía no se va sola señores, no se confiesa de verdad y desde luego no organiza su propio desalojo. El pasado miércoles asistimos a una función de equilibrismo político digna de las mejores tragedias griegas, aunque con el sello inconfundible del cinismo tropical. Delcy Rodríguez en un arranque de honestidad que nadie le pidió y pocos le creen, ensayó un "mea culpa" tan transparente como un muro de concreto. Al admitir errores de gestión, no solo lanzó a Nicolás Maduro debajo del autobús de la historia, sino que prometió para el primero de mayo un aumento “RESPONSABLE” de salario. La ironía se cuenta sola. Si el aumento que viene es el responsable, ¿debemos asumir que los anteriores, esos que pulverizaron el estómago del venezolano mientras ella sostenía el timón económico, fueron un ejercicio de irresponsabilidad criminal? Es el mundo al revés: la incendiaria prometiendo apagar el fuego con una jeringa de agua, mientras culpa al fósforo por haberse encendido. Pero el guion de la narcodictadura no aguanta un día de calle. Mientras Delcy ensayaba su cara de preocupación social, Venezuela respondía con dignidad. La marcha nacional por salarios justos el día siguiente fue la bofetada de realidad que el régimen intentó silenciar con su receta de siempre. En Caracas, la humanidad del proceso se resumió en ancianos rociados con gas pimienta y periodistas atropellados. Es conmovedor ver cómo un gobierno que se dice "obrerista" asfixian a los abuelos que entregaron su vida al país y que hoy no tienen ni para un blíster de hipertensivos. Para cerrar la semana con broche de oro negro, la Asamblea Nacional terminó de blindar el búnker de la impunidad. La designación de Larry Devoe como Fiscal General no es un error de currículum, es una declaración de guerra a la justicia. Hablemos claro: Devoe no es un fiscal, es un maquillador de expedientes. Sin trayectoria en la investigación penal ni rastro de autonomía, este es cuadro del PSUV y ficha incondicional de Delcy Rodríguez, ha pasado años perfeccionando el arte de la mentira cínica ante la ONU y la CIDH. Su especialidad es negar lo evidente: las torturas, los presos políticos y la violación sistemática de derechos humanos. Colocar a Devoe al frente de la vindicta pública es como poner al lobo no solo a cuidar a las ovejas, sino a redactar el código de ética del rebaño. Su paso por estructuras como SUNACRIP y la CVG, nidos de la corrupción más rampante, lo avalan no como un jurista, sino como un operador político de alto calibre diseñado para garantizar que la justicia en Venezuela siga siendo un mito. Mi análisis es crudo porque la realidad no admite matices: la narcodictadura se está compactando nuevamente. Con estas designaciones, el régimen no busca gobernar, busca sobrevivir a cualquier costo. Si la comunidad internacional y específicamente los americanos, no abandonan la política de la contemplación y ponen un freno real, lo que viene no será una transición, sino una mutación hacia un narcoregimen más hermético yferoz que el de Maduro. No hay elecciones en el horizonte cercano porque los tiranos no suelen organizar su propio desalojo voluntariamente. La normalización es la trampa de los ingenuos. Pensando desde la cárcel del exilio ¿Qué nos queda? La tarea no ha cambiado pero el sentido de urgencia sí. Los venezolanos tenemos el deber sagrado de fortalecer nuestras organizaciones políticas, de no ceder el espacio público y de seguir presionando hasta que el costo de mantener la narcodictadura sea mayor que el de entregar el poder. La libertad no será un regalo de Delcy ni una concesión de sus fiscales de bolsillo, será, como siempre, el resultado de una presión que ellos ya no puedan gasear. Prohibido claudicar. Todo puede cambiar para bien de los venezolanos, para peor es imposible, sigamos con la mirada y los hechos confiando en el proceso iniciado por el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, sin duda en medio de todo, un alivio inmenso y el marco para mejores noticias y hechos. Sin pausa, seguimos organizándonos para la reconstrucción necesaria. ¡Acción y progreso por Venezuela!
José Gregorio Briceño Torrealba
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sábado, 4 de abril de 2026

MONAGAS: CRÓNICA DE UN DESMANTELAMIENTO ANUNCIADO

El plantel de infraestructura de un país da cuenta del avance, del progreso y del respeto de un gobernante por el pueblo que le entregó la responsabilidad  de construir sus beneficios para mejorar día a día su calidad de vida.

Construir no es solamente poner ladrillos y concreto,  hay que tener

visión, vocación de servicio, un plan basado en el clamor de cada sector y sobre todo, tener presente que eres un servidor público. Destruir lo que otros construyeron bajo esas premisas mencionadas, en cambio, es sorprendentemente fácil. No requiere planificación, ni inteligencia, ni siquiera mala intención declarada (que en el caso de la mafia heredera del traidor mayor, hoy felizmente difunto si la hubo): basta con la combinación mortal de incompetencia y poder sin rendición de cuentas. El verdadero crimen no siempre está en lo que se roba con las manos, sino en lo que se deja caer a pedazos mientras no hay supervisor consciente a su alrededor. Porque hay una desidia que es tan destructiva como el saqueo, y es la de quien recibe una herencia de esfuerzo ajeno y la convierte en escombros sin el menor remordimiento. Esta crónica de un desmantelamiento anunciado es una orden expresa del partido que nos mal gobierna desde hace más de un cuarto de siglo, así como se lee, sin tapujos.

Esta semana recibí unas fotografías de las instalaciones de Obras Públicas del estado Monagas que me dejaron un nudo en la garganta. Lo que ví no es descuido accidental ni el desgaste natural del tiempo: es la evidencia más cruel de una pobreza mental absoluta erigida en política de Estado. Una mezcla de impotencia y tristeza profunda que no se puede callar.

Hay gente que definitivamente tiene un rancho en la cabeza y esa gente se dedicó con empeño, casi con orgullo, a demoler lo que con tanto esfuerzo, visión y sacrificio construimos entre 2004 y 2012. No fue la naturaleza. Fue la desidia disfrazada de gobierno.

Lo que tomó años construir, bastó una gestión para convertirlo en escombros.

Arrasaron con las maquinarias. No dejaron un solo vehículo operativo para las inspecciones de campo. Las oficinas parecen zona de guerra. Y los obreros, esos trabajadores que sudan la camiseta y sostienen con sus manos la infraestructura del estado, llevan una década esperando la dotación de uniformes. ¡Diez años de abandono institucional! Eso no es negligencia: eso es desprecio.

Hay que reconocerle un mérito peculiar al gobernador Ernesto Luna: su juventud trajo energía renovadora, sí, pero toda esa energía la canalizó hacia la destrucción. Llegó al poder con la promesa del cambio generacional y entregó, en cambio, una gestión que haría sonrojar a cualquier administrador medianamente responsable.

¿Sala de proyectos? Eliminada.

Se producían los proyectos menores, del día a día, y algunos de mediana envergadura, mientras que los proyectos de mayor alcance se encomendaban a profesionales con excelentes credenciales. Porque para qué planificar el futuro cuando se puede vivir del caos, de la improvisación y en retroceso. ¿Plan Salud? Borrado del mapa. Ese beneficio que protegía a nuestros trabajadores y a sus familias, que les garantizaba atención en las mejores clínicas, hoy es solo un recuerdo amargo de cuando el empleado público era tratado con dignidad y respeto.

Qué capacidad tan asombrosa la de esta gestión para convertir el progreso en arqueología. No hacía falta un terremoto, no hacía falta un huracán, no hacía falta ninguna catástrofe natural para dejar a Monagas en el suelo. Solo hacía falta que llegara este liderazgo para que el óxido, la desidia y la incompetencia hicieran el resto. ¡Un aplauso cerrado para la eficiencia en reversa!

Desde 2012, lo que cayó sobre Monagas no fue una bendición renovadora sino una maldición política. Lograron lo imposible: que el estado más pujante del oriente venezolano, dotado de recursos naturales, de talento humano y de infraestructura, se convirtiese en un monumento a la desolación y al abandono.

Ernesto Luna, pasaste de ser una expectativa joven a ser la peor desgracia histórica que ha conocido el estado Monagas en tiempos recientes. No se gobierna con fotos en redes sociales. No se administra un estado con poses y declaraciones mientras las bases de la institución se caen a pedazos. La gerencia pública exige presencia, compromiso y resultados. Ninguna de las tres ha sido tu sello.

Y no podía esperarse nada diferente de quien se llenaba de orgullo al proclamarse hijo político de Yelitza Santaella y Diosdado Cabello: dos figuras que, donde pusieron la mano, dejaron ruinas y desastre, es que el chavismo todo tiene ese don anti Midas. Esa fue la escuela, esa fue la herencia y eso es exactamente lo que hoy padece Monagas.

Lo que aún queda en pie de las grandes obras que realizamos durante nuestra gestión es el testimonio silencioso de lo que fue posible cuando hubo voluntad, planificación y honestidad: el Estadio Monumental, el Distribuidor del Bajo Guarapiche, las autopistas La Vinotinto y la del frente de la Cascada. Obras que resisten, no porque el tiempo las haya respetado, sino porque fueron hechas con verdadero sentido de Estado.

Mientras tanto, la sede de la Universidad Simón Rodríguez está en extremo deteriorada. El terreno de la Ciudad Hospitalaria permanece enmontado. La autopista alterna a la Avenida Alirio Ugarte Pelayo, la Variante Norte, cubierta de maleza. Y la Torrefactora de Caripe, desmantelada a pesar de haber sido dejada con un 92% de avance, esperando una inauguración que nunca llega porque la ineptitud de estos mequetrefes no tiene límites, ni vergüenza. Monagas se merece un gobierno a la altura de su gente, de sus recursos y de su historia. Lo que hoy existe es una afrenta a todo eso. Y mientras haya quienes recuerden lo que fue posible construir, habrá también quienes exijan que se rinda cuenta por lo que fue destruido.

La vía troncal 10 tramo Maturín/ Caripito en el último estado de abandono, nunca se llevaron a cabo avances según el anteproyecto de la autopista perimetral Este, sentido Norte-Sur saliendo directo a la vía al sur (misma troncal 10, unos 15 kilómetros más adelante) para sacar flujos innecesarios dentro de la ciudad, mucho menos la continuación de la autopista La vinotinto porque obviamente sus acciones solo estan llevadas por el odio y no podían darle continuidad a una obra tan maravillosa iniciada durante mi gestión.

No puedo dejar pasar por alto la "política agroindustrial" del gobernador actual, la cual se caracteriza por la desaparición del parque agroindustrial, como muestra, allí mismo en la capital, parroquia Boquerón están los silos de El Zorro, de los cuales no quedan sino ruinas, una instalación que recibía granos de todo el estado y era eslabón importante en el auge productivo del oriente venezolano.

Continuar con este inventario del desastre sería extendernos demasiado, pero cada barrio que ha vivido a punta de pintura, un brocal aquí, y una acera allá sin tener cubiertas sus necesidades básicas de servicios, tiene su propio listado de abandono, falta de atención y cobrarán eso más temprano que tarde .

Ya no les queda tiempo para enmendar este atraso, les costará demasiado hacer una campaña basada en gestión de gobierno, serán recordados eternamente por tanta ineptitud.

Nosotros , orgullosos de lo que hicimos, seguimos la ruta del regreso de la democracia a nuestra amada patria.

¡Acción y progreso por Venezuela!



José Gregorio Briceño Torrealba 


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