sábado, 7 de febrero de 2026

LEY DE AMNISTIA: BODRIO DEL CIRCO NARCOCHAVISTA

"Piensa mal y acertarás". Este refrán español pareciera haber sido creado para referirse a todo lo que la narcodictadura promueve, inventa y dice. Se han ganado a pulso esta falta de credibilidad y total desconfianza durante muchos años. ¿Por qué íbamos a pensar que esta tan demandada por los venezolanos de bien, necesaria para hacer justicia, Ley de Amnistía, es ahora supuestamente una iniciativa de estos degenerados? La verdad qué desfachatez intentar que parezca como un gesto de generosidad de estos nefastos herederos del traidor mayor, hoy felizmente difunto, justamente cuando la nueva "alta jerarquía chavista" está súper presionada por el gobierno norteamericano a raíz de los hechos sobrevenidos desde el 3 de enero pasado. De lo que si estamos seguros es de que no van a dejar de hacer show y meter sus artimañas  durante la discusion y aprobación para no perder la costumbre de sus acostumbradas maniobras políticas. 

Recientemente he recibido cientos de llamadas solicitando mi opinión sobre la pintoresca Ley de Amnistía que pretenden aprobar los representantes de lo que queda, y créanme, queda muy poco, de la narcodictadura venezolana. Sí, esa misma narcodictadura que con admirable dedicación ha perfeccionado el arte de convertir un país próspero en un museo de horrores.

Obviamente no se puede esperar mucho en realidad, no se puede esperar nada de quienes han destruido sistemáticamente todo un país y han secuestrado cada una de las instituciones que ahora obedecen sus órdenes como marionetas bien entrenadas. Estos mismos personajes cuyos cuerpos de seguridad han asesinado o ejecutado a más de 10,000 personas bajo sus propias órdenes, según el demoledor informe de la ONU. Miles de presos políticos languideciendos en mazmorras, otros tantos con causas abiertas o procesados bajo la consigna del silencio perpetuo.

¡Ah, pero qué generosos son! Ahora resulta que quieren otorgar amnistía. La ironía es tan deliciosa que casi se puede saborear.

A todo aquel que disiente de la narcodictadura le inventan expedientes con delitos tan creativos como inverosímiles: terrorismo, traición a la patria, asesinatos y pare usted de contar. Es como un menú de restaurante pero en lugar de platos, ofrecen acusaciones fabricadas al gusto del cliente, perdón, de la víctima.

Jorge Rodríguez ese portavoz de la elocuencia autoritaria, informó en una rueda de prensa el pasado miércoles, con la solemnidad de quien anuncia el descubrimiento de la penicilina, que todo aquel que celebró, apoyó o simplemente respiró con alivio la extracción del extranjero Nicolás Maduro, queda automáticamente excluido de la Ley de Amnistía.

O sea, estimados lectores, que aproximadamente el 90% de los venezolanos quedaríamos excluidos de tan “generosa” gracia. Y permítanme confesarles algo: estaría profundamente orgulloso de que esos crueles criminales me excluyeran de semejante farsa legislativa. Me sentiría honrado de no necesitar el perdón de quienes deberían estar pidiendo perdón de rodillas ante todo un pueblo.

Porque estoy absolutamente convencido y lo he venido escribiendo durante 13 años con la terquedad de quien conoce la historia,que estos personajes saldrán del poder exactamente como lo he predicho: con drones, misiles y pólvora. O mejor dicho, tal como salió Maduro: empacado, etiquetado y exportado.

Desde mi punto de vista ya están completamente desnudos. Y no es un espectáculo agradable, se los aseguro.

Se cansaron de jactarse, de pavonearse ante las cámaras proclamando que tenían radares y defensas antiaéreas ultramodernas. Rusos, chinos, iraníes, todo el catálogo del armamento internacional estaba supuestamente a su disposición. A los gringos, según sus bravuconadas, los harían “ver un infierno”. Los legendarios aviones Sukhoi, esas maravillas de la ingeniería soviética que tanto presumían, resultaron ser más decorativos que funcionales: ni siquiera encendieron sus motores. Ni un rugido. Ni una chispa. Nada. Los 4.5 millones de milicianos que juraban defender la patria con sangre y fuego sufrieron un conveniente y simultáneo ataque de amnesia colectiva. No apareció ni uno. Ni uno solo. Desaparecieron más rápido que la gasolina subsidiada. Esos guerreros de opereta que tanto ardor patriótico demostraban en los desfiles resultaron tener compromisos urgentes ese día. Quizás una cita con el dentista. O simplemente sentido común.

Y los famosos 5,000 misiles Igla-S que supuestamente iban a incendiar los cielos y convertir cualquier agresión en un apocalipsis. Bueno, parece que se quedaron guardados en algún almacén, probablemente cubiertos de polvo y telarañas, esperando una guerra que nunca quisieron pelear. Ah, pero el espectáculo más memorable lo protagonizó el guapo de El Furrial, Diosdado Cabello, ese coloso de la arrogancia y la prepotencia, ese monumento viviente a la fanfarronería tropical. Juraba y rejuraba con su habitual delicadeza diplomática, la misma que tiene un toro en una cristalería, que si los gringos se atrevían a entrar, no saldrían vivos. Que si Venezuela sufría una agresión, no dejarían sacar ni un solo barril de petróleo de este suelo sagrado.

¿Y qué pasó? Exactamente lo contrario. Como siempre. Como era de esperarse.

Los valientes resultaron ser bravucones de cartón. Los invencibles se revelaron como simples mortales con micrófono. Las amenazas se desvanecieron como humo en el viento. Después de todo lo antes expuesto, permítanme responder a todos mis amigos, compañeros, hermanos y paisanos. Antes del 3 de enero no creíamos en nada. Se estaba perdiendo la esperanza, ese bien tan escaso en estos tiempos. Pero en apenas un mes, Maduro y Cilia están siendo procesados internacionalmente. Ellos, que se presentaban como imbatibles, como dueños eternos de Venezuela, como los faraones del siglo XXI.

Desde la cárcel del exilio podemos afirmar con toda firmeza a todos los venezolanos que vamos a regresar, con o sin Ley de Amnistía. Vamos a recuperar nuestras instituciones y por ende, nuestra democracia. Ya en todos los estados del país se han activado los partidos políticos y la sociedad civil. El gigante dormido despertó y tiene hambre de libertad. Extraoficialmente tenemos información que dentro de unos meses se van realizar las elecciones presidenciales y a la Asamblea Nacional. Será el primer paso para desmontar y liberar el secuestro de todas las instituciones y seguir adelante.

Esta “Ley de Amnistía” no es más que otro capítulo patético en el circo de la narcodictadura. Un intento desesperado de controlar lo incontrolable, de perdonar lo imperdonable, de blanquear lo que nunca será blanco. Pero ya es tarde. Demasiado tarde. El pueblo venezolano ya no necesita su amnistía. Lo que necesitamos es justicia. Y esa, tarde o temprano, siempre llega.

Cada día que pasa tenemos más fuerzas para afrontar la tan esperada y merecida recuperacion de nuestras libertades, nuestro amado país. Meter el pecho a recomponer lo que aún tseavrecuperable o iniciar nuevos proyectos sin bajar la guardia de los agazapados qué tratan de ganar tiempo.

Acción y progreso, ¡ todos por Venezuela !


Jose Gregorio Briceño Torrealba 

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sábado, 31 de enero de 2026

JUGADA MAESTRA- CONTROL Y TUTELAJE DE EEUU A VENEZUELA

Es muy común y más en estos días, escucharnos diciendo que vamos a reconstruir a nuestra tan golpeada Venezuela, pero ¿cómo se reconstruye un país?. Sabiendo que el monstruo de la dictadura y su estructura destructora, sus tentáculos siguen allí, ¿por donde se empieza?, obviamente los programas de gobierno sobran , hay planes de todo tipo, pero nos estaba haciendo falta un árbitro que de alguna forma canalizara la recomposición de la democracia, esto ha sido así en países que han sufrido bajo regímenes autoritarios. Visto retrospectivamente todo esfuerzo ha sumado, a cuentagotas, además la presión sostenida ha sido una herramienta efectiva para impulsar el cambio. 

En los actuales momentos siento que tenemos más de lo que esperábamos, ese lazarillo que nos guía y nos ayuda a retomar el camino es una bendición adicional inesperada. Así mismo, debemos entender que retomar el timón para enfilar hacia la democracia es un proceso en constante evolución y que la lucha por la libertad y la justicia es un camino sin vueltas. 

De tantos hechos recientes que son increíblemente alentadores, hay algunos sin desperdicio, como por ejemplo la comparecencia de Marcos Rubio ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, esto no fue un trámite diplomático más. Fue en realidad, la presentación de una estrategia meticulosamente diseñada que marca un punto de inflexión en la crisis venezolana. Por primera vez en años, Washington no solo habla de presión: habla de control, plazos concretos y condiciones innegociables. Y lo más revelador: el régimen que ha desafiado sanciones, aislamiento y condenas internacionales durante más de una década, ahora no tiene más opción que COOPERAR BAJO TUTELA, si quiere sobrevivir.

La declaración de Rubio sobre Delcy Rodríguez no es un simple comentario al pasar. Es una señal política de alto voltaje. Que Estados Unidos declare públicamente que no es permanente equivale a firmar su acta de defunción política. Washington está enviando un mensaje inequívoco tanto al régimen como a sus aliados internacionales: la arquitectura de poder que sostuvo al chavismo ya no es negociable.

Esta no es una victoria simbólica. Es el desmantelamiento sistemático de la cúpula que ha protegido los activos ilícitos del régimen, que ha negociado con potencias adversarias a Estados Unidos y que ha convertido a Venezuela en un santuario para el crimen organizado transnacional. Rubio fue brutalmente claro en un punto que marca toda la diferencia: para el régimen venezolano, cooperar con Estados Unidos ya no es una opción estratégica ni un gesto de buena voluntad. Es literalmente, una cuestión de supervivencia. Esta es la primera vez en la historia reciente que Washington logra poner al chavismo contra las cuerdas de forma tan efectiva que la única salida viable es la obediencia. ¿Qué significa esto en términos prácticos? Que el régimen ha agotado sus márgenes de maniobra. Las sanciones han funcionado. El aislamiento ha funcionado. La presión internacional sostenida ha funcionado. Y ahora con una administración estadounidense decidida a llevar esto hasta sus últimas consecuencias, Caracas no tiene plan B. No hay más aliados dispuestos a rescatarlos económicamente. Una de las revelaciones más sorprendentes de la audiencia fue la confirmación de que el régimen venezolano recibirá fondos de Estados Unidos. Pero aquí está el detalle crucial que cambia todo: esos recursos estarán bajo un control minucioso y permanente de Washington. No habrá un solo dólar que se mueva sin que Estados Unidos sepa exactamente a dónde va, quién lo recibe y para qué se utiliza. Esta es una jugada maestra de ingeniería política. Estados Unidos no está rescatando al régimen; está humillándolo. Está creando una dependencia tan profunda que cada decisión económica del interinato deberá pasar por el escrutinio y la aprobación de Washington. Los fondos, según Rubio, estarán destinados a ayudar directamente al pueblo venezolano. Esto significa programas sociales, ayuda humanitaria, reconstrucción de servicios básicos pero todo bajo supervisión estadounidense. El régimen no podrá desviar esos recursos hacia sus redes clientelares, no podrá utilizarlos para fortalecer su aparato represivo, no podrá esconderlos en cuentas offshore. Cada centavo será rastreado, auditado y controlado. Las grandes corporaciones estadounidenses no van a arriesgar miles de millones de dólares en un país donde los contratos se rompen por decreto, donde la propiedad privada puede ser expropiada de la noche a la mañana y donde el sistema judicial es un instrumento del poder político. Quieren ver reformas reales, instituciones confiables y un horizonte de estabilidad.

Al régimen se le está diciendo: si quieren que vuelva la inversión, que se reactive la economía, que regresen los empleos y que Venezuela salga del abismo, tienen que crear las condiciones para que eso sea posible. Y esas condiciones pasan, inevitablemente por ceder poder político, abrir espacios democráticos y permitir que la oposición participe en condiciones de igualdad. La liberación de presos políticos es, según Rubio, un proceso que continuará. El Secretario de Estado admitió que el ritmo no es el que él quisiera, lo cual es una forma diplomática de decir que Estados Unidos está ejerciendo presión constante pero el régimen está resistiendo todo lo que puede.

Es un nivel de control sin precedentes. Estados Unidos está básicamente actuando como garante de los derechos humanos de los opositores venezolanos, enviando un mensaje claro al régimen: cada abuso será documentado, cada violación tendrá consecuencias. Quizás el elemento más innovador y potencialmente efectivo de la estrategia estadounidense son los plazos trimestrales que mencionó Rubio: evaluaciones cada tres, seis y nueve meses. Para cada periodo debe haber mejoras sustanciales. Esta estructura temporal cambia completamente la dinámica de la negociación. El régimen ya no puede simplemente hacer gestos simbólicos, liberar a un par de presos, hacer promesas vagas y ganar tiempo. Ahora tiene que demostrar avances concretos, medibles y verificables cada tres meses, como ya se está viendo con el decreto de Ley de amnistía a presos políticos y el cierre del centro de torturas más grande y cruel del hemisferio. Y si no lo hace, las consecuencias serán inmediatas.

Rubio no retiró la amenaza militar de la mesa. Al contrario, la reafirmó pero con una matización importante: Estados Unidos espera que no sea necesario utilizarla. Esta es una formulación clásica de la diplomacia coercitiva: mantener la opción militar disponible y creíble pero condicionar su uso al fracaso de las alternativas políticas y económicas. Para que esta amenaza funcione, debe ser creíble. Y en el caso de Venezuela, con una administración estadounidense particularmente agresiva en política exterior, con un Secretario de Estado que ha hecho de Venezuela su causa personal durante años y con un régimen en su punto más débil en décadas, la amenaza es absolutamente creíble. El régimen venezolano sabe que si todas las demás opciones fracasan, si la cooperación no produce resultados, si la transición política se estanca, Estados Unidos tiene la capacidad, la voluntad y la justificación para actuar militarmente.

Que Marco Rubio declare que María Corina Machado goza del respeto y el apoyo de Estados Unidos es un cambio radical en la ecuación política venezolana. La líder opositora, inhabilitada, perseguida, acosada, impedida de ejercer sus derechos políticos, ahora tiene el respaldo explícito de la mayor potencia del mundo. Esto convierte a María Corina en un factor político innegable. Y eso cambia todo el cálculo político.

 La visión que presentó Rubio es ambiciosa pero clara: una Venezuela donde todos los sectores políticos estén representados, donde la oposición no solo participe sino que pueda ganar y tomar el poder, donde los millones de venezolanos que salimos del país puedan considerar regresar y donde eventualmente se alcance una reconciliación nacional. Este es el objetivo final. No es simplemente cambiar al régimen. No es solo sacar a Maduro del poder. Es refundar Venezuela sobre bases democráticas, reconstruir el tejido social destrozado por más de dos décadas de chavismo y crear las condiciones para que el país recupere su lugar en el concierto de naciones latinoamericanas. Rubio tenía razón en un punto fundamental: nunca antes habíamos estado en una mejor posición para lograr una Venezuela libre. La convergencia de factores es única: un régimen debilitado hasta el extremo, una oposición internacional cohesionada, una administración estadounidense completamente comprometida con el cambio, un plan concreto con plazos y consecuencias claras y una presión sostenida que está produciendo resultados tangibles. Desde la carcel del exilio respiro profundo y veo con certeza que estamos potencialmente ante el principio del fin. Estados Unidos ha entendido que Venezuela es una prioridad estratégica, ha decidido y diseñado un plan para forzar un cambio político y está ejecutando ese plan con una determinación que no habíamos visto antes.

El régimen venezolano está atrapado en una trampa de la que no hay salida fácil. Puede cooperar y ceder poder gradualmente hasta desaparecer, o puede resistir y enfrentar un colapso acelerado. No hay tercera opción. La era del chavismo está entrando en su fase terminal y esta vez, el desenlace parece inevitable, la resistencia hasta ahora ha sido casi nula. La pregunta ya no es si el régimen caerá, sino cuándo y cómo. Y gracias a la estrategia presentada por Rubio, por primera vez en años, tenemos un cronograma concreto. Seguimos con pie de plomo, alertas al tiempo que esta por venir y a los detractores de nuestra merecida libertad.

Acción y progreso, ¡ todos por Venezuela !


Jose Gregorio Briceño Torrealba 

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sábado, 24 de enero de 2026

EL SAPO MAYOR -  EL MAZO ALIADO DEL IMPERIO


Sin lugar a dudas desde el 3 de enero 2026, hemos visto cosas insólitas en nuestro país, no tanto que ya es bastante, ver el milimétrico y exitoso operativo en el cual las fuerzas militares de Estados Unidos lograron extraer y llevar a Nicolás Maduro y a su esposa/cómplice y cerebro de innumerables delitos, Cilia Flores ante una corte en Nueva York, si no los sucesos posteriores en los cuales nos quedamos boquiabiertos segundo a segundo observando el cambio radical que han tenido los pranes  del PSUV, sus jerarcas, todos guapetones de barrio, eso sí nos tiene estupefactos, ver cómo esa gentuza, dignos herederos del traidor mayor, hoy felizmente difunto, aunque quieran hacer un teatro saben que lo sucedido le cambia el panorama a toda nuestra situación política. Como dicen los investigadores ante casos complicados, se puede pensar que todos son sospechosos ya que están en el momento justo en el que todos se miran y se preguntan quién fue el que vendió a la pareja dictatorial. Hay algunos personajes mas patéticos que otros y que actúan con su mejor máscara de preocupados, de afligidos y resteados para recuperar a "su presidente" pero lo cierto es que sabemos que es una farsa para no ser tan obvios ante sus camaradas. Las calles están sospechosamente vacías de sus convocatorias masivas, uno que  otro grupo de vecinos cuidando su caja de CLAP o algunos empleados públicos qué hacen el teatro, pero que saben que ya en Venezuela algo de fondo cambió para siempre.

La agencia de noticias Reuters, fundada en 1851, ostenta una reputación de independencia y credibilidad que ha sobrevivido a guerras mundiales, revoluciones y el nacimiento del internet. Durante más de 170 años, esta institución se ha caracterizado por no divulgar información sin verificarla exhaustivamente. Expandió sus servicios a radio, televisión y plataformas digitales, consolidándose como uno de los proveedores de información más confiables del planeta. Cuando Reuters habla, el mundo escucha. Y vaya si el mundo está escuchando ahora.

El pasado fin de semana, esta venerable agencia reveló algo que haría sonrojar hasta al mismísimo Judas Iscariote: miembros de la administración de Donald Trump habrían entablado diálogos con Diosdado Cabello Rondón meses antes de la operación que terminó con la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero. Según las fuentes consultadas, Cabello emerge ahora como el primer sospechoso de vender y traicionar a quien fuera su comandante supremo. Qué hermoso ejemplo de lealtad bolivariana.

Pero la ironía no termina ahí. Las mismas fuentes informaron a Reuters que estas comunicaciones se han mantenido activas incluso después de la operación. Aparentemente, el capo del Furrial ahora se encuentra en una posición bastante incómoda: implorándole a los estadounidenses que por favor, por el amor de Dios (o del diablo, según corresponda) le quiten esa molesta recompensa de 25 millones de dólares que pesa sobre su cabeza. ¿Su argumento? Que él contribuyó decisivamente al éxito de la captura de su antiguo jefe. Nada es más revolucionario hasta la médula que negociar con el imperio por unos cuantos millones menos en tu cabeza.

Reuters también señaló que representantes estadounidenses advirtieron directamente a Cabello que se abstuviera de emplear sus aparatos de seguridad o militantes partidistas para arremeter contra los sectores de la oposición. Uno imagina la escena: el temido hombre fuerte del chavismo recibiendo órdenes como un alumno regañado en la oficina del director. Sí, señor. No, señor. Lo que usted diga, señor. Tanto discurso antiimperialista para terminar tomando dictado desde Washington.

El seguimiento de estas conversaciones revela que el contacto habría comenzado en los primeros días del actual mandato de Donald Trump. Es decir, mientras Cabello juraba lealtad eterna a la revolución bolivariana en público, en privado ya estaba pasando números de teléfono como adolescente enamorado del imperio que tanto dice detestar.

Y aquí viene lo verdaderamente delicioso: quien lo ve en su programa de televisión, ese espectáculo llamado Con el Mazo Dando que ahora lo ha rebautizado Con el Mazo Adentro. Hablando de lealtad inquebrantable a la revolución, resultó ser su primer traidor. Merece un Oscar, o mejor aún, un premio a la hipocresía más descarada del siglo XXI.

Definitivamente estamos ante un verdadero demonio político. Diosdado Cabello representa ese aborto moral desviado y atrapado en las redes del poder absoluto que corrompe absolutamente.

Todo hombre sin principios que ocupa cargos de poder termina inevitablemente convirtiéndose en una quinta columna destinada al basurero de la historia. Y qué irónico es que precisamente quinta columna sea el término que el chavismo tanto ha usado para describir a sus opositores. Resulta que la verdadera quinta columna estaba dentro de casa, sentada en el sillón del poder, con micrófono en mano, repartiendo amenazas y discursos revolucionarios cada semana mientras negociaba su propia supervivencia a espaldas de todos.

La historia tiene un sentido del humor macabro. El hombre que se presentaba como el guardián más feroz de la revolución, el que amenazaba con “el mazo” a diestra y siniestra, el que juraba lealtad eterna a Chávez y Maduro, resulta ser el arquitecto de la caída de su propio régimen. Si esto fuera una obra de Shakespeare, hasta el dramaturgo inglés la consideraría demasiado obvia.

Quedan las preguntas incómodas: ¿Cuántos otros “leales revolucionarios” están haciendo colas para negociar con el imperio? ¿Cuántos más están dispuestos a cambiar sus principios por inmunidad? ¿Cuántos discursos antiimperialistas más tendremos que soportar de personas que tienen el número directo de la Casa Blanca en marcación rápida?

La revolución bolivariana, al parecer, no murió combatiendo al imperio. Murió negociando con él. Y el epitafio lo escribió el mismo hombre que juraba defenderla hasta la muerte, resultó siendo el sapo mayor, el mejor patriota cooperante del imperio. Con el mazo adentro, efectivamente.

Desde la cárcel del exilio creo que no hay que ser analista especializado para saber que esta jugada maestra tiene otros pasos que se Irán hilando y entenderemos por qué pasaron las cosas como están pasando. Como siempre no cesamos en nuestro empeño por erradicar el comunismo donde quiera que esté, así lo hago y exhorto a quienes me rodean y me siguen a que lo ataquen lo denuncien y luchen después desaparecerlo.

Pronto nos veremos en los maravillosos escenarios de nuestro país.

Acción y progreso, ¡ todos por Venezuela !


Jose Gregorio Briceño Torrealba 

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sábado, 17 de enero de 2026

NUEVA ERA DE JUSTICIA Y PROGRESO  LIBERTAD A LA VISTA



No podemos negar que aunque teníamos la fe, la esperanza, la mirada y los suspiros puestos en las acciones del gobierno norteamericano, a todos nos tomó  por sorpresa la forma en la que inició el principio del fin del Chavismo, una grata sorpresa que ha generado múltiples opiniones a lo largo y ancho del planeta, una de las mejores noticias que hemos recibido, una mega sorpresa que es definitivamente una bendición.  Los detalles , los intrínculis pierden importancia ante el hecho de dar paso a la liberación a un país entero. Estamos acostumbrados y hemos sido forjado por nuestra historia a que el camino no es fácil y tampoco lo serán los próximos tiempos, pero que nadie nos quite esta alegría, que nadie perturbe nuestra felicidad por sentir que una nueva era de libertad comienza para nuestra amada Venezuela. 

Qué manera tan deliciosa de comenzar el año ¿verdad? Respirando, al fin, esos codiciados “aires de libertad” que tanto anhelamos durante años. El pasado 3 de enero quedará inscrito con letras doradas en los anales de nuestra gloriosa historia patria, justo al lado de aquellas otras fechas memorables. Ese día capturaron al extranjero prófugo de la justicia internacional, ese terrorista y narcotraficante que, con la sutileza de un elefante en una cristalería, había secuestrado todo un país. Un país que, por cierto, él y su pintoresca banda de hampones se dedicaron a saquear con el entusiasmo de piratas en su primer abordaje, destruyéndolo casi en su totalidad. Casi, porque todavía quedamos algunos testigos para contarlo.

La operación quirúrgica ejecutada por el gobierno norteamericano para atrapar a los fugitivos Nicolás Maduro y su encantadora esposa, la “esdientada” Cilia Flores, fue comparable a una producción cinematográfica. Una verdadera clase magistral de humildad forzosa para aquellos prepotentes y soberbios criminales que ya se creían dioses del Olimpo caribeño, intocables, invencibles, inmortales. Cinco meses de despliegue militar en el Caribe para que la realidad, esos salvadores aguafiestas impertinentes les pasaran la factura más abultada de sus vidas a estos “SÚPER REVOLUCIONARIOS”. Porque resultó que los gigantes eran de barro. Barro barato, por cierto. Y aquí viene lo verdaderamente cómico: catorce días después de esa heroica acción, los radares de “última generación” todavía no han reaccionado. Quizás estén en modo ahorro de energía, quién sabe. Es para morirse de risa o de vergüenza ajena, recordar la verborrea incontinente sobre esas grandes defensas antiaéreas rusas, chinas, iraníes que iban a convertir nuestros cielos en un infierno para cualquier invasor. Los legendarios aviones Sukhoi, esas maravillas de la ingeniería soviética, no encendieron ni sus motores. Chatarra rusa con bandera venezolana, nada más. Los 4.5 millones de milicianos que juraban defender la patria con sangre y fuego sufrieron un conveniente ataque de amnesia colectiva: no apareció ni uno. Ni uno solo. ¿Y los famosos 5,000 misiles Igla-S que iban a “incendiar los cielos”? Ah, esos. Resulta que los milicianos los reconvirtieron para cazar palomitas y paliar el hambre. Innovación criolla en su máxima expresión. La “furia bolivariana” se transformó en caballo capón: puro relincho y peo, flatulencia ideológica. El guapo del Furrial, Diosdado Cabello, ese coloso de la arrogancia y la prepotencia, juraba y rejuraba con su habitual delicadeza diplomática que si los gringos entraban, no salían vivos y que si Venezuela sufría una agresión, no sacarían ni un barril de petróleo. Bueno, ya vimos cómo terminó ese sainete.

Pero lo más revelador, lo que quedó demostrado ante la historia y ante el mundo que observaba con una mezcla de asombro y bochorno, es que éramos una simple provincia cubana. Sí, señores, una colonia del siglo XXI con Internet y todo. Cuando reconocieron la muerte de los 32 cubanos en el primer anillo de seguridad, esos supuestos “superhéroes” de las Avispas Negras que fueron fumigados como cucarachas en una cocina sucia, quedó clara nuestra gloriosa soberanía.

Ahora pregunto, con toda la inocencia del mundo: ¿cómo quedaron las Fuerzas Armadas venezolanas ante el planeta, cuando se supo que su comandante en jefe estaba protegido por un ejército extranjero? ¿Esa es la soberanía y el nacionalismo que nos vendieron a precio de oro durante tanto tiempo? ¿Esos son los patriotas y defensores del gentilicio venezolano? ¿Quiénes son, en realidad, los traidores a la patria? Las preguntas se responden solas, pero por si acaso: apenas con unas simples investigaciones que ya se han llevado a cabo, sabemos que los cubanos nos robaron más de 100,000 millones de dólares en petróleo y derivados. Y eso sin meter en la cuenta otros “negocios”. Hermandad revolucionaria, le llaman. Lo primero que hizo nuestro flamante segundo libertador, Donald Trump, junto a Marco Rubio, fue cerrar la llave del grifo petrolero hacia Cuba. Y miren qué milagro: ya están disminuyendo las colas interminables en las bombas de gasolina que perdían horas y días. El pueblo venezolano sufre menos porque, sorpresa, toda nuestra gasolina se la llevaban los “hermanos” cubanos. Solidaridad internacionalista en acción. El bloqueo no estaba en Washington, si no en Cuba.

Todo este quiebre histórico, este terremoto político que todavía hace temblar los cimientos, es fruto de la posición firme y corajuda de María Corina Machado, quien se convirtió en el nervio mismo de la patria. El pasado jueves se produjo el gran encuentro entre ella y Donald Trump y como gesto de agradecimiento eterno, le regaló la medalla del Premio Nobel de la Paz en nombre de todos los venezolanos. Por la libertad, claro. Porque ahora sí, ahora de verdad, vamos a ser libres.

La transición comenzó el 3 de enero, marquen esa fecha en sus calendarios, otro día de la segunda independencia de Venezuela. Solo necesitamos paciencia e inteligencia, dos virtudes que nos sobran después de tantos años de entrenamiento forzoso. Porque antes del 3 de enero, seamos honestos, el pueblo venezolano había perdido las esperanzas, el rumbo, las ganas y hasta las llaves de la casa.

Pero ahora, ¡ah, ahora!, volveremos los casi 10 millones de venezolanos dispersos por el mundo a dar lo mejor de nosotros para la reconstrucción de la patria. Y no tengo dudas, ni una sola, lo juro, de que Venezuela resurgirá como el ave fénix de las cenizas humeantes del socialismo del siglo XXI. Más aún: iremos a superar a Dubái. Porque si algo nos caracteriza es la poca modestia en nuestras aspiraciones para posicionar y estar orgullosos de nuestra patria.

Desde la cárcel del exilio analizo el futuro cercano y sé que el presidente Trump no la tendrá fácil para mantenerse en el poder antes de estabilizar a nuestro pais ya que la oposición de su país es prochavismo al 100 por ciento, lo demostraron con creces liberando a los sobrinos narcotraficantes del dictador, al malandro Alex Saab, entre otras dádivas, pero ya el gran paso abrió los caminos y nos toca meter el pecho y avanzar. 

No hemos parado con la denuncia y la guerra contra el comunismo y sus bandoleros, seguimos ahora con más ánimos dándolo todo para tener una  patria libre y próspera. 

Acción y progreso, ¡ todos por Venezuela !


Jose Gregorio Briceño Torrealba 

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