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Ex-alcalde, Constituyentista, ex-diputado AN, y ex-gobernador del Estado Monagas. Luchador incansable por el rescate de la democracia en mi patria VENEZUELA.

sábado, 28 de marzo de 2026

MADURO Y CILIA: EN LA CORTE DE MANHATTAN NO SE BAILA A SU RITMO



A lo largo de 27 años, la organización criminal fundada por el traidor mayor, hoy  felizmente difunto, disfrazada de gobierno se creyó intocable, sus jerarcas estaban convencidos de que el poder y sus abusos funcionaban para siempre y la impunidad, un derecho atrevido que nadie les iba a quitar. Se equivocaron, las deudas con los pueblos no se borran, quedan marcadas en el malvivir y la ignominia de centenas de miles de familias, se cobran tarde o temprano, aunque sea lejos de casa y en otro idioma. Por ahora algunos están en donde deben estar, donde no se negocia y donde no se acepta que les marquen el ritmo para sus bailes burlones. Que sanador ante tanta podredumbre saber, que hay instancias legales en este mundo donde el dinero sucio no sirve para pagar la defensa y donde los títulos y el poder no impresionan a nadie. Según lo visto hasta hoy, el camino hacia la justicia por Venezuela continúa.

Un contundente golpe judicial sacudió esta semana a la cúpula del narcorégimen. El juez federal de distrito Alvin Hellerstein desestimó la solicitud de anulación de los cargos por narcoterrorismo contra Nicolás Maduro y Cilia Flores durante una trascendental audiencia celebrada el jueves 27 de marzo en una corte federal de Manhattan. El fallo no dejó margen a la duda: la justicia estadounidense no está dispuesta a ser un instrumento de escapes jurídicos para quienes han sumido a Venezuela en el caos y el crimen. Los abogados de la cúpula criminal solicitaron el archivo del proceso penal alegando que la administración de Donald Trump habría bloqueado al régimen el pago de honorarios legales con fondos del Estado venezolano. Una excusa que mezcla la desvergüenza con la ironía: el mismo régimen que durante años saqueó las arcas públicas venezolanas ahora se declara sin fondos propios para financiar su defensa. Ante ese argumento, el magistrado fue categórico. "No voy a desestimar el caso" declaró Hellerstein en la sala, con la firmeza de quien no admite maniobras dilatorias disfrazadas de garantías procesales.

La autoridad judicial dejó abierta, sin embargo, la posibilidad de reconsiderar la medida si se probara que Estados Unidos actuó deliberadamente para bloquear los recursos del régimen. Pero la carga de la prueba es alta y el argumento de la defensa, por ahora, no alcanza ese umbral. El juez fue preciso al razonar que, si tales fondos existieran, lo más probable es que serían susceptibles de decomiso o estarían sujetos a sanciones. Tal y como lo anticipamos al inicio de este escrito: el dinero sucio no puede limpiar la acusación. Durante el debate, Hellerstein interrogó en repetidas ocasiones a la fiscalía sobre la disponibilidad de otros activos para cubrir los gastos de defensa del acusado. El fiscal federal adjunto Kyle Wirshba respondió con cautela, señalando que el gobierno mantiene sus averiguaciones y que no tenemos nada que agregar en este momento. Una respuesta que revela que las investigaciones están vivas y en curso y que el expediente contra el régimen podría seguir engrosándose con nuevas evidencias. Lo que está en juego en esta sala neoyorquina es mucho más que un proceso judicial ordinario. Es el primer momento en décadas en que el aparato del chavismo, blindado durante años por el petróleo, la complicidad internacional y la brutalidad interna, se enfrenta a una justicia que no acepta sobornos ni intimidaciones. Millones de venezolanos que salimos por la persecución, miseria, la represión y el narcotráfico institucionalizado, observamos este juicio como una señal: la impunidad no es eterna. Maduro fue no solo un narcodictador. Los cargos que pesan sobre él lo señalan como narcotraficante, como cómplice del crimen organizado, como artífice de una narcodictadura que utilizó al Estado venezolano como plataforma para el tráfico de cocaína hacia Estados Unidos y Europa. Los cargos incluyen conspiration para importar narcóticos y el uso de armas de fuego en el marco del crimen organizado. No son acusaciones menores ni artificios geopolíticos: son el resultado de años de investigación por parte del Departamento de Justicia estadounidense.

La impunidad no es eterna. La historia tiene una deuda con Venezuela y las cortes de Manhattan están comenzando a saldarla. Cilia Flores, la llamada primera combatiente, tampoco escapa al escrutinio. Figura clave en el andamiaje del poder corrupto, enfrenta los mismos cargos que su esposo. Su presencia en el expediente judicial demuestra que la justicia no distingue entre el narcodictador y quien comparte su proyecto criminal. Ambos son parte del mismo sistema de poder que durante años aplastó a la disidencia, llenó las cárceles de presos políticos y convirtió a Venezuela en un Estado fallido al servicio del narcotráfico.

Desde la perspectiva de quienes hemos visto de cerca el sufrimiento de nuestros hermanos, este juicio no es solo un evento legal: es un acto de justicia histórica. Son ya más de 83 días en que Maduro y Cilia enfrentan en los estrados lo que durante años eludieron a través del miedo, la corrupción y la violencia. Y aún quedan meses, quizás años, de proceso por delante. Cada audiencia, cada decisión del juez Hellerstein, es un recordatorio de que los crímenes contra un pueblo no prescriben por decreto, ni se borran con propaganda bolivariana. La corte de Manhattan se ha convertido, sin proponérselo, en el tribunal que Venezuela nunca pudo tener. Y el juez Hellerstein, al negarse a cerrar el caso, ha enviado un mensaje que resuena mucho más allá de las paredes de esa sala: nadie que haya destruido una nación entera puede reclamar impunidad como si fuera un derecho adquirido. Viva Venezuela libre. 

Desde la cárcel del exilio nos entra un fresquito con lo ocurrido, a pesar del temor de que se tambalee el proceso por lo complejo y lleno de millonarios intereses del caso. 

Este momento nos recuerda que resistir tiene sentido, la justicia avanza despacio, pero avanza. Y mientras avance, hay razón para seguir de pie. 

¡Acción y progreso por Venezuela !



José Gregorio Briceño Torrealba 


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sábado, 21 de marzo de 2026

EL MINISTERIO DE DEFENSA SE MUDA AL HELICOIDE : ASCENSO AL TORTURADOR MAYOR

Cuando un sistema de gobierno se desempeña como dentro de un búnker, la lealtad no es un valor, es simplemente un seguro de vida y optan por enroscar los cargos como quien baraja las mismas cartas marcadas, pensando que el país no se da cuenta del truco. Pero ojo, que ahora es diferente la razón de estos enrosques y es que estos movimientos provienen del miedo, no de la soberbia como antes y se traducen en un cambio de oficina, del tenebroso Helicoide, al ministerio de la Defensa. Haremos una autopsia a esa maña que tiene este regímen de cambiar el hueso pero dejar al mismo perro cuidando la finca.
Tambien me suena a que es una afrenta de la nueva "lacaya del imperio" Delcy Eloína, ya que es demasiado obvio quién es este verdugo reciclado, el torturador mayor.
La destitución del ministro de Defensa Vladimir Padrino López, siempre una ficha
subordinada al llamado Cartel de los Soles y su reemplazo por el General Gustavo González López no cambia en absolutamente nada la situación de Venezuela. Al contrario, los actores criminales que controlan el Estado consolidan aún más su posición. Quien llega no es un outsider ni un reformador, es el mismo engranaje con otro nombre. El expediente de González López no deja margen para la duda. Fue director del despacho de Diosdado Cabello cuando este ejerció como gobernador del estado Miranda en 2004. Durante más de dos décadas ha sido el hombre de confianza, el ejecutor fiel, el brazo operativo del hombre fuerte del chavismo. Una lealtad de esa naturaleza no se construye sobre principios institucionales, se forja en complicidades que atan a quienes las comparten de por vida. Cuando González López llegó a la dirección del
Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) el aparato de represión del régimen adquirió un perfil más letal. No tardaron en llegar las evidencias. El 15 de enero de 2018, González López ejecutó la orden directa de Diosdado Cabello: la masacre de El Junquito, donde fueron asesinados Oscar Pérez y sus compañeros, incluyendo una mujer embarazada después de haberse rendido. La ejecución extrajudicial de quienes ya habían depuesto las armas no fue un exceso aislado. Fue una operación planificada, una demostración de poder, una advertencia al país. Nueve meses después, en octubre de ese mismo año, el concejal Fernando Alban fue detenido en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar. Pocas horas más tarde, bajo custodia del SEBIN en las instalaciones de Plaza Venezuela, en Caracas, su cuerpo cayó desde el décimo piso del edificio. El régimen alegó un intento de fuga. Las investigaciones posteriores, nacionales e internacionales, establecieron con claridad lo que en realidad ocurrió: fue lanzado. La Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre Venezuela, creada por el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, ha señalado directamente la responsabilidad de González López en la cadena de mando de organismos de seguridad, específicamente el SEBIN, involucrados en detenciones arbitrarias, torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes. No es una acusación del Gato Briceño, es la conclusión de un proceso de investigación con estándares jurídicos internacionales. Organizaciones como PROVEA y los testimonios directos de víctimas vinculan a González López con la gestión de centros de detención, entre ellos el tristemente célebre Helicoide, donde se han documentado sistemáticamente métodos de tortura física y psicológica destinados a obtener confesiones forzadas y neutralizar a la disidencia política. A él se le atribuye también responsabilidad en ejecuciones extrajudiciales de cerca de diez mil venezolanos, crímenes que habrían sido ordenados desde el entorno inmediato de Diosdado Cabello. La reapertura de la embajada de Estados Unidos en Caracas y la presencia operativa de la inteligencia norteamericana en suelo venezolano no son gestos menores. El régimen lo sabe. Ya no se observa con la misma frecuencia ni la misma impunidad la tristemente famosa Operación Tun Tun, el operativo nocturno de Diosdado Cabello concebido para sembrar el terror y el silencio en los hogares venezolanos. Desde la cárcel del exilio veo con estupor y me asquea el curriculum macabro de estos desgraciados, herederos del traidor mayor,  hoy felizmente difunto, sigo pensando y sufriendo por el pueblo venezolano, sometido durante años a un agotamiento calculado, pero que gracias a Dios está dando señales de haber recuperado algo fundamental: el coraje, ya que el miedo, el arma más poderosa de cualquier dictadura, ha comenzado a perder su filo. A eso se suma una crisis económica que ya no tiene ningún eufemismo capaz de disimularla, la situación material de millones de familias es, sencillamente, insostenible.
Soy de los que creen que, pasadas las próximas semanas, la calle se calentará. Y que ese calor podría acelerar desenlaces que, tarde o temprano, Venezuela necesita transitar. Los cambios cosméticos en los altos mandos militares no engañan a nadie que observe con seriedad. Mientras el poder real permanezca en manos del Cartel de los Soles, independientemente de qué general ocupe qué despacho, Venezuela seguirá siendo un Estado secuestrado. Pero los imperios del terror tienen una debilidad estructural: dependen del miedo para sostenerse. Y cuando ese miedo se agota, lo que viene después será una historia para la paz en mi país.
Que hagan las vueltas que quieran, ya el camino se está despejando hacia la libertad, seguimos desde esta trinchera con la fuerza intacta y los ojos llenos de proyectos y cosas buenas para mi patria. 
¡Acción y progreso por Venezuela!

Hago llamado que es para todos a apoyar a los PENSIONADOS Y JUBILADOS
#VamosMañanaPaLaCalleOtraVez

José Gregorio Briceño Torrealba 

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sábado, 14 de marzo de 2026

SALARIO DE MISERIA: SOBREVIVIR Y DEFENDER AL RÉGIMEN


Es bien triste concluir que, el hambre no sólo vacía el estómago, sino que termina por dañar el juicio. Es una de las atrocidades más amarga de este plan de destrucción de nuestra patria iniciado por el traidor mayor, hoy felizmente difunto y profundizado por sus nefastos herederos: ver cómo el verdugo logra que la víctima le sostenga el látigo. No es falta de inteligencia, es el resultado de un laboratorio de supervivencia donde la dignidad se cambia por un bocado y la libertad se vuelve un lujo que les parece inalcanzable.

Como siempre, solo documento y desenmascaro no busco explicar la economía, sino asomarme al barranco donde cayó una sociedad en la que el sentido común ha sido secuestrado por la necesidad. ¿En qué momento el miedo se disfrazó de lealtad? Es muy doloroso ese malestar terrible que nos hace caer en cuenta de que la logica se pierde y la realidad parece un chiste de mal gusto que quisiéramos dejar de contar.

¿Cómo es posible que alguien salga a las calles a exigir la libertad de Maduro y Cilia de quienes los han condenado a la pobreza más extrema del planeta? Es una pregunta que desafía la lógica, sacude la conciencia y revela la profundidad del daño que la narcorevolución han causado en el tejido social venezolano. El salario mínimo en Venezuela cumple este mes cuatro años completamente congelado. Cuatro años en los que el tiempo pasó, la inflación arrasó y el bolívar se pulverizó pero el gobierno de Nicolás Maduro no movió un solo centímetro para proteger el ingreso de los trabajadores. Los 130 bolívares fijados como salario base, que en marzo de 2022 equivalían a 30 dólares, hoy representan apenas 0,30 centavos de dólar. No es un error tipográfico: en cuatro años, el salario mínimo venezolano perdió el 99% de su valor real. Es la destrucción más sistemática y documentada del poder adquisitivo de un pueblo en toda la historia reciente del mundo. Las cifras son brutales en su crudeza. La cesta básica de consumo por hogar escaló un 715,55% en moneda nacional y un 48,3% en dólares al cierre de enero pasado. La canasta alimentaria familiar se ubica en 677 dólares mensuales, mientras que el salario mínimo apenas alcanza para cubrir el 0,05% de ese costo. Dicho de otra manera: un trabajador venezolano necesitaría cobrar más de 1.700 salarios mínimos para poder alimentar dignamente a su familia. Eso no es una crisis económica. Eso es una política deliberada de empobrecimiento para tener al pueblo humillado y de rodillas. Y sin embargo, hay quienes marchan. Hay quienes levantan carteles, gritan consignas y exigen la liberación de Maduro y de Cilia Flores, la pareja que convirtió el Estado venezolano en un feudo familiar y un fortín del narcotráfico internacional. Verlo produce una mezcla de estupor y tristeza. No se trata de juzgar a los más vulnerables, muchos marchan por miedo, por clientelismo, por la bolsa de comida que depende de la lealtad política, sino de nombrar, sin eufemismos, lo que está ocurriendo: un régimen que ha destruido el salario, la salud, la educación y la libertad de su propio pueblo y que aún así consigue movilizar a una porción de ese pueblo en su defensa. Desde la cárcel del exilio retomo lo dicho al inicio y que nos desquicia pensandolo, este es el legado de la narcorevolución bolivariana: no solo la ruina económica, sino la ruina moral de un proyecto político que prometió redención y entregó esclavitud disfrazada de ideología. Venezuela no merece esto. Y el mundo no puede seguir mirando hacia otro lado.

Hemos avanzado sí, en lo político y se ven los destellos de una gigantesca bonanza económica,  eso es seguro pues somos bendecidos por Dios con enormes riquezas naturales, pero vistas las incongruencias de un pueblo que sufre un daño moral tan profundo el trabajo más detallado y fundamental para tener una población con criterio, con libertades plenas, sin miedo y libre realmente, es vital.

Vamos adelantando lo posible por hacerles ver que podemos ser coherentes sin ser castigados.

Seguimos, sin pausa y con fe de que lograremos llegar a ese fondo corroido y sanarlo. 

¡Acción y progreso por Venezuela!


José Gregorio Briceño Torrealba 


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sábado, 7 de marzo de 2026

HONOR MILITAR: DESDE NUESTROS LIBERTADORES HASTA EL BUFÓN PADRINO LÓPEZ 


El honor militar no es una colección de medallas en el pecho ni un discurso que se grita en desfiles de derroche de armamentos. Es una promesa silenciosa: defender al pueblo que juraste proteger, no a la jerarquia de las dictaduras que te da privilegios, es elegir la verdad cuando mentir es más cómodo, y a la patria cuando  te piden que la traiciones por un cargo, prebendas o por miedo. Cuando los generales que juraron proteger la constitución terminan pidiendo a gritos el regreso de quien la pisoteó junto con ellos, algo se rompió mucho más profundo que una cadena de mando: se rompió la idea misma de qué significa llevar ese uniforme con dignidad. Porque un ejército sin honor no defiende nada; solo ocupa espacio y roba el dinero del pueblo.

Esta semana hemos sido testigos de uno de los espectáculos más "edificantes" de la historia militar latinoamericana: el alto mando venezolano encabezado por el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, salió en pleno a pedir que le devuelvan a Nicolás Maduro. Sí, leyó usted bien. Los mismos generales con uniformes llenos de condecoraciones, cuya procedencia nadie osa preguntar, reclamando públicamente a un hombre cuya presencia en el poder es, para decirlo con toda la delicadeza posible, completamente ilegítima. Un cuadro digno de la más alta cinematografía absurda.

Recordemos para los desmemoriados que esos mismos militares fueron los custodios del proceso electoral del 28 de julio de 2024. Ellos y nadie más que ellos vigilaron las actas, resguardaron los centros de votación y en más de un caso, fueron los propios oficiales quienes anunciaron los resultados en las mesas. Resultados que paradójicamente, daban ganador a Edmundo González por una diferencia apabullante. Pero claro, eso debió haber sido un error de sistema. O del viento. O de la alineación planetaria. Cualquier cosa menos lo obvio. Y mientras tanto, los sobrinos del matrimonio presidencial, los célebres "narcosobrinos" que cumplieron condena en Estados Unidos por narcotráfico, siguen siendo motivo de silencio cómplice para ese alto mando que hoy se golpea el pecho por Nicolás. Porque claro ¿qué mejor credencial moral para defender a un régimen que ignorar que la familia que lo encabeza tiene parientes presos por envenenar al mundo con cocaína? La coherencia, señores, es un lujo que en Venezuela se exportó junto con los cerebros y el capital. El legado gestionado por este gobierno y aplaudido con fervor por sus generales es verdaderamente impresionante: el desmantelamiento de la industria petrolera más importante de América Latina, más de diez mil ejecuciones extrajudiciales documentadas, y el detalle exquisito de regalarle a Cuba cien mil barriles diarios de petróleo, más gasolina gratis, mientras los venezolanos hacían colas de varios días para conseguir apenas veinte litros, así mismo la seguridad personal de Nicolás Maduro estuvo, durante años, en manos de agentes cubanos, protegiendo al usurpador/presidente de Venezuela. Uno se pregunta qué pensaba el alto mando venezolano, esos mismos generales que hoy exigen su regreso, mientras extranjeros custodiaban a su comandante supremo en suelo venezolano. La respuesta, imaginamos, es que lo consideraban un arreglo perfectamente normal y soberano. Porque si algo caracteriza a este narcorégimen es su devoción inquebrantable por la soberanía nacional, siempre y cuando la ejerzan otros. Y cuando el glorioso 3 de enero llegó su hora, fueron precisamente esos custodios foráneos los que protagonizaron el desenlace: treinta y dos de ellos murieron durante la operación en que las fuerzas estadounidenses extrajeron a Maduro del poder. Treinta y dos cubanos caídos en tierra venezolana protegiendo a un hombre que sus propios generales decían defender. La patria, en ese instante, debió sentir un escalofrío de vergüenza histórica. El Libertador Simón Bolívar, que consagró su vida entera a la independencia y dignidad de América, debe estar revolcándose en su mausoleo con una fuerza centrífuga que haría palidecer a cualquier ingeniero. El ejército que fundó, que juramentó defender la constitución y la soberanía popular, se ha convertido hoy en el guardaespaldas de una farsa electoral y en el vocero de un hombre que traicionó, uno a uno, todos los principios que ese uniforme debería representar.  Venezuela merece generales que defiendan al pueblo, no a sus captores. Desde la cárcel del exilio analizo y veo que mientras esos ciudadanos uniformados no decidan volver a la legalidad, institucionalidad y a la democracia, el uniforme verde oliva seguirá siendo para millones de venezolanos dentro y fuera del país, no un símbolo de protección, sino la imagen más dolorosa de una traición que está manchada con sangre de inocentes. Ganense el respeto de sus verdaderos jefes que no son otros que el pueblo venezolano.

Es una tarea por cumplir para que la nueva Venezuela sea lo que merece ser, una tierra de gente noble, riquezas para invertir en el desarrollo nacional y paz para su gente.

Con más ganas y fuerzas que nunca los invito a aportar, a participar en ese proyecto de pais. 

!Acción y progreso por Venezuela! 


José Gregorio Briceño Torrealba 


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