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Ex-alcalde, Constituyentista, ex-diputado AN, y ex-gobernador del Estado Monagas. Luchador incansable por el rescate de la democracia en mi patria VENEZUELA.

sábado, 19 de septiembre de 2026

EL CAPO SE BURLA DE LA TRANSICIÓN- REPRESIÓN SIN COMPASIÓN


Cambiar al que manda no es cambiar como se manda y peor aún cuando, así pasa en la narcodictadura venezolana, la línea de mando y sus micro reinados, tienen autonomía en decisiones importantes como las que se refieren a la justicia. Los desalmados de la cúpula narcochavista, herederos del traidor mayor, hoy felizmente difunto y el personal subalterno siguen envenenados de odio y resentimiento por el pueblo venezolano. Eso no ha cambiado ni cambiará mientras tengan una pizca de poder, porque a pesar de que en la actualidad se ha requete demostrado el nivel de traición y entreguismo que tienen al arrodillarse sin vergüenza a toda orden emanada por el gobierno de los Estados Unidos, en esta fase de tutelaje y transición luego de la extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores, dan lo que sea por mantenerse demostrando autoridad. El simple placer de hacer daño sin ton ni son tiene nombre y es quien creó y maneja hasta ahora el aparato represivo: el capo del Cártel de los Soles, Diosdado Cabello Rondón. 
La detención arbitraria de Javier Oropeza, exalcalde de Carora, estado Lara, apenas 48 horas después de llegar a Venezuela, parece confirmar que algunas costumbres del poder no cambian ni aunque cambien los discursos. Lo he dicho y lo he escrito: mientras Diosdado Cabello siga de ministro, los derechos humanos seguirán tratados como un chiste de mal gusto. Eso sí, un chiste con presos, persecución y miedo. Pero tranquilos: nos dicen que estamos ante una nueva etapa.
Qué bonito ¿no? El gobierno interino nos vende “cambios” y “apertura”. La ONU, en cambio, habla de “cambios cosméticos”. Maquillaje para la foto. Brocha nueva, iluminación distinta y la misma pared llena de grietas. Porque cuando alguien se sale de la raya, ¡sorpresa!, aparece el viejo aparato represivo, puntual como siempre. Es la versión institucional de la Espada de Damocles: suspendida sobre la cabeza de todos pero administrada con una sonrisa y un comunicado de prensa.
Sofía Macher, presidenta de la Comisión Internacional de la ONU para Venezuela, lo dijo con claridad: “El aparato está listo para reprimir”. ¿La respuesta? Cambiar algunos jefes y dejar intactas estructuras y mandos medios capaces de ejecutar las mismas prácticas. Es como cambiarle el lazo a un pitbull y anunciar, con solemnidad republicana, que ahora es un cachorro. Mucho maquillaje, misma mordida. La captura de Maduro fue presentada como un “punto de inflexión”. Tal vez lo sea. Pero una cosa es cambiar al ocupante del despacho y otra muy distinta desmontar las estructuras que durante años han servido para perseguir, intimidar y silenciar. La verdadera prueba de una transición no está en las fotografías oficiales ni en los discursos sobre apertura: está en qué ocurre con los presos políticos, con la sociedad civil, con la oposición y con quienes se atreven a disentir. Y mientras tanto, siguen vigentes mecanismos legales e institucionales utilizados para controlar a la sociedad civil y limitar a la oposición. Qué oportuno, ¿no? Cambiamos el decorado pero dejamos intacto el escenario. Después nos sorprende que alguien pregunte si realmente cambió la obra.
La conclusión debería ser bastante menos cómoda para quienes administran esta supuesta transformación: no basta con sustituir nombres, reorganizar despachos ni prometer una “nueva etapa”. Hay que desmontar de verdad el aparato represivo, garantizar libertades, investigar los abusos y establecer controles civiles efectivos sobre las instituciones de seguridad. Y eso requiere presión, vigilancia y exigencias concretas de la comunidad internacional. Lo reitero y no me cansaré de escribirlo: mientras esté el sanguinario y cobarde de Diosdado Cabello Rondón en el ministerio del interior, seguirán las mismas prácticas y violaciones de los DD.HH quien ha sido señalados por graves abusos y continúen ocupando esas posiciones de poder sin una revisión seria de sus responsabilidades, hablar de cambio corre el riesgo de convertirse en una operación de relaciones públicas. Sigo viendo como única salida es como la del pasado del tres de enero, porque malandro lo arregla es drones, pólvora y plomo. Una transición democrática no se demuestra con maquillaje. Se demuestra cuando el ciudadano puede disentir sin terminar detenido, perseguido o silenciado.
Porque una cosa es cambiar el discurso. Otra, bastante más difícil, es cambiar el sistema.
El que crea que esta crueldad ha cambiado vive en una nebulosa, sin un ápice de realidad, hasta el último día de su mandato, habrá tortura y terror para quien no los acepte como gobierno y los enfrente. 
¡Acción y progreso por Venezuela!


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