Existe un viejo refrán popular que nos recuerda que lo mejor que pudo hacer Dios fue poner un día detrás de otro, el tiempo premia o castiga según haya sido tu conducta. El pasado martes, la justicia estadounidense denegó rotundamente la inmunidad a Nicolás Maduro, dejando al descubierto un dato revelador: el propio gobierno venezolano jamás la solicitó para él. Mientras la defensa de Maduro intentaba desestimar los cargos por narcotráfico alegando prerrogativas diplomáticas, la Fiscalía en Nueva York reveló que Caracas únicamente gestionó dicha protección para Delcy Rodríguez, dejando al dictador absolutamente desamparado ante los tribunales norteamericanos.
Han transcurrido nueve meses desde aquel tres de enero y los venezolanos finalmente presenciamos la verdad al desnudo, respaldada minuciosamente por el sistema judicial de los Estados Unidos. Ha quedado en evidencia la consumación de una traición orquestada desde las entrañas del régimen: a Maduro lo entregaron Delcy Rodríguez, Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello. Solo así se explica el giro radical y servil de este trío a favor de los intereses norteamericanos. Por el momento, esa misma entrega les ha servido de salvoconducto temporal para no ser extraditados, no obstante, el martillo de la justicia sigue levantado, como lo demuestra la recompensa de 25 millones de dólares que se mantiene intacta por la captura de Diosdado Cabello. Esta puñalada por la espalda no es un hecho aislado, sino la confirmación del pragmatismo criminal con el que opera la cúpula del chavismo. Cuando el barco se hunde, las ratas no solo son las primeras en saltar, sino que sacrifican al capitán para salvar su propio pellejo. Al negociar inmunidades selectivas con Washington, la camarilla gobernante no solo vendió a Maduro, le demostró a la nación y a sus propias bases que el tan cacareado "antiimperialismo" jamás fue una doctrina, sino una fachada retórica para amparar el saqueo. Hoy, el miraflorismo se desmorona desde adentro, consumido por la paranoia y el sálvese quien pueda.
Apenas dos días después del revés judicial, el juez de la causa le negó la medida de arresto domiciliario a Cilia Flores y para rematar el cerco legal, la Fiscalía amplió de forma implacable el pliego acusatorio contra ambos.
¿De qué los acusa formalmente Estados Unidos?
Conspiración para cometer tortura: La Fiscalía sostiene que ambos participaron activamente en la creación y mantenimiento de una estructura sistemática de represión contra opositores y ciudadanos detenidos, incluidos nacionales estadounidenses. El expediente detalla el uso deliberado de golpizas, descargas eléctricas, asfixia, violencia sexual, aislamiento prolongado y graves amenazas contra núcleos familiares.
Responsabilidad directa atribuida a Cilia Flores: Los fiscales alegan que Flores no fue una simple espectadora, sino un engranaje clave en el desarrollo y facilitación de estos mecanismos de represión y control social.
La acusación sustitutiva consta de cinco cargos de extrema gravedad:
Conspiración para cometer narcoterrorismo.
Conspiración para cometer tortura.
Conspiración para importar cocaína a los Estados Unidos.
Uso y posesión de ametralladoras y artefactos destructivos vinculados a las presuntas conspiraciones criminales.
Conspiración para utilizar y poseer dicho armamento de guerra.
Un elemento crucial en este pliego es que la Fiscalía menciona a otros altos jerarcas del régimen mediante códigos para resguardar las investigaciones en curso:
CC-1: Un alto funcionario a quien atribuyen órdenes directas de asesinato contra opositores y la supervisión personal de actos de tortura. Sin lugar a dudas, este perfil corresponde a Diosdado Cabello.
CC-2: Un alto oficial que respondía en línea directa a Maduro, encargado de desarrollar sofisticados métodos de tortura y de dirigir uno de los organismos de inteligencia señalados por cometer las peores aberraciones. Mención clara a Alexander Granko Arteaga.
CC-3: Un funcionario con participación material y directa en torturas contra civiles y militares, incluyendo víctimas de nacionalidad estadounidense.
Con esta ampliación acusatoria, el cerco legal se cierra definitivamente sobre la tiranía. No me cabe la menor duda de que Diosdado Cabello y el resto de los codificados terminarán rindiendo cuentas ante los tribunales internacionales. Desde la cárcel del exilio ruego por que paguen por cada uno de los más de 10.000 asesinados y desaparecidos documentados de forma incontrovertible por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos. La historia es implacable: la traición les compró tiempo pero el expediente de sus crímenes contra la humanidad les ha garantizado su destino final tras las rejas.
No hay más chance para ellos, ya fue extremo el sufrimiento, le toca a los venezolanos de bien aportar y desarrollar una nueva patria próspera.
¡Acción y progreso por Venezuela!
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