No podemos negar que aunque teníamos la fe, la esperanza, la mirada y los suspiros puestos en las acciones del gobierno norteamericano, a todos nos tomó por sorpresa la forma en la que inició el principio del fin del Chavismo, una grata sorpresa que ha generado múltiples opiniones a lo largo y ancho del planeta, una de las mejores noticias que hemos recibido, una mega sorpresa que es definitivamente una bendición. Los detalles , los intrínculis pierden importancia ante el hecho de dar paso a la liberación a un país entero. Estamos acostumbrados y hemos sido forjado por nuestra historia a que el camino no es fácil y tampoco lo serán los próximos tiempos, pero que nadie nos quite esta alegría, que nadie perturbe nuestra felicidad por sentir que una nueva era de libertad comienza para nuestra amada Venezuela.
Qué manera tan deliciosa de comenzar el año ¿verdad? Respirando, al fin, esos codiciados “aires de libertad” que tanto anhelamos durante años. El pasado 3 de enero quedará inscrito con letras doradas en los anales de nuestra gloriosa historia patria, justo al lado de aquellas otras fechas memorables. Ese día capturaron al extranjero prófugo de la justicia internacional, ese terrorista y narcotraficante que, con la sutileza de un elefante en una cristalería, había secuestrado todo un país. Un país que, por cierto, él y su pintoresca banda de hampones se dedicaron a saquear con el entusiasmo de piratas en su primer abordaje, destruyéndolo casi en su totalidad. Casi, porque todavía quedamos algunos testigos para contarlo.
La operación quirúrgica ejecutada por el gobierno norteamericano para atrapar a los fugitivos Nicolás Maduro y su encantadora esposa, la “esdientada” Cilia Flores, fue comparable a una producción cinematográfica. Una verdadera clase magistral de humildad forzosa para aquellos prepotentes y soberbios criminales que ya se creían dioses del Olimpo caribeño, intocables, invencibles, inmortales. Cinco meses de despliegue militar en el Caribe para que la realidad, esos salvadores aguafiestas impertinentes les pasaran la factura más abultada de sus vidas a estos “SÚPER REVOLUCIONARIOS”. Porque resultó que los gigantes eran de barro. Barro barato, por cierto. Y aquí viene lo verdaderamente cómico: catorce días después de esa heroica acción, los radares de “última generación” todavía no han reaccionado. Quizás estén en modo ahorro de energía, quién sabe. Es para morirse de risa o de vergüenza ajena, recordar la verborrea incontinente sobre esas grandes defensas antiaéreas rusas, chinas, iraníes que iban a convertir nuestros cielos en un infierno para cualquier invasor. Los legendarios aviones Sukhoi, esas maravillas de la ingeniería soviética, no encendieron ni sus motores. Chatarra rusa con bandera venezolana, nada más. Los 4.5 millones de milicianos que juraban defender la patria con sangre y fuego sufrieron un conveniente ataque de amnesia colectiva: no apareció ni uno. Ni uno solo. ¿Y los famosos 5,000 misiles Igla-S que iban a “incendiar los cielos”? Ah, esos. Resulta que los milicianos los reconvirtieron para cazar palomitas y paliar el hambre. Innovación criolla en su máxima expresión. La “furia bolivariana” se transformó en caballo capón: puro relincho y peo, flatulencia ideológica. El guapo del Furrial, Diosdado Cabello, ese coloso de la arrogancia y la prepotencia, juraba y rejuraba con su habitual delicadeza diplomática que si los gringos entraban, no salían vivos y que si Venezuela sufría una agresión, no sacarían ni un barril de petróleo. Bueno, ya vimos cómo terminó ese sainete.
Pero lo más revelador, lo que quedó demostrado ante la historia y ante el mundo que observaba con una mezcla de asombro y bochorno, es que éramos una simple provincia cubana. Sí, señores, una colonia del siglo XXI con Internet y todo. Cuando reconocieron la muerte de los 32 cubanos en el primer anillo de seguridad, esos supuestos “superhéroes” de las Avispas Negras que fueron fumigados como cucarachas en una cocina sucia, quedó clara nuestra gloriosa soberanía.
Ahora pregunto, con toda la inocencia del mundo: ¿cómo quedaron las Fuerzas Armadas venezolanas ante el planeta, cuando se supo que su comandante en jefe estaba protegido por un ejército extranjero? ¿Esa es la soberanía y el nacionalismo que nos vendieron a precio de oro durante tanto tiempo? ¿Esos son los patriotas y defensores del gentilicio venezolano? ¿Quiénes son, en realidad, los traidores a la patria? Las preguntas se responden solas, pero por si acaso: apenas con unas simples investigaciones que ya se han llevado a cabo, sabemos que los cubanos nos robaron más de 100,000 millones de dólares en petróleo y derivados. Y eso sin meter en la cuenta otros “negocios”. Hermandad revolucionaria, le llaman. Lo primero que hizo nuestro flamante segundo libertador, Donald Trump, junto a Marco Rubio, fue cerrar la llave del grifo petrolero hacia Cuba. Y miren qué milagro: ya están disminuyendo las colas interminables en las bombas de gasolina que perdían horas y días. El pueblo venezolano sufre menos porque, sorpresa, toda nuestra gasolina se la llevaban los “hermanos” cubanos. Solidaridad internacionalista en acción. El bloqueo no estaba en Washington, si no en Cuba.
Todo este quiebre histórico, este terremoto político que todavía hace temblar los cimientos, es fruto de la posición firme y corajuda de María Corina Machado, quien se convirtió en el nervio mismo de la patria. El pasado jueves se produjo el gran encuentro entre ella y Donald Trump y como gesto de agradecimiento eterno, le regaló la medalla del Premio Nobel de la Paz en nombre de todos los venezolanos. Por la libertad, claro. Porque ahora sí, ahora de verdad, vamos a ser libres.
La transición comenzó el 3 de enero, marquen esa fecha en sus calendarios, otro día de la segunda independencia de Venezuela. Solo necesitamos paciencia e inteligencia, dos virtudes que nos sobran después de tantos años de entrenamiento forzoso. Porque antes del 3 de enero, seamos honestos, el pueblo venezolano había perdido las esperanzas, el rumbo, las ganas y hasta las llaves de la casa.
Pero ahora, ¡ah, ahora!, volveremos los casi 10 millones de venezolanos dispersos por el mundo a dar lo mejor de nosotros para la reconstrucción de la patria. Y no tengo dudas, ni una sola, lo juro, de que Venezuela resurgirá como el ave fénix de las cenizas humeantes del socialismo del siglo XXI. Más aún: iremos a superar a Dubái. Porque si algo nos caracteriza es la poca modestia en nuestras aspiraciones para posicionar y estar orgullosos de nuestra patria.
Desde la cárcel del exilio analizo el futuro cercano y sé que el presidente Trump no la tendrá fácil para mantenerse en el poder antes de estabilizar a nuestro pais ya que la oposición de su país es prochavismo al 100 por ciento, lo demostraron con creces liberando a los sobrinos narcotraficantes del dictador, al malandro Alex Saab, entre otras dádivas, pero ya el gran paso abrió los caminos y nos toca meter el pecho y avanzar.
No hemos parado con la denuncia y la guerra contra el comunismo y sus bandoleros, seguimos ahora con más ánimos dándolo todo para tener una patria libre y próspera.
Acción y progreso, ¡ todos por Venezuela !
Jose Gregorio Briceño Torrealba
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