a quienes lo ejercen para el mal, les hace creer que son todopoderosos. Son capaces de ir más allá de sus fronteras territoriales y hacer encargos para quitar del medio a cualquier piedra en el zapato porque su mente enferma les pide más y más muestras de lo que pueden llegar a hacer y por más que los hechos y testigos lo delaten se muestra cómo el caudillo de la justicia. Este ser, el señalado como CC1 al que la Corte del Distrito Sur de Nueva York le tiene más que que el ojo puesto, es lo más parecido al excremento, a los desechos, un despojo humano sin pizca ni indicio de ser humano cree que su desorbitado poder no tendrá fin. Aún está pendiente y pendiendo sobre su cabeza que los Estados Unidos juegue sus cartas restantes, por lo pronto ya es solicitado en otras latitudes.
Como muestra de que sus acciones tienen consecuencias, el pasado jueves, la Justicia chilena dictó una sentencia de 20 años de prisión contra Maickel David Villegas Rodríguez, integrante de la banda criminal transnacional Tren de Aragua, por el secuestro y homicidio del exmilitar venezolano Ronald Ojeda, perpetrado en 2024, tras la conclusión del primer juicio oral de esta causa. Qué alivio saber que el señor Villegas Rodríguez, tras ser extraditado desde Costa Rica en noviembre de 2024, no se dedicaba a la cinematografía independiente ni al periodismo documental. Según la Fiscalía chilena, su noble e ilustre función dentro de la célula Los Piratas consistía sencillamente en recopilar material audiovisual para acreditar la ejecución del crimen. Todo un especialista en control de calidad para el portafolio del crimen organizado, que seguro enviará sus grabaciones como respaldos para alguna evaluación de desempeño laboral en la nómina del terror. Ronald Ojeda, de tan solo 32 años al momento de ser ejecutado, había logrado escapar de Venezuela en 2017 tras ser perseguido y acusado de conspiración por la cúpula de Nicolás Maduro. Confiando en la protección internacional, el Estado chileno le otorgó el estatus de refugiado político a finales de 2023, ignorando que las fronteras continentales son un mero trámite geográfico para los tentáculos del narcorégimen bolivariano.
En la investigación por este sangriento atentado se ha identificado a 32 personas vinculadas. Dieciséis de ellas, ya procesadas en Chile, se sentarán en el banquillo de los acusados en un juicio oral masivo programado para el próximo 20 de octubre.
Resulta entre conmovedor e insólito presenciar el esfuerzo del sistema judicial chileno por procesar, uno a uno, a los peones, choferes, camarógrafos y sicarios a sueldo de esta trama criminal. Con una paciencia franciscana, los tribunales juzgan a la mano de obra desechable, mientras los verdaderos arquitectos del horror observan el espectáculo cómodamente reclinados en sus sillones de Caracas, tomando café y celebrando la impunidad blindada que les otorga el poder estatal.
El Fiscal Regional Metropolitano Sur y Coordinador del Equipo de Crimen Organizado y Homicidios (ECOH), Héctor Barros, lo afirmó sin vacilaciones: se trata de un crimen estrictamente político. Barros señaló, además, que la solidez de las pruebas y la evidencia científica apuntan de forma directa a Diosdado Cabello como el autor intelectual de la orden de ejecución. ¡Por favor, qué sorpresa tan inaudita! ¿Quién podría imaginar jamás que una figura “tan pacífica, dialogante y respetuosa de los derechos humanos” como el Carnicero del Furrial, Diosdado Cabello, tuviera algo que ver con la neutralización de un opositor en el extranjero? Seguramente todo se reduce a un lamentable malentendido científico o a una conspiración imperialista de la ciencia forense.
Esto me traslada de inmediato a mis propios recuerdos desde la cárcel del exilio que entre 2015 y 2017, cuando el propio Diosdado Cabello envió a Costa Rica al comisario Carlos Calderón, entonces jefe de operaciones del SEBIN, junto a 20 efectivos con la misión explícita de secuestrarme y trasladarme clandestinamente a Nicaragua. El director de dicho organismo no era otro que el actual ministro de la Defensa, Gustavo González López, incondicional de Cabello desde sus tiempos en la Gobernación de Miranda. Fue gracias a la oportuna alerta del comisario Henri López Sisco desde Costa Rica que hoy puedo contar la historia, de lo contrario, ni mis huesos quedarían tras haber profanado mi tumba. No cabe la menor duda: en la “revolución bonita”el homicidio y el secuestro transnacional no son más que simples herramientas de diplomacia preventiva y política de Estado. Deseo que su mente jamás tenga paz, que no soporte la paranoia de persecución y verlo menguar en una prisión, para medio expiar sus innumerables crímenes.
Seguimos enfrentandolos, organizandoos para enfrentar la reconstrucción de nuestro amadísimo país.
¡Acción y progreso por Venezuela!
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