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Ex-alcalde, Constituyentista, ex-diputado AN, y ex-gobernador del Estado Monagas. Luchador incansable por el rescate de la democracia en mi patria VENEZUELA.

sábado, 29 de agosto de 2026

PDVSA: IMPERIO PETROLERO EN QUIEBRA

Quienes tuvieron en sus manos la industria más valiosa del continente, la convirtieron en ruinas con una eficiencia que jamás aplicaron para producir. No es exageración ni es nostalgia: es historia documentada, verificable y con nombres propios. No es fábula, existió un momento en el que Venezuela fue una potencia energética global, con presencia en cinco continentes, con refinerías propias en tres países y con el futuro más prometedor de América Latina. Ese momento existió y fue real. Lo que vino después también fue real, el traidor mayor, hoy felizmente difunto y sus herederos hicieron su mejor esfuerzo por entregar lo nuestro, por desmantelar su propia caja chica, creando con premeditación y alevosía la industria del narcotráfico en la que sí han sido exitosos y han expandido sus tentáculos, todo con tal de mantenerse en el poder y amasar inmensas fortunas personales.

Por eso insisto en documentar cada semana los hechos que protagoniza la peor plaga que ha azotado a nuestra amada patria.  Conocer la historia es de suma importancia para ilustrar a las nuevas generaciones y enseñarles las causas exactas de la destrucción de la riqueza nacional. Hoy en día solo quedan las cenizas de lo que fue PDVSA, la empresa petrolera de mayor crecimiento en el planeta y que, en menos de 20 años, se había transformado en la segunda corporación energética más importante del mundo. Al observar las insólitas e interminables colas en las estaciones de servicio para surtirse de combustible en el país con las mayores reservas de crudo del mundo, uno no puede menos que experimentar una profunda sensación de indignación y desolación. Pero claro, habrá que agradecerle al proceso revolucionario este extraordinario milagro de la alquimia al revés: lograr que el oro negro se convirtiera en escasez y que el país que flotaba sobre un océano de petróleo terminara importando gasolina en cisternas oxidadas. Un logro digno de estudio en las facultades de economía, o en los manuales de comedia negra.

Para 1999, cuando el presidente Chávez accedió al poder, PDVSA tenía un potencial de producción del orden de los 3,7 millones de barriles diarios y Venezuela se aprestaba a superar los 5,5 millones gracias a la Apertura Petrolera, que se hallaba en pleno desarrollo. Las ventas de nuestra casa matriz alcanzaban los 35.000 millones de dólares anuales, a pesar de que el precio del barril rondaba apenas los 12 dólares. La capacidad de nuestras refinerías, tanto en el país como en el exterior, se acercaba a los 3 millones de barriles diarios. La producción petroquímica de Pequiven alcanzaba los 4,1 millones de toneladas al año, la de carbón 5,1 millones de toneladas y producíamos casi 5 millones de toneladas anuales de Orimulsión, hoy destruido. En 1998 Venezuela era propietaria, total o parcial, de más de 20 refinerías en el mundo. Tan solo en territorio nacional contábamos con seis: el Complejo Refinador de Paraguaná, en su momento el más grande del mundo, integrado por Amuay, Cardón y Bajo Grande, El Palito en Carabobo y las refinerías de Puerto La Cruz y San Roque en el oriente. La capacidad interna de refinación alcanzaba los 1,3 millones de barriles diarios, abastecíamos con holgura el mercado interno e internacionalizábamos nuestra producción exportando combustible a todo el Caribe. En Estados Unidos éramos dueños, total o parcialmente, de 8 grandes refinerías: Corpus Christi (100% propiedad de Citgo), Chalmette (50%), Lake Charles (100%), Paulsboro (100%), Lemont (100%), Sweeny (100%), Savannah (100%) y Lyondell (42%). Teníamos participación en oleoductos que atravesaban ese país de sur a norte, controlábamos el 10% del mercado interno estadounidense de gasolina y éramos capaces de llevar nuestro petróleo desde los yacimientos zulianos u orientales hasta el tanque del automovilista norteamericano a través de una red de 17.500 estaciones de servicio abanderadas con la marca CITGO. El crudo transitaba en todo momento por instalaciones venezolanas: pozos, refinerías, terminales, tanqueros, oleoductos y puntos de venta. Contábamos con una integración vertical perfecta. En el Caribe poseíamos refinerías en Curazao y en las Islas Vírgenes (St. Croix, 50% en asociación con Hess). En Europa contábamos con cuatro refinerías en Alemania (50% en alianza con Ruhr Oel ) y varias más en Suecia, Bélgica y el Reino Unido mediante Nynas. La capacidad global de refinación bordaba los 3 millones de barriles diarios (1,3 millones en Venezuela, 950.000 en EE. UU., 265.000 en Europa y casi 600.000 en el Caribe).

Resulta ciertamente admirable la eficiencia quirúrgica con la que la "soberanía patriótica" liquidó semejante imperio industrial. Hizo falta un verdadero compromiso ideológico para lograr que una corporación multinacional hiperintegrada, codiciada en los cinco continentes y con flujo de caja garantizado, terminara reducida a una caja chica de favores políticos, remates judiciales y chatarra oxidada. Definitivamente, la "soberanía" sale carísima cuando se paga con la ignorancia de los administradores. Hoy, mientras el ciudadano común pasa tres días de pie bajo el sol para abastecer 20 litros de gasolina adulterada, los teóricos del régimen nos explican con soltura que la culpa es del "bloqueo imperialista", del sabotaje cósmico y de la alineación de los planetas. Es comprensible: reconocer que quebraron la gallina de los huevos de oro por incompetencia, corrupción y saña requeriría una honestidad que jamás ha estado en el presupuesto del proyecto político. Todo lo antes expuesto lo destruyó la revolución. Hoy no somos más que un productor marginal y un exportador insignificante. Ya ni siquiera somos capaces de abastecer nuestro deprimido y colapsado mercado interno de gasolina, mientras el pueblo sigue haciendo colas humillantes. No menos importante es el hecho de que toda la plantilla nacional de expertos y las generaciones de geólogos, ingenieros en petróleo y todas las especialidades, emigraron obviamente y hoy en dia están sirviendo a otras empresas de todo el mundo. Cuesta asimilar cómo, a la luz de los escombros, todavía pueda existir gente dispuesta a rendirle culto a los arquitectos de esta ruina. Son tan arrastrados que no muestran la más mínima vergüenza de estar bailando pegado con los gringos luego de pasar casi 30 años maldiciendolos en cada discurso y cada acción, este interinato/triunvirato impostor e irrito muestra lo peor de la raza humana. Mi trabajo y mi esfuerzo están y estarán siempre signados por la denuncia y el enfrentamiento contra estos desalmados.

 Acción y progreso por Venezuela!



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