Es comprensible que en un país que lleva años sometido a la total oscuridad, en todos los sentidos de la palabra, cualquier cambio parece sospechoso, nos mal acostumbramos al maltrato y la esperanza parece una trampa. Es lógico desconfiar cuando te han humillado tantas veces, pero hay una diferencia entre la prudencia inteligente y el pesimismo que ya no distingue entre lo que sigue igual y lo que auténticamente cambió. En esta metamorfosis Venezuela no está donde quiere estar, eso es verdad, pero tampoco está exactamente donde estaba. Y esa distancia, aunque parezca pequeña, importa. El desespero es humano y comprensible, sobre todo cuando el bolsillo duele y el futuro no se ve claro, pero el desespero sin memoria es peligroso porque hace creer que nada ha cambiado cuando en realidad algunas cosas si han cambiado. No todo, no lo suficiente, no tan rápido como quisiéramos, pero algo se movió y ese movimiento tiene consecuencias que vale la pena nombrar sin triunfalismos pero también sin ingratitud. Reconocer lo que avanzó no es conformarse con poco, es tener el mapa completo para saber cuánto falta todavía.
Por eso he querido escribirles a mis hermanos venezolanos, especialmente a los habitantes de mi estado Monagas, muchos de los cuales me contactan producto del desespero y tienen toda la razón, ante la constante devaluación del bolívar frente al dólar y una realidad en la que ya no se vive: se sobrevive con el sueldo más miserable del mundo.
Les recuerdo algo muy importante: si el gobierno de los Estados Unidos no hubiera extraído el pasado tres de enero al extranjero, Nicolás Maduro, Cuba seguiría recibiendo crudo de forma gratuita, más de 100.000 barriles diarios, porque qué mejor muestra de "solidaridad revolucionaria" que regalar el petróleo de un pueblo hambriento. China continuaría comprando ese mismo petróleo a un 40% por debajo de su valor real, una ganga que solo los genios de la "diplomacia bolivariana" podrían haber negociado. Y el colombiano Alex Saab, ese humilde "diplomático" y socio predilecto de Maduro, seguiría ejerciendo altos cargos públicos en lugar de enfrentar su actual y merecida realidad jurídica ante los tribunales de los Estados Unidos.
A nivel humanitario, las excarcelaciones de presos políticos jamás habrían ocurrido porque liberar inocentes no estaba precisamente en la agenda de quienes los encarcelaron. Los calabozos seguirían llenos, recordándonos que el proceso está incompleto y que aún faltan presos políticos por salir.
Recordando desde la cárcel del exilio el terror que paralizó al país entre julio de 2024 y enero de 2026, cuando Diosdado Cabello, con su célebre "Operación Tun Tun", mantenía aterrorizado al país de forma dantesca, golpeando puertas en la madrugada como el más refinado exponente del civismo revolucionario, ha comenzado a ceder. Hoy, gracias a Donald Trump y a Marco Rubio, se ha permitido un retorno progresivo a las calles. Hay ciertas libertades de prensa, de circulación y de protesta, el hostigamiento ha disminuido drásticamente y el panorama político se ha modificado de forma irreversible.
Han ocurrido cosas de gran impacto que durante años los venezolanos quisimos ver y es posible que sigan ocurriendo. Los comprendo y soy el primero en desear que la transición sea rápida, mediante elecciones presidenciales libres e inmediatas, con observación internacional plena y vinculante.
No perdamos la confianza ni la fe. No olvidaremos que la saga de los herederos del traidor mayor, hoy felizmente difunto entregaron el país pero la realidad cercada de que más pronto que tarde estaremos en nuestra patria, aportando lo mejor de nosotros para su reconstrucción, nos alegra el alma y nos permite activar planes y caminar hacia la libertad plena ya con menos pausa.
¡Acción y progreso por Venezuela!
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