Dejemos de dar vueltas y hacer análisis extraordinarios, porque la mayor parte del peso de la desgracia en nuestra patria tan golpeada en esta larguisima y pésima racha de casi 3 décadas, está en los hombros y corazones de las Fuerzas Armadas venezolanas. No creo que haya habido en ninguna generación militar, desde que existe el ejército en nuestro historia, tanta deshonra, vergüenza y dolor como la que produce la bajeza y pérdida de valores de estos nefastos pilares de la dictadura instaurada por el traidor mayor, hoy felizmente difunto y su plaga heredera
Nuestros símbolos y referencias institucionales deberían ser el apoyo cívico, el orgullo patrio: Una bandera, una constitución, una institución que represente el orden y la protección. Cuando esa institución falla, cuando la que debía ser el último escudo se convierte en parte del problema, el daño que produce va mucho más allá de lo político o lo económico: toca la identidad, la confianza y la dignidad de una nación entera. Venezuela vivió esa traición en carne propia durante décadas. Vió cómo quienes portaban el uniforme de la república fueron cediendo, primero la independencia, luego la neutralidad, luego la decencia y finalmente hasta la vergüenza. Lo hicieron gradualmente, cómodamente, convenciéndose de que el poder los protegería para siempre y de que la historia tiene mala memoria.
Una vez que se consolide el colapso definitivo del chavismo y muy pronto por lo que se ve, es imperante una revisión sin contemplaciones a las Fuerzas Armadas, uno de los países que me ha dado acogida durante este exilio, Costa Rica, por ejemplo, hace 77 años después de haber pasado por dictadura y guerra civil, abolió su ejército para proteger a los gobiernos civiles, cambiar balas por libros: el dinero de las armas se invirtió en escuelas, hospitales y cultura; además y más importante, pasar a ser un país pacifista que defiende su soberanía con leyes y diplomacia, no con guerra.
En su inmensa mayoría, los militares venezolanos pasaron de proteger la soberanía y la democracia a actuar como vulgares fanáticos y militantes de partido. La complicidad no fue exclusividad del alto mando: casi todos los rangos convirtieron alcabalas, aduanas, puertos y aeropuertos en cajas chicas personales, disfrazando el crimen financiero y la extorsión con un uniforme verde oliva.
Es una ironía casi poética ver la metamorfosis del soldado patriota. Ayer vociferaban consignas antiimperialistas con el puño en alto, hoy se pasean por Miami y Madrid como distinguidos hombres de negocios, manejando concesionarios, consorcios inmobiliarias y restaurantes pagados con el hambre de Venezuela. Es el milagro económico de la revolución: entrar al cuartel sin un centavo y salir convertido en magnate internacional.
Las huellas del saqueo que se puede recordar. De la consigna al paraíso fiscal: el dinero que debía reparar la red eléctrica o equipar hospitales terminó en bancos extranjeros, manchado por la tragedia nacional.
El camuflaje civil: creen que el olvido se compra quitándose el uniforme. Desde el Plan Bolívar 2000 hasta el desfalco de CADIVI, los nombres y apellidos de los ministros de uniforme y sus obras inexistentes están a la vista de todos. Leales al delito: el 28 de julio de 2024 avalaron en bloque el fraude electoral de Nicolás Maduro.
Capitulo especial para el mayor cómplice,descarado y sinvergüenza- Vladimir Padrino López, Ministro de la defensa, apéndice del PSUV, por 11 años, sancionado por EEUU, con recompensa de 15 millones de dólares por su cabeza y la UE por denuncias de DDHH en protestas, ahora le quieren lavar la cara y seguir burlándose de los venezolanos dándole el ministerio de agricultura a este servil militar arrastrado.
Él y sus secuaces, meses después, ante la firmeza de Estados Unidos y Donald Trump, prefirieron esconderse y ensayar su mejor cara de amnesia selectiva.
Qué valientes resultaron para torturar ciudadanos desarmados y ceder el territorio a la bandera cubana, a guerrilleros colombianos y a grupos irregulares. Pero qué eficientes salieron para sobrefacturar con empresas fantasma y negociar con el crimen organizado. No hay nada más antivenezolano que robarle el futuro a su propia gente. Cuando la historia registre la peor crisis del continente, en la misma página, frase y foto del desastre, aparecerá indeleble y vergonzosamente el uniforme militar venezolano.
Allá ellos y su conciencia, mi tarea de enfrentarlos sigue a toda máquina, preparándonos para retomar la mejor tarea que sabemos hacer: gestión de gobierno.
¡ Acción y progreso por Venezuela!
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