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Ex-alcalde, Constituyentista, ex-diputado AN, y ex-gobernador del Estado Monagas. Luchador incansable por el rescate de la democracia en mi patria VENEZUELA.

sábado, 14 de marzo de 2026

SALARIO DE MISERIA: SOBREVIVIR Y DEFENDER AL RÉGIMEN


Es bien triste concluir que, el hambre no sólo vacía el estómago, sino que termina por dañar el juicio. Es una de las atrocidades más amarga de este plan de destrucción de nuestra patria iniciado por el traidor mayor, hoy felizmente difunto y profundizado por sus nefastos herederos: ver cómo el verdugo logra que la víctima le sostenga el látigo. No es falta de inteligencia, es el resultado de un laboratorio de supervivencia donde la dignidad se cambia por un bocado y la libertad se vuelve un lujo que les parece inalcanzable.

Como siempre, solo documento y desenmascaro no busco explicar la economía, sino asomarme al barranco donde cayó una sociedad en la que el sentido común ha sido secuestrado por la necesidad. ¿En qué momento el miedo se disfrazó de lealtad? Es muy doloroso ese malestar terrible que nos hace caer en cuenta de que la logica se pierde y la realidad parece un chiste de mal gusto que quisiéramos dejar de contar.

¿Cómo es posible que alguien salga a las calles a exigir la libertad de Maduro y Cilia de quienes los han condenado a la pobreza más extrema del planeta? Es una pregunta que desafía la lógica, sacude la conciencia y revela la profundidad del daño que la narcorevolución han causado en el tejido social venezolano. El salario mínimo en Venezuela cumple este mes cuatro años completamente congelado. Cuatro años en los que el tiempo pasó, la inflación arrasó y el bolívar se pulverizó pero el gobierno de Nicolás Maduro no movió un solo centímetro para proteger el ingreso de los trabajadores. Los 130 bolívares fijados como salario base, que en marzo de 2022 equivalían a 30 dólares, hoy representan apenas 0,30 centavos de dólar. No es un error tipográfico: en cuatro años, el salario mínimo venezolano perdió el 99% de su valor real. Es la destrucción más sistemática y documentada del poder adquisitivo de un pueblo en toda la historia reciente del mundo. Las cifras son brutales en su crudeza. La cesta básica de consumo por hogar escaló un 715,55% en moneda nacional y un 48,3% en dólares al cierre de enero pasado. La canasta alimentaria familiar se ubica en 677 dólares mensuales, mientras que el salario mínimo apenas alcanza para cubrir el 0,05% de ese costo. Dicho de otra manera: un trabajador venezolano necesitaría cobrar más de 1.700 salarios mínimos para poder alimentar dignamente a su familia. Eso no es una crisis económica. Eso es una política deliberada de empobrecimiento para tener al pueblo humillado y de rodillas. Y sin embargo, hay quienes marchan. Hay quienes levantan carteles, gritan consignas y exigen la liberación de Maduro y de Cilia Flores, la pareja que convirtió el Estado venezolano en un feudo familiar y un fortín del narcotráfico internacional. Verlo produce una mezcla de estupor y tristeza. No se trata de juzgar a los más vulnerables, muchos marchan por miedo, por clientelismo, por la bolsa de comida que depende de la lealtad política, sino de nombrar, sin eufemismos, lo que está ocurriendo: un régimen que ha destruido el salario, la salud, la educación y la libertad de su propio pueblo y que aún así consigue movilizar a una porción de ese pueblo en su defensa. Desde la cárcel del exilio retomo lo dicho al inicio y que nos desquicia pensandolo, este es el legado de la narcorevolución bolivariana: no solo la ruina económica, sino la ruina moral de un proyecto político que prometió redención y entregó esclavitud disfrazada de ideología. Venezuela no merece esto. Y el mundo no puede seguir mirando hacia otro lado.

Hemos avanzado sí, en lo político y se ven los destellos de una gigantesca bonanza económica,  eso es seguro pues somos bendecidos por Dios con enormes riquezas naturales, pero vistas las incongruencias de un pueblo que sufre un daño moral tan profundo el trabajo más detallado y fundamental para tener una población con criterio, con libertades plenas, sin miedo y libre realmente, es vital.

Vamos adelantando lo posible por hacerles ver que podemos ser coherentes sin ser castigados.

Seguimos, sin pausa y con fe de que lograremos llegar a ese fondo corroido y sanarlo. 

¡Acción y progreso por Venezuela!


José Gregorio Briceño Torrealba 


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