Esta etapa en la realidad de nuestro país es por demás anecdótica y a veces increíble, en una realidad donde el lobo no solo se come a las ovejas, sino que después de hartarse le dan el cargo de pastor oficial, lo que en criollo llamamos "zamuro cuidando carne". No es fábula, ha sido el manual de instrucciones de los jerarcas del régimen venezolano actual. Al farsante que durante años fue la mano que llenaba las jaulas, colocaba las mordazas y obligaba los silencios definitivos, se le acabó el tiempo a este otro pastor , continuidad maquiavélica de la anterior arpía y cómplice, que igualmente tejía telarañas de impunidad para complacer al traidor mayor, hoy felizmente difunto que odiaba tanto al pueblo, que como siempre, en esta nefasta temporada de terror de 27 años, miraba desde las gradas de la pobreza extrema, esperando que algún día el circo terminara y comenzara la justicia de verdad.
Ese anhelo va siendo realidad, pasan cosas a favor de Venezuela y todas encaminadas a recuperar todos los derechos humanos que estas lacras nos arrebataron.
Cómo muestra, el pasado miércoles 25 de febrero se conoció la renuncia del Fiscal General de Venezuela, Tarek William Saab, quien puede ser catalogado, con sobradas evidencias y sin el menor pudor de afirmarlo, como el peor fiscal de toda la historia venezolana desde que se fundó la institución el 26 de noviembre de 1961. Claro siempre hay que ver el lado positivo: en sesenta y cuatro años de historia institucional, Venezuela finalmente logró un récord digno de exportar. No cualquier país puede presumir de haber producido un fiscal tan ejemplarmente execrable. Deberían ponerle una placa. Tarek William Saab se vendió siempre ante el mundo como defensor de los derechos humanos. Escribió poemas, dio discursos, alzó el puño. Y resultó ser un monstruo declarado enemigo de esos mismos derechos que juraba defender. Llegó a la Fiscalía General en agosto de 2017 y desde el primer día comenzó a tejer una vasta telaraña de corrupción, convirtiéndose en el brazo ejecutor de todas las atrocidades ordenadas por Diosdado Cabello y Nicolás Maduro.
Qué poesía tan conmovedora la suya. Literalmente: el hombre que escribía versos sobre la dignidad humana mientras firmaba órdenes para destruirla. Un artista completo, de esos que no se forman en ninguna escuela de literatura.
A apenas cinco meses de asumir el cargo, pudimos presenciar la dantesca Masacre del Junquito, el 15 de enero de 2018, donde ejecutaron en vivo y en directo, al digno y valiente venezolano Óscar Pérez y a sus seis acompañantes, incluyendo una mujer embarazada. Óscar Pérez estaba transmitiendo su rendición en tiempo real. No tuvieron piedad ni misericordia: lo bombardearon y no conformes con eso, después de muerto le dispararon en la cabeza. A un hombre que ya se había rendído ante sus redes sociales. Pero tranquilos que Tarek William tenía todo bajo control jurídico. Seguramente revisó el expediente, analizó las pruebas, ponderó el debido proceso, simplemente no hizo nada. Porque para eso es fiscal: para garantizar la impunidad con sotana institucional.
Ese mismo año, en octubre de 2018, fue detenido en el aeropuerto de Maiquetía el concejal Fernando Albán. Lo apresó el SEBIN y pocas horas después, desde la sede de ese organismo en Plaza Venezuela, su cuerpo cayó desde el décimo piso. Tarek William Saab salió ante los medios a afirmar, con toda la desfachatez del mundo, que se trataba de un suicidio. Un hombre bajo custodia del Estado venezolano. En un edificio custodiado. En manos del SEBIN. Un asesinato descarado. Un suicidio en custodia estatal: el tipo de tragedia que solo puede explicarse si uno tiene una imaginación prodigiosa o una absoluta falta de vergüenza. Tarek William demostró poseer ambas cualidades en cantidades industriales. Hay que reconocérselo.
Es importante refrescarle la memoria a todos los venezolanos: el director del SEBIN para la fecha de ambos hechos era el general Gustavo González López, incondicional histórico de Diosdado Cabello. González López fue director del despacho de Cabello desde 2004, cuando este era gobernador del estado Miranda. Ha sido el ejecutor no solo de la Masacre del Junquito y del asesinato del concejal Albán, sino de los miles de ejecuciones extrajudiciales que quedaron documentadas en los informes de la ONU. Es además el mismo hombre que en los años 2015 y 2017 ordenó mi secuestro en Costa Rica con veinte hombres al mando del comisario Carlos Calderón, jefe de investigación del SEBIN, con el objetivo de pasarme ilegalmente por la frontera hacia Nicaragua. Esa misma mano criminal que opera más allá de las fronteras es la que actuó en Chile, cuando Diosdado Cabello ordenó el asesinato del teniente Ronald Ojeda. La fiscalía general de Chile señaló públicamente que Diosdado Cabello era el autor intelectual de ese crimen. El historial delictivo y sanguinario de Diosdado Cabello se remonta al año 2012, cuando ordenó mi asesinato en un gimnasio en Maturín. En el ataque murió un guardaespalda mío y un sicario, y fue detenido otro cuyo padre vivía a cuatro casas de la madre de Diosdado, en el pueblo de El Furrial. Una simple coincidencia geográfica, sin duda. En Venezuela abundan los sicarios con vínculos familiares a cuatro casas de sus mandantes. Es un país muy pequeño y con mucha casualidad concentrada. Tarek William Saab es también quien acusó, sin una sola evidencia ni prueba verificable, a nueve jóvenes oriundos del estado Monagas en plena pandemia del año 2020, fabricando un supuesto y nunca demostrado atentado terrorista contra Diosdado Cabello. Mi nombre también figura en ese expediente. De esos nueve jóvenes, uno murió por falta de atención médica mientras permanecía detenido en la cárcel de la Pica y los demás acumulan ya seis años de prisión injusta. Esa es una de las mayores infamias que se le han hecho al pueblo monaguense.
Ese mismo año 2020, Tarek William Saab me abrió otro expediente —el número NP01-P-2020-001140— imputándome como supuesto miembro de una célula terrorista internacional cuyo objetivo era derrocar a Nicolás Maduro. Sin pruebas. Sin proceso. Con la misma ligereza con que se firma un memorando interno. Fabrican pruebas y montan expedientes judiciales como si estuvieran en una arepera exprés. La justicia venezolana tiene la misma solidez que un castillo de naipes en día de viento: se sostiene únicamente porque nadie con poder real se atreve a soplarlo. Porque el viento, en Venezuela, también lo controlan ellos. Y ahora viene lo verdaderamente insólito, lo que resume con una claridad brutal el estado de putrefacción moral de este régimen: Tarek William Saab, el hombre que durante años firmó acusaciones del Estado contra ciudadanos inocentes, que avaló torturas, muertes en custodia, masacres y persecuciones políticas, acaba de ser nombrado Defensor del Pueblo de Venezuela. ¡Defensor del Pueblo! El acusador, convertido en defensor. El verdugo, promovido a abogado de las víctimas. Si esto fuera una novela, ningún editor serio la publicaría: le dirían al autor que el personaje no es creíble, que nadie puede ser tan cínico, que el lector no se lo va a tragar. Pero en la Venezuela de Delcy Eloina y Diosdado Cabello, la realidad supera con creces a la ficción más delirante.
Pensándolo bien, desde la cárcel del exilio, eso solo es posible en una revolución tan podrida y descarada como la venezolana, donde los criminales ascienden, los inocentes son encarcelados, los muertos son estadísticas sin justicia y el pueblo sigue esperando que alguien, algún día, rinda cuentas. Mientras tanto, Tarek William Saab esta desempleado, seguramente sigue genuflexo y creo que la inspiración para sus poemas será proveniente de las miles de familias que destruyó con su servilismo y maldad.
Los que tenemos la conciencia tranquila seguimos celebrando cada acción y cada decisión tutelada que nos acerque a la libertad plena. Agradecido por acelerar nuestra causa, que por mucho tiempo dimos como abandonado. Repotenciado y con la energía más positiva para dar lo mejor de mis capacidades sigo con ¡Acción y progreso para nuestra Verdadera!
José Gregorio Briceño Torrealba
X: @josegbricenot
Tiktok :@josegatobricenot3
Instagram y Facebook: @josegbricenot2
gatobriceno.blogspot.com