Informacion

Ex-alcalde, Constituyentista, ex-diputado AN, y ex-gobernador del Estado Monagas. Luchador incansable por el rescate de la democracia en mi patria VENEZUELA.

sábado, 26 de septiembre de 2026

MIENTRAS DELCY SE ARRODILLA EN LA ONU ANTE SU AMO , MARIA CORINA REGRESARÁ SÍ O SÍ

Con una sola imagen, sin palabras, se pueden desmontar 

décadas de manipulación, de consignas furibundas y retadoras al imperio y la verdad, uno no sabe si reír o indignarse con los desmanes de esa mafia concebida por Chávez asesorado por los Castro y heredada por una especie de humanoides sinvergüenzas que necesitaban a ese "enemigo imperial" para justificar su esencia "revolucionaria y salvadora de la patria". Además, ver lo arrastrada que es la dictadora sustituta, da pena ajena, aunque realmente los 3 que conforman el triunvirato sucesor lo son, es obvio que con estas exhibiciones de la mano del gobierno estadounidense se terminan de delatar, son  los traidores que entregaron a Maduro, a quien por cierto ni lo nombran ya.

Por eso, como venezolano, ver esa fotografía de la ilegítima Delcy Rodríguez estrechando la mano de Donald Trump es, cuanto menos, decepcionante. Pero seamos objetivos, es también el retrato perfecto de una tragicomedia política. Ese instante me hizo recordar el nefasto Acuerdo de Barbados, cuando la administración del presidente Biden, la narcotiranía de Maduro y una oposición que a veces parece más decorativa que funcional firmaron un pacto que solo sirvió para darle oxígeno a la dictadura. Hoy, tras la extracción de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, acción respaldada por más del 90 % de los venezolanos, la realidad golpea con fuerza. Y aquí viene la primera gran ironía: mientras la abrumadora mayoría celebra que se empiece a hacer justicia, la propaganda oficial intenta vender el espejismo de un pueblo que supuestamente sigue siendo chavista.

Soy de los venezolanos que cree firmemente que los estadounidenses se han equivocado de estrategia al dejar en el poder a una figura abiertamente enemiga de Occidente, manteniendo toda la estructura criminal intacta bajo el mando de uno de sus jerarcas más sanguinarios: Diosdado Cabello. Pretender democratizar un régimen manteniendo a sus verdugos en el timón es como si en la Segunda Guerra Mundial hubiesen decidido dejar a Goebbels a cargo de Berlín para garantizar la estabilidad regional. La diplomacia internacional a veces parece guiada por la máxima de negociar con el diablo, no para redimirlo, sino para que no queme el vecindario. Ahora bien, ver a Delcy Rodríguez escuchar en la ONU el discurso de Donald Trump, donde tildó a Maduro de asesino, narcotraficante y terrorista, sin esbozar el más mínimo gesto de indignación revolucionaria, roza el teatro del absurdo. La cúspide de la comedia llegó con la propia intervención de Delcy: un despliegue de sonrisas y agradecimientos dirigidos a Trump, sin mencionar ni una sola vez a Hugo Chávez ni a su "hermano" Nicolás Maduro. En cuestión de minutos, décadas de "antiimperialismo feroz", la "resistencia contra el yugo yanqui" y la "lealtad absoluta" se disolvieron en el aire. La lealtad y los principios de la izquierda chavista nunca fueron convicciones, siempre fueron simple utilería de ocasión. La revolución que antes gritaba ¡Patria, socialismo o muerte! ahora susurra respetuosamente, gracias, Míster Trump, por la foto.

Resulta fascinante observar cómo la retórica de la "dignidad soberana" se flexibiliza cuando de supervivencia política se trata. De la noche a la mañana, el "imperio mismo" pasó de ser la fuente de todos los males del planeta a convertirse en el tribunal al que se le rinde pleitesía con la mejor de las sonrisas. La diplomacia del régimen demostró que su única doctrina real es el pragmatismo descarado: si para conservar el poder hay que archivar al "Comandante Eterno" en el baúl de los recuerdos y borrar la foto de Maduro, se hace sin que les tiemble el pulso ni un segundo. Paralelamente, ver algunas marchas organizadas en Venezuela en apoyo a Delcy obliga a preguntarse: ¿la gente que acude a esas convocatorias estará en sus plenos cabales tras presenciar semejantes barbaridades? ¿Acaso sufren de una amnesia doctrinaria repentina y ya no conocen a Chávez ni a Maduro? Para borrar de un plumazo a sus propios referentes ideológicos en un acto internacional hay que ejercitar una capacidad de negación que roza lo sobrenatural. O quizás la explicación sea más simple: la militancia no era por una causa ni por un país, sino por la inercia de rendir culto a quien ostente el sello del poder de turno.

Reflexiono desde la cárcel del exilio  y concluyó que al final, la fotografía de Delcy con Trump no es una anomalía: es la confirmación de que el chavismo, en su fase actual, se comporta como un cuerpo sin alma que se aferra al poder con la misma dignidad con la que un náufrago se agarra a una tabla. La diferencia es que el náufrago sabe que se está hundiendo, mientras que aquí pretenden convencernos de que están navegando en el paraíso socialista. Ironías de la historia. Ante semejante espectáculo de cinismo y decadencia, la única salida real es la fuerza de la gente. La situación exige que apoyemos unánimemente el regreso de María Corina Machado a Venezuela para que levante un gran huracán indetenible de pueblo que fuerce el adelanto de elecciones presidenciales bajo verdadera presión ciudadana. Esta treta de crear una barrera de cómplices del chavismo y comprar conciencias para impedir que ingrese al país es una muestra más de que el liderazgo genuino les da pánico. María Corina regresara si o si, mas temprano que tarde. Es la única vía clara para terminar de desmontar y derribar este estado criminal que mantiene secuestrada a la patria.

¡Acción y progreso por Venezuela!


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sábado, 19 de septiembre de 2026

EL CAPO SE BURLA DE LA TRANSICIÓN- REPRESIÓN SIN COMPASIÓN


Cambiar al que manda no es cambiar como se manda y peor aún cuando, así pasa en la narcodictadura venezolana, la línea de mando y sus micro reinados, tienen autonomía en decisiones importantes como las que se refieren a la justicia. Los desalmados de la cúpula narcochavista, herederos del traidor mayor, hoy felizmente difunto y el personal subalterno siguen envenenados de odio y resentimiento por el pueblo venezolano. Eso no ha cambiado ni cambiará mientras tengan una pizca de poder, porque a pesar de que en la actualidad se ha requete demostrado el nivel de traición y entreguismo que tienen al arrodillarse sin vergüenza a toda orden emanada por el gobierno de los Estados Unidos, en esta fase de tutelaje y transición luego de la extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores, dan lo que sea por mantenerse demostrando autoridad. El simple placer de hacer daño sin ton ni son tiene nombre y es quien creó y maneja hasta ahora el aparato represivo: el capo del Cártel de los Soles, Diosdado Cabello Rondón. 
La detención arbitraria de Javier Oropeza, exalcalde de Carora, estado Lara, apenas 48 horas después de llegar a Venezuela, parece confirmar que algunas costumbres del poder no cambian ni aunque cambien los discursos. Lo he dicho y lo he escrito: mientras Diosdado Cabello siga de ministro, los derechos humanos seguirán tratados como un chiste de mal gusto. Eso sí, un chiste con presos, persecución y miedo. Pero tranquilos: nos dicen que estamos ante una nueva etapa.
Qué bonito ¿no? El gobierno interino nos vende “cambios” y “apertura”. La ONU, en cambio, habla de “cambios cosméticos”. Maquillaje para la foto. Brocha nueva, iluminación distinta y la misma pared llena de grietas. Porque cuando alguien se sale de la raya, ¡sorpresa!, aparece el viejo aparato represivo, puntual como siempre. Es la versión institucional de la Espada de Damocles: suspendida sobre la cabeza de todos pero administrada con una sonrisa y un comunicado de prensa.
Sofía Macher, presidenta de la Comisión Internacional de la ONU para Venezuela, lo dijo con claridad: “El aparato está listo para reprimir”. ¿La respuesta? Cambiar algunos jefes y dejar intactas estructuras y mandos medios capaces de ejecutar las mismas prácticas. Es como cambiarle el lazo a un pitbull y anunciar, con solemnidad republicana, que ahora es un cachorro. Mucho maquillaje, misma mordida. La captura de Maduro fue presentada como un “punto de inflexión”. Tal vez lo sea. Pero una cosa es cambiar al ocupante del despacho y otra muy distinta desmontar las estructuras que durante años han servido para perseguir, intimidar y silenciar. La verdadera prueba de una transición no está en las fotografías oficiales ni en los discursos sobre apertura: está en qué ocurre con los presos políticos, con la sociedad civil, con la oposición y con quienes se atreven a disentir. Y mientras tanto, siguen vigentes mecanismos legales e institucionales utilizados para controlar a la sociedad civil y limitar a la oposición. Qué oportuno, ¿no? Cambiamos el decorado pero dejamos intacto el escenario. Después nos sorprende que alguien pregunte si realmente cambió la obra.
La conclusión debería ser bastante menos cómoda para quienes administran esta supuesta transformación: no basta con sustituir nombres, reorganizar despachos ni prometer una “nueva etapa”. Hay que desmontar de verdad el aparato represivo, garantizar libertades, investigar los abusos y establecer controles civiles efectivos sobre las instituciones de seguridad. Y eso requiere presión, vigilancia y exigencias concretas de la comunidad internacional. Lo reitero y no me cansaré de escribirlo: mientras esté el sanguinario y cobarde de Diosdado Cabello Rondón en el ministerio del interior, seguirán las mismas prácticas y violaciones de los DD.HH quien ha sido señalados por graves abusos y continúen ocupando esas posiciones de poder sin una revisión seria de sus responsabilidades, hablar de cambio corre el riesgo de convertirse en una operación de relaciones públicas. Sigo viendo como única salida es como la del pasado del tres de enero, porque malandro lo arregla es drones, pólvora y plomo. Una transición democrática no se demuestra con maquillaje. Se demuestra cuando el ciudadano puede disentir sin terminar detenido, perseguido o silenciado.
Porque una cosa es cambiar el discurso. Otra, bastante más difícil, es cambiar el sistema.
El que crea que esta crueldad ha cambiado vive en una nebulosa, sin un ápice de realidad, hasta el último día de su mandato, habrá tortura y terror para quien no los acepte como gobierno y los enfrente. 
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sábado, 12 de septiembre de 2026

LOS REYES DE LA CRUELDAD PIDIENDO INDULGENCIAS


Los infames abanderados del narcochavismo, reyes de la crueldad, han protagonizado en nuestro país y fuera también, no lo dudemos, infinidad de situaciones aberrantes, muchísimas han sido en extremo vergonzosas por su índole violatorio de todo estamento y otras desgarradoras por atentar contra la integridad humana sin miramientos. Una de esas situaciones, que ahora nos deja pasmados es ver a quien convirtió la crueldad en política de Estado, descubrir de repente que los derechos existen, que los tribunales importan y que aplicar las leyes es lo que debe ser, estan pidiendo indulgencias, como quien las merece por su inmaculada trayectoria. Pero no vaya a pensar usted que lo creen ahora por convicción, ni por evolución moral sino porque ahora lo necesitan. Esa transformación instantánea de verdugo implacable y con saña, a víctima, de quien niega garantías a quien las reclama, no es arrepentimiento ni es coherencia. Es la demostración más perfecta de que no tienen principios y cuando buscan en su escaso o nulo equipaje ético no encuentran cómo justificar su petición, pero como aberrantemente descarados que son, igual intentan obtener los beneficios de la ley, se trata de caer en cuenta de la gran diferencia enorme entre creer en la justicia y necesitar la justicia.

Siempre  en nuestras plegarias y nuestros escritos invocamos la creencia en la justicia divina y ahora cobra nueva vida cuando uno contempla la extraordinaria y desfachatada pirueta política de Cilia Flores solicitando libertad condicional ante un tribunal de Nueva York. Hay escenas que ningún guionista se atrevería a escribir por considerarlas demasiado inverosímiles. Esta, sin embargo, ocurrió. Resulta sencillamente fascinante ver cómo quienes durante años trataron las libertades civiles como un lujo burgués, el debido proceso como una molestia administrativa y la independencia judicial como una amenaza contrarrevolucionaria descubren, de repente, que los derechos humanos son una cosa estupenda cuando quien los necesita es uno mismo. Y qué magnífica oportunidad para recordar que el famoso imperio tiene algunas costumbres bastante incómodas. Por ejemplo, la de permitir que un acusado tenga abogado, que un juez escuche sus argumentos y que el Estado tenga que justificar sus decisiones. Qué barbaridad. Después de tantos años denunciando las perversiones del sistema estadounidense, resulta que algunas de sus perversiones son sorprendentemente útiles cuando se está sentado frente a un tribunal.

La escena tiene, además, un componente casi pedagógico. Durante años se nos explicó que Venezuela tenía una justicia soberana, independiente y ejemplar. Una justicia tan independiente que casualmente siempre parecía caminar en la misma dirección que el poder político. Tan soberana que los presos políticos podían pasar años encarcelados mientras las órdenes judiciales de libertad adquirían el misterioso destino de tantos documentos incómodos: el archivo de las cosas que nadie pensaba cumplir. Veo estupefacto desde la cárcel del exilio como obran los milagros de la geopolítica, el debido proceso vuelve a ser importante. Conviene detenerse un momento en los nombres de quienes no tuvieron la fortuna de ser protegidos por esa maravillosa doctrina cuando todavía estaban en Venezuela. Emirlendry Benítez fue brutalmente torturada mientras estaba embarazada, perdió a su bebé y quedó en silla de ruedas. Karen Palacios permaneció encarcelada pese a que un tribunal había ordenado su liberación. La jueza María Lourdes Afiuni sufrió el deterioro de su salud mientras estaba presa y tuvo que enfrentar una situación médica extrema. Daniela Figueredo murió con apenas 19 años en circunstancias vinculadas a la actuación de fuerzas estatales.

Ellas no tuvieron el privilegio de descubrir que el Estado debe respetar los derechos de una persona detenida. Para ellas, aparentemente, esa sofisticada teoría jurídica no estaba disponible.  Qué mala suerte.

Porque hay derechos que, según parece, funcionan como los paraguas: algunos gobiernos los consideran innecesarios mientras hace sol y los reclaman desesperadamente cuando empieza a llover. Y aquí aparece la parte verdaderamente deliciosa de la historia. Quienes convirtieron la cárcel en instrumento de intimidación política ahora necesitan confiar en un tribunal. Quienes despreciaron durante años las instituciones occidentales necesitan que una institución occidental los proteja. Quienes denunciaron las garantías de las democracias liberales como mecanismos de dominación ahora recurren a ellas para obtener exactamente aquello que negaron a sus adversarios. No deja de ser conmovedor.

Es como si un pirómano, después de incendiar media ciudad, apareciera en la estación de bomberos reclamando que, por favor, le respeten el derecho constitucional a ser protegido del fuego. Y, por supuesto, la democracia debe hacerlo. El Estado de derecho no funciona según el principio infantil de como tú no respetaste mis derechos, yo tampoco respetaré los tuyos. Funciona al revés: protege incluso a quienes no supieron proteger a los demás.

Esa es, quizá, la parte que más debería incomodar. Porque la democracia no es un club exclusivo para personas decentes. No exige certificado de virtud para conceder garantías. No pregunta al acusado si alguna vez defendió los derechos de otros antes de reconocerle los suyos. Y esa generosidad institucional es precisamente lo que hace que un Estado de derecho sea un Estado de derecho. Por eso la ironía resulta tan brutal.

Mientras en Venezuela se perseguía, encarcelaba y silenciaba a adversarios políticos, la retórica oficial hablaba de soberanía, revolución y dignidad nacional. Ahora, cuando el poder cambia de escenario y aparece la posibilidad de una decisión judicial adversa, la palabra garantías adquiere una importancia casi religiosa. Qué maravilla. El derecho internacional, los abogados, los jueces, las garantías procesales y hasta las instituciones del país que durante años fue presentado como el gran enemigo dejan de ser instrumentos del imperialismo y se convierten, convenientemente, en herramientas indispensables para la defensa. La coherencia ideológica, por supuesto, puede esperar.

Después de todo, hay principios que son eternos y otros que dependen de dónde esté sentado el acusado.

Quizá por eso este episodio tenga algo de justicia poética. No porque haya que alegrarse del sufrimiento de nadie, la justicia no debería confundirse con venganza, sino porque existe una lección particularmente incómoda en descubrir que las instituciones que uno despreció pueden terminar siendo las únicas capaces de garantizarle un trato justo. La historia tiene esas pequeñas bromas. Quienes ayer podían decidir quién entraba en una cárcel hoy necesitan convencer a un juez de que alguien debería dejarlos salir.

Quienes ayer hablaban de enemigos de la patria hoy necesitan que un tribunal extranjero respete sus derechos.

Quienes ayer parecían creer que el poder era una propiedad privada hoy descubren que existen jueces que no trabajan para ellos. Y quienes durante años presentaron la democracia estadounidense como una amenaza para Venezuela terminan depositando parte de su esperanza precisamente en las reglas de esa democracia.

Al final, nadie debería pedir para sí una justicia que jamás estuvo dispuesto a conceder a los demás. Aunque, claro, siempre queda la posibilidad de invocar la justicia divina. Esa sí que no necesita permiso de ningún tribunal.

Realmente esta situación que es tan irónica y a la vez es como un balsamo, afianza mi fe en ver de cerca muy pronto la libertad de mi amada patria 

¡Acción y progreso por Venezuela!



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sábado, 5 de septiembre de 2026

PRESOS POLÍTICOS: LA FICHA DE TRUEQUE MÁS SUCIA DEL RÉGIMEN

"Cuando los tiranos temen, encarcelan. Cuando los pueblos despiertan, liberan" — Nelson Mandela

En Venezuela, desde que la plaga narcorevolucionaria apareció, la libertad dejó de ser un derecho y se convirtió en una mercancía. Se arrebata, se compra, se negocia, se usa como ficha de cambio en mesas diplomáticas y se otorga o se niega según la conveniencia del momento. Cuando un Estado encierra a su gente no por lo que hizo, sino por lo que piensa, por lo que dijo o simplemente por estar en el lugar equivocado a la hora equivocada, ese Estado dejó de ser un gobierno y se convirtió en un aparato de persecución disfrazado de legalidad que condena sin pruebas y absuelve según lo que le ordene el verdugo mayor. Venezuela lo ha vivido durante décadas y lo sigue viviendo hoy, aunque últimamente intenten limpiar las miles de escenas del crimen hay muchísimos testigos que servirán para que más temprano que tarde sean juzgados. Esa realidad no desaparece por decreto ni se resuelve con excarcelaciones selectivas, mientras quede un solo inocente detrás de las rejas. Durante años, llenar los calabozos de opositores, activistas, militares disidentes y ciudadanos comunes fue la herramienta más barata y más efectiva para silenciar, intimidar, crear el mayor éxodo jamás visto y controlar hasta al mas humilde vecino. No necesitaron gastar en argumentos ni en pruebas: basta con la acusación de terrorismo, traición a la patria o conspiración para que cualquier venezolano desaparezca del mapa durante meses o años sin que nadie pueda hacer nada. Nada de este nivel de terror es accidental ni improvisado, todo ha sido sistemático, calculado y diseñado para que nadie se sienta a salvo, ni el adolescente que comenta genuinamente su malestar con el gobierno entre sus amigos. Cuando el régimen golpea puertas, anunciando que la operación perversa concebida y puesta en marcha por la peor bazofia del séquito del traidor mayor, hoy felizmente difunto: operación TUN TUN en la madrugada, cuando los funcionarios llegan encapuchados sin identificación, cuando una persona es detenida y su familia tarda semanas en saber dónde estaba, el mensaje no es solo para el detenido, es para todos los que lo conocen, para los vecinos que miran desde la ventana y para cualquiera que esté pensando en hablar, organizarse o simplemente preguntar. Sembrar el miedo es más efectivo que sacar el ejército a las calles. Fueron perfeccionando la perversión y llegó a su máxima expresión cuando el régimen decidió tener nuevas fichas de trueque, entonces los extranjeros encarcelados en Venezuela se convirtieron en moneda de cambio diplomática. El caso más escandaloso e ilustrativo fue el de los narcosobrinos: Efraín Antonio Campo Flores y Franqui Francisco Flores de Freitas, sobrinos casi hijos de Cilia Flores, capturados en 2015 por la DEA en Haití con 800 kilos de cocaína y declarados culpables en Nueva York de conspirar para traficar droga hacia Estados Unidos. ¿Qué hizo el régimen? Agarró a siete ciudadanos estadounidenses en Venezuela, los encerró y los usó como fichas de trueque. En octubre de 2022, Washington liberó a los narcosobrinos a cambio de esos siete americanos, allá deben estar de nuevo en su rol de mulas VIP del negocio familiar, pura diplomacia de la mala. El mismo manual se usó con Alex Saab, el testaferro colombiano de Maduro, extraditado a Estados Unidos, a quien el régimen llamó "diplomático secuestrado" mientras el mundo entero veía los registros de sus cuentas en paraísos fiscales. Venezuela encerró a más de diez ciudadanos americanos para negociar su liberación y finalmente logró el intercambio. La flamante política exterior del narcochavismo durante años.Y aunque les suene repetitivo, mi empeño por escribir la historia me dice que es necesario
repetir, entre los casos más emblemáticos que ilustran esta realidad a nivel nacional está el
de la jueza María Lourdes Afiuni, detenida en diciembre de 2009 después de que Hugo
Chávez pidió en cadena nacional que la condenaran a 30 años de cárcel, la pena máxima
en Venezuela. Su delito fue aplicar la ley: otorgó libertad condicional al banquero Eligio
Cedeño, cuya detención había sido calificada como arbitraria por el Grupo de Trabajo de
Naciones Unidas. Por cumplir con su deber como jueza independiente, Afiuni pagó con
cárcel, arresto domiciliario, violaciones, un aborto forzado y más de 16 años de calvario
judicial. Su caso partió en dos la historia de la independencia judicial en Venezuela y se
convirtió en el símbolo más doloroso de lo que le hace un régimen sin escrúpulos a quien se
atreve a tener autonomía en sus decisiones con honestidad. Finalmente, el pasado 7 de
agosto de 2026, obtuvo su libertad plena después de que el caso que nunca debió existir,
fue cerrado definitivamente. En resumen, solo tenemos estadísticas confiables desde 2014
cuando esta ONG conformada por un grupo de abogados y denominada Foro Penal, asume
la ardua y heroica tarea de cuantificar, calificar y atender a quienes han sido detenidos
arbitrariamente por causas políticas. Y es aberrante ver que en 12 años se han hecho por
parte de la dictadura 19.210 detenciones de este tipo. De ellos, más de 14000 casos han
sido mayormente excarcelaciones, otra herramienta para mantener a todos con miedo.
Necesito insistir ya que me toca de muy cerca, en un caso que los monaguenses conocen,
que nos duele de manera particular y que tiene además un ingrediente adicional de
perversidad política, es la llamada Causa 2020. Todo comenzó con un mensaje que le llegó
al teléfono de Luis Villarroel en abril de 2020 que decía "Vamos a ir por Dios", en alusión
supuesta a Diosdado Cabello. Eso fue suficiente para que se desencadenara un viacrucis
que terminó con la detención arbitraria de César Belfort, Enrique Parada, Francisco
Marcano, Daniel Aguilera, Víctor Farías, Carlos Pérez y Ramón Cruz, personas que según
todas las denuncias ni siquiera se conocían entre sí al momento de ser arrestadas.
Lo que el régimen no dijo nunca, pero que en Monagas todos saben, es que detrás de esta
causa había un objetivo político adicional y personal: señalarme a mí, como autor intelectual
y cerebro de un supuesto complot que nunca existió. Era una forma de golpear desde la
distancia al liderazgo que ellos sabían que seguía vivo en el corazón de los monaguenses
aunque yo estuviera en el exilio. Encerrar a gente inocente y colgarme a mí la etiqueta de
conspirador era matar dos pájaros de un tiro: aterrorizar a los míos y tratar de destruir mi
nombre. No lo lograron en ninguno de los dos frentes.
El 26 de mayo de 2026, la jueza Verónica Giardinelli del tribunal segundo de juicio de
Monagas condenó a siete de estos ciudadanos a penas que van de 8 a 26 años de cárcel,
en un proceso que ya sumaba casi seis años de privación arbitraria de libertad, con tres
juicios interrumpidos por falta de evidencia. Uno de los detenidos, Gabriel Medina Díaz,
murió en agosto de 2021 después de contraer tuberculosis en el penal. Su esposa falleció
en diciembre de 2020 entre la angustia y el dolor por la detención de su marido. Estas 2
muertes el régimen no las contabiliza en ninguna estadística pero que pesan sobre las
conciencias de quienes fueron cómplices de este doble asesinato.
Condenas de hasta 26 años y un exgobernador en el exilio convertido en autor intelectual
de un crimen que nunca ocurrió. Eso no es justicia, no está en ningún código penal del
mundo civilizado, es el crimen organizado cobrando una deuda política.
Exigimos libertad inmediata e incondicional para todos los presos de la Causa 2020 en
Monagas y para cada preso político que sigue en las cárceles venezolanas. Porque
mientras haya un solo de los 328 presos políticos venezolanos más 33 extranjeros aún retenidos sin causa real, la transición seguirá siendo incompleta y la justicia seguirá siendo una promesa sin cumplir. Es impostergable que el tutelaje norteamericano cumpla de una vez por todas y que se castigue al verdugo de la policía política del régimen: Diosdado Cabello Rondón, cuando ellos mismos le han hecho acusaciones formales por conspiración de narcoterrorismo, importación de cocaína y delitos relacionados con armas. Basta de demoras con esa situación que Venezuela clama .
Acción y progreso por Venezuela!
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