José Gregorio Briceño Torrealba
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Ex-alcalde, Constituyentista, ex-diputado AN, y ex-gobernador del Estado Monagas. Luchador incansable por el rescate de la democracia en mi patria VENEZUELA.
José Gregorio Briceño Torrealba
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Tantas mentiras, tanto encubrimiento tantas marramucias han hecho mella en el sentimiento colectivo para normalizar en mi país, lo que la narcodictadura Castrochavista ha impuesto, la Ley del desastre, de la tiranía inmunda y del desparpajo insolente.
Esta estirpe nauseabunda, heredera del traidor mayor, hoy felizmente difunto, ha encontrado formas de manipular la realidad para mantenerse en el poder.
Esta cochina estrategia ya probada en los peores regímenes de propaganda falsa y desinformación para crear una realidad paralela sumado a la manipulación de los medios de comunicación, nos hundió en una resignación y apatía muy peligrosa.
Pero la esperanza, el trabajo de muchos que no cayeron en esa ola de aceptación del maltrato y la necesidad de sacar las patas del barro de muchos cómplices hoy cautivos de esta barbarie,
han podido más y hoy sus confesiones nos confirman lo que era una sospecha o secreto a voces.
Sabemos que las prisiones suelen ser lugares de silencio, pero desde una cárcel estadounidense acaba de surgir una voz que por su origen y por lo que revela, merece atención. Hugo “El Pollo” Carvajal, antiguo jefe de la Inteligencia Militar venezolana y figura de máxima confianza de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, decidió contar lo que él define como su expiación: la verdad descarnada de un Estado que, asegura, no es simplemente autoritario o corrupto, sino abiertamente hostil a Estados Unidos. Lo que Carvajal describe no son excesos aislados ni desviaciones de funcionarios. Es la tesis central de su testimonio: el chavismo convirtió el narcotráfico, las bandas criminales, la penetración tecnológica y la manipulación electoral en armas de Estado.
Aseguró El Pollo Carvajal que, a mediados de los 2000 el régimen cubano sugirió a Chávez utilizar el narcotráfico como herramienta geopolítica contra Washington. Así nació el Cártel de los Soles como estructura estatal, coordinado con las FARC, el ELN, operadores cubanos e incluso Hezbolá. Cada gramo de droga que llegaba a ciudades estadounidenses no era falla institucional: era estrategia.
La acusación es explosiva pero proviene del hombre que estuvo en la sala donde estas decisiones se tomaron.
Carvajal afirma que el uso de pranes y megabandas comenzó dentro del país para “defender la revolución” pero bajo Maduro se transformó en una herramienta de proyección exterior. La orden fue inequívoca: sacar miles de criminales, con logística estatal, para operar fuera de Venezuela.
El capítulo más grave involucra a Estados Unidos. Con la política migratoria de Biden-Harris percibida como una oportunidad, la instrucción habría sido infiltrar al Tren de Aragua en territorio estadounidense con la misión de secuestrar, extorsionar y asesinar para financiar operaciones del régimen. Carvajal sostiene que cada crimen cometido allá es un acto ordenado por Caracas.
El exjefe de inteligencia narra reuniones en las que oficiales rusos propusieron intervenir cables submarinos para espiar comunicaciones estadounidenses, así como la instalación de un puesto de escucha en La Orchila. También describe redes de espionaje cubano y venezolano dentro de bases navales de la costa este y vínculos con funcionarios estadounidenses que habrían colaborado con el régimen. Estamos frente a una infiltración de largo aliento.
Carvajal también señala a Smartmatic como una herramienta diseñada desde su origen para permitir la manipulación electoral en favor del chavismo. Él mismo habría colocado al jefe de informática del CNE, quien le reportaba directamente. El sistema es alterable y ha sido usado para ello. La alerta es contundente: la tecnología fue exportada a otros países, incluido Estados Unidos.
No se trata de afirmar que todas las elecciones están comprometidas, sino de advertir la existencia de una vulnerabilidad deliberadamente construida.
La conclusión de Carvajal es directa: el régimen venezolano no es un socio incómodo, ni un vecino problemático, es una organización narcoterrorista con estrategia continental, dispuesta a usar drogas, pandillas, espionaje y hasta sistemas electorales para debilitar a Estados Unidos.
Desde su celda, Carvajal sostiene que las políticas de Donald Trump frente a Maduro, máxima presión, sanciones, persecución judicial, no solo están justificadas: podrían quedarse cortas.
Desde la cárcel del exilio opino que si bien él rompió con el régimen en 2017 sabiendo que enfrentaría cargos y hoy dice estar dispuesto a entregar más detalles a Washington es porque su testimonio tiene un propósito claro: que Estados Unidos comprenda la magnitud de la amenaza. Se puede cuestionar su pasado, su motivación o su credibilidad, pero ignorar la información de quien fue arquitecto de la inteligencia chavista durante dos décadas sería un error estratégico. En geopolítica, a veces las advertencias más incómodas son las que más conviene escuchar.
Mi propósito y accionar están en divulgar al máximo esta confesión que delata a rajatabla la perversidad de estas alimañas, sigo empeñado en colaborar para su salida, sea como sea. Lo ratifico y lo hago sin pausa con MI PLUMA Y MI PALABRA
José Gregorio Briceño Torrealba
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Hemos pasado por varias dictaduras en nuestro país, siempre el estamento militar ha sido un vivero de mucho resentimiento y de aspiraciones que luego se convierten en tomas de poder por cualquier vía. Hemos sido protagonistas de diversos periodos en los que la parte política, los partidos digamos, fracasaron en sus intentos por gobernar democráticamente.
Sobran ejemplos de cómo la carencia y la necesidad pueden moldear a una persona y llevarla a extremos inimaginables. Quienes han servido en el ejército proviniendo de un entorno donde la lucha por la supervivencia era un día a día, la falta de oportunidades y la injusticia social se convierten en combustible para alimentar la ambición y la sed de poder.
Esto en una mente llamemosla normal puede ser, como ha sido, mezclado con un ingrediente de vocación de servicio y ayuda al país en el cual se mostró represión fuerte en las libertades y al mismo tiempo avance en la productividad, la economía y la infraestructura del país. No una total destrucción como se muestra esta tiranía.
Esta semblanza comparativa nos hace ver aún más que hoy en día en el tope de la jerarquía de esta dictadura, nos encontramos frente a un monstruo, violador de niñas en su juventud, alguien que no se detiene ante nada para lograr sus objetivos, que no tiene escrúpulos en utilizar el miedo y la violencia para mantener su posición es algo mucho más .
Nuestro país no es culpable de sus heridas que nunca sanaron ni de sus necesidades que nunca fueron satisfechas.
En esta comparación cabe mencionar al sanguinario Pedro Estrada quien fue el jefe de la Seguridad Nacional durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Su nombre quedó marcado en la historia venezolana como autor y ejecutor de dantescas torturas y asesinatos que aterrorizaron a generaciones enteras. Sin embargo, décadas después, la crueldad de Estrada parece empalidecer ante la figura del Teniente cobarde y asesino Diosdado Cabello Rondón y para jalarle bola, lo llaman Capitán. Según múltiples investigaciones internacionales, incluidas las del Consejo de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU). La diferencia es que Cabello opera en pleno siglo XXI, con métodos más sofisticados pero igualmente brutales y con una impunidad que Estrada nunca conoció.
Lo que presenciamos hoy en Venezuela no es simplemente la continuación de un régimen autoritario: es la consolidación de un Estado mafioso donde el verdadero poder no reside en quien ocupa ilegalmente la presidencia, sino en quien controla las armas, el terror y las rutas del narcotráfico.
Nuevos análisis de seguridad y testimonios de exfuncionarios venezolanos apuntan a una conclusión cada vez más difundida dentro y fuera de Venezuela: Diosdado Cabello no solo es el hombre más poderoso del chavismo, sino también el verdadero jefe del Cártel de los Soles, la organización criminal vinculada al tráfico de cocaína y a la corrupción estatal que ha sido señalada por agencias de inteligencia de Estados Unidos y organismos internacionales.
Mientras Nicolás Maduro aparece debilitado, presionado por sanciones internacionales y la crisis interna, Cabello mueve los hilos del poder desde las sombras, controlando las decisiones más importantes del régimen y ejerciendo una influencia absoluta sobre sectores militares, policiales y de inteligencia. Es él quien decide quién vive y quién muere, quién sube en el escalafón militar y quién cae en desgracia. Su poder no deriva de la Constitución ni del voto popular, sino del miedo y la lealtad comprada con sangre y dinero sucio. Cabello siempre ha sido descrito como el “número dos” del chavismo pero ese concepto ha quedado ridículamente corto. Informes de autoridades estadounidenses sostienen que Cabello ha consolidado el mando dentro del aparato criminal que opera desde el Estado venezolano, utilizando su poder político para garantizar protección, rutas de narcotráfico, funcionarios aliados y un sistema de lealtades que mantiene al régimen a flote incluso cuando parece tambalearse. Diversas fuentes han indicado que ningún movimiento militar, policial o estratégico se ejecuta sin su autorización. Maduro, cada vez más aislado y desconfiado, depende de Cabello para sostener el control territorial y evitar fracturas en el alto mando. En otras palabras: Maduro es la cara visible, pero Cabello es quien realmente gobierna Venezuela. Es el operador supremo, el arquitecto del terror contemporáneo.
Aunque Maduro es la figura pública más expuesta internacionalmente, múltiples investigaciones sitúan a Cabello como el verdadero arquitecto del Cártel de los Soles, una red criminal que involucra a oficiales de alto rango, empresarios, operadores clandestinos y estructuras armadas que facilitan el tráfico de drogas hacia el Caribe, Europa y Estados Unidos.
Este cártel no es una organización paralela al Estado venezolano: es el Estado mismo. Funciona con la protección de instituciones que deberían combatir el crimen, opera con recursos públicos y utiliza la represión política como herramienta para eliminar competidores y silenciar testigos. Es un poder paralelo que se ha fusionado completamente con las estructuras formales del gobierno.
Comparar a Diosdado Cabello con Pedro Estrada no es una exageración retórica. Ambos personifican el uso sistemático del terror como instrumento político. Ambos han dirigido aparatos represivos que torturan, desaparecen y asesinan. Pero Cabello ha ido más allá: ha construido un imperio criminal que no solo reprime a la disidencia, sino que lucra con el sufrimiento de millones, exportando drogas que destruyen comunidades en todo el continente.
Venezuela enfrenta hoy una narcodictadura criminal sin precedentes en su historia. Y en el centro de esa oscuridad, con un poder que supera incluso al del usurpador Maduro, se encuentra Diosdado Cabello: el nuevo rostro del terror venezolano, un hombre cuya crueldad convierte a los dictadores del pasado en meras sombras, fiel heredero del traidor mayor, hoy felizmente difunto.
Desde la cárcel del exilio me pregunto: ¿cuánto tiempo más permitirá la comunidad internacional que este personaje siga operando con total impunidad?
Todas las informaciones nos indican que faltan pocos días, saldrán con las bragas anaranjadas o con los pies hacia delante y mi amada Venezuela, será libre y resurgirá como el ave Fénix. Volveremos los más de 9 millones venezolanos a dar lo mejor de sí para la reconstrucción total.
Es cuestión de poco tiempo, sabremos de él, de su cobardía acostumbrada en el momento de la verdad, estoy seguro y sigo trabajando para que llegue ese momento, sin pausa y con MI PLUMA Y MI PALABRA
José Gregorio Briceño Torrealba
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Similar a cualquier juego de ajedrez, esta afrenta contra la narcotiranía que mantiene secuestrado a mi país y sus secuaces, es un toma y dame de largo aliento. El gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, gran aliado de la democracia mundial y más específicamente de nuestro hemisferio, quien finalmente se percató de que esta mafia nauseabunda no son niños de pecho y han puesto en peligro máximo a su país, se activó de forma superlativa, sin medias tintas, lo que se traduce en un mensaje claro: no se tolerará más la violencia protagonizada por hacer cualquier clase de atropellos y delitos con tal de llevar a cabo la inundación de droga en todo el continente y la impunidad por estos hechos.
Allí vamos, pendientes de que cada movimiento cambia el rumbo del partido, el tablero se ha mudado al Caribe, y nos mantiene expectantes del destino de la región.
Nadie puede negar que algo está pasando y que al mirar los movimientos de los peones comunistas se nota su nerviosismo, ya la semana pasada comentamos de su ridícula súplica y arrebato de pedir paz al presidente Trump cuando ellos son los mayores precursores y ejecutores de la guerra y el atropello a un pueblo que clama por paz y progreso.
La jugada maestra de esta semana la protagonizó el Departamento de Estado de los Estados Unidos cuando anunció que a partir de mañana 24 de noviembre designará al llamado Cártel de los Soles como Organización Terrorista Extranjera (FTO por sus siglas en inglés) una clasificación que se aplica bajo la sección 219 de la Ley de Inmigración y Nacionalidad. La decisión entrará en vigor con su publicación en el Registro Federal, siguiendo el procedimiento habitual en estos casos. Esta nueva categoría no es un simple sello burocrático: activa consecuencias penales directas para cualquier individuo, institución o gobierno que provea “recursos, equipamiento o asistencia” a una organización incluida en la lista FTO. Se trata de un marco jurídico más severo que el régimen de sanciones financieras previamente aplicado por el Departamento del Tesoro bajo la figura de SDGT (Terroristas Globales Especialmente Designados).
Ambas designaciones, la financiera y la terrorista,
conviven pero no cumplen funciones equivalentes ni operan sobre las mismas herramientas legales.
El mensaje político de Washington es inequívoco: la clasificación FTO no sustituye a la sanción previa, sino que la profundiza y amplía dentro de otro ámbito legal, uno que permite acciones penales y operativas de mayor alcance.
El anuncio coincide con el arribo del portaaviones USS Gerald R. Ford al mar Caribe en el marco de la “Operación Southern Spear”. Según la Armada de EE.UU el grupo de ataque del Ford cruzó el paso de Anegada el pasado domingo en la mañana acompañado por escuadrones de combate y destructores con misiles guiados. El despliegue involucra cerca de 15.000 efectivos y casi una docena de buques, representando la mayor presencia militar estadounidense en la región en varias generaciones. La simultaneidad entre la designación FTO y la movilización naval no es casualidad: Washington está redefiniendo el tablero estratégico del Caribe.
¿Qué significa esto para el poder venezolano?
La inclusión del Cártel de los Soles como FTO abre un nuevo capítulo: por primera vez, actores centrales del narcoregimen de poder venezolano quedan insertos en un marco jurídico que permite a Estados Unidos perseguir penalmente en cualquier jurisdicción bajo su alcance a quienes considere responsables de proveer apoyo material a una organización terrorista.
Si establece una arquitectura legal que amplía drásticamente el rango de acciones posibles judiciales, financieras, operativas y diplomáticas contra figuras del régimen venezolano.
En términos políticos, el resultado es claro: Washington ha elevado el conflicto con los malandros a un nuevo nivel, uno donde ya no lo aborda sólo como un problema de narcotráfico o autoritarismo, sino como un asunto de terrorismo internacional.
La pregunta que queda sobre la mesa es si el narcoregimen de Nicolás Maduro comprende la magnitud de este giro o si decidirá ignorarlo, como lo ha hecho con cada advertencia previa. Lo cierto es que a partir de mañana 24 de noviembre, el terreno legal y geopolítico que pisa el poder de los narcomalandros será otro, mucho más estrecho, mucho más peligroso y con consecuencias que ya no controlan. Desde la cárcel del exilio y a sabiendas de que estas lacras herederas del traidor mayor, hoy felizmente difunto, no cesarán en su aspiración de aferrarse al poder eternamente, más bien pasaran a la historia por escoger no morir por muerte natural, definitivamente será con los pies hacia adelante y los 9 millones de venezolanos regresaremos en paz y felices a reconstruir nuestra patria.
Mi abrazo y apoyo a toda iniciativa que conlleve hacia la salida de esta plaga que no ha tenido compasión de los venezolanos, solo busca su enriquecimiento y la entrega de la patria para mantenerse saqueando nuestras riquezas, a toda costa seguimos enfrentandolos cada segundo sin pausa, en mi caso lo sigo haciendo con MI PLUMA Y MI PALABRA
José Gregorio Briceño Torrealba
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Según se sabe, la muy venezolana expresión popular "pedir cacao" es una forma de referirse a alguien que se rinde o pide ayuda, se utiliza casi siempre en tono de burla y es lo que hoy en día queremos resaltar, la burla en la que se convierten estos payasos que tienen secuestrado el poder en Venezuela ante el mundo entero.
Un día son unos gallitos de pelea desafiando a potencias cuando no tienen cómo responder ante un ataque, ya que todo se lo han robado y tienen al ejército pasando aceite, solamente dándole dádivas a los altos jerarcas para mantenerlos contentos y que no les vendan entregándolos a la justicia. Al día siguiente son unos bufones diciéndole al gobierno norteamericano ¡ Peace please! dando pena ajena, cuando todo el planeta sabe que quienes ha volteado patas arriba la realidad de nuestro hemisferio son ellos mismos aliándose con toda la basura ideológica del planeta entregando nuestro territorio para bases y operaciones contra el mundo democrático, son tan blasfemos que hasta hablan en el nombre de Dios.
La falsedad de los que se presentan como defensores de los derechos humanos mientras cometen atrocidades inimaginables es un recordatorio de que la impunidad galopa sin freno en nuestro país
La historia es un testigo silencioso de los crímenes cometidos, y es nuestra responsabilidad recordar y hacer justicia.
Los registros y recordatorios de la historia son un arma poderosa, y es hora de que se utilicen para hacer justicia. No podemos permitir que la impunidad se convierta en un manto que cubra los crímenes cometidos, es hora de que se haga justicia, de que se castigue a los responsables y se dé voz a las víctimas.
Los capos narcoterroristas Nicolás Maduro y Diosdado Cabello apelan al derecho internacional, a los derechos humanos y a la piedad de la comunidad internacional ante lo que ellos catalogan como una futura invasión por parte de quiénes realmente son vigilantes de la paz del hemisferio, de la guerra contra el narcotráfico y el terrorismo.
Pero ¿dónde estaba su “humildad”, su clemencia y su piedad cuando dieron la orden de masacrar a Óscar Pérez y a su grupo de compañeros en El Junquito?
Óscar Pérez se rindió junto a su equipo, entre los cuales había una mujer embarazada. Millones de venezolanos fuimos testigos, en tiempo real de aquel momento transmitido por las redes sociales: hombres y mujeres pidiendo garantías, rogando por sus vidas, declarando su rendición. Y sin embargo, la respuesta del régimen fue el fuego. No hubo clemencia, no hubo negociación, no hubo humanidad.
La masacre del Junquito quedó grabada en la memoria colectiva de Venezuela como un acto de barbarie que estremeció al mundo entero. Las imágenes mostraron cuerpos acribillados, disparos a quemarropa, ejecuciones extrajudiciales. Fue un operativo militar - policial desproporcionado contra ciudadanos ya rendidos: un crimen de lesa humanidad transmitido en vivo ante los ojos de la nación. La narcodictadura no solo ejecutó a Óscar Pérez; intentó borrar el símbolo de resistencia que encarnaba. Pero fracasaron, porque su sacrificio se convirtió en testimonio y denuncia permanente.
Hoy, los mismos que ordenaron aquella masacre pretenden revestirse de víctimas. Maduro y Cabello, verdugos de un pueblo que solo pide libertad, claman clemencia ante el cerco internacional y las sanciones que pesan sobre ellos. Invocan los mismos tratados y principios que pisotearon durante más de dos décadas de represión, asesinatos, tortura y censura. Hablan de “derechos humanos” quienes mantienen mazmorras como El Helicoide y La Tumba; quienes convirtieron las protestas cívicas en escenas de guerra y llenaron las cárceles de jóvenes, activistas y militares disidentes.
La hipocresía de estos tiranos no conoce límites. Pretenden que el mundo olvide sus crímenes, que las víctimas sean borradas del relato, que la justicia ceda ante la política. Pero la historia tiene memoria. Las pruebas están documentadas por Naciones Unidas, la Corte Penal Internacional y organizaciones de derechos humanos: ejecuciones extrajudiciales, torturas sistemáticas, desapariciones forzadas, persecución política, censura informativa y corrupción a escala nacional.
Nicolás Maduro y Diosdado Cabello no merecen piedad, merecen juicio. No merecen compasión, merecen responder ante los tribunales internacionales por cada vida que destruyeron, por cada familia que dejaron en duelo, por cada venezolano obligado al exilio. Su legado, el que les enseñó y dejó el traidor mayor, hoy felizmente difunto, es el del hambre, la represión y la impunidad.
El mundo no puede permitir que la clemencia se convierta en complicidad. La justicia internacional no olvida y la historia no absuelve a los verdugos.
Los crímenes del Junquito como tantos otros, no prescriben.
Quienes hoy imploran indulgencia son los mismos que convirtieron a Venezuela en un cementerio de sueños y libertades.
Desde la cárcel del exilio recuerdo y saco a relucir que esos miles de pruebas y soportes que reposan ante las instancias internacionales que dan fe y certeza de que todos estos crímenes, han sido cometidos por estos sinvergüenzas que ahora piden clemencia, no son letra muerta, son una realidad qué busca justicia y que desgarra a un país.
Y frente a eso, solo cabe una respuesta: ni perdón ni olvido. Justicia o con los pies hacia adelante. No hay pausa posible ante la certeza de que cada vez está más cerca el rescate de nuestra patria, seguiré activo apoyando está cruzada con MI PLUMA Y MI PALABRA
José Gregorio Briceño Torrealba
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Sabemos que la lucha entre la libertad y la opresión, entre la democracia y la tiranía, se pelea en diferentes frentes, ya con más de 25 años sometidos por unos bárbaros tenemos algo de experiencia; uno de esos campos de batalla bastante bien explotado por los desgraciados herederos del traidor mayor, hoy felizmente difunto, es la distorsión de la realidad y ha sido utilizada como arma para mantener el poder y la impunidad.
Nuestro trabajo como personas parte del problema, narradores, comentaristas y analistas de la realidad política en nuestro país, tenemos el deber de ir con una escoba limpiando, desenmascarando y mostrando a quienes están distraídos u ofuscados por tanta miseria para que sean capaces de ver la realidad tal como es, sin la cortina de humo de la propaganda y la manipulación. A estas alturas ya deberíamos ser expertos en descifrar lo que es cierto en lo que es una pantomima de los narco actores para victimizarse cuando les conviene o para aparecer como héroes salvadores de la patria a su antojo.
Aquí les dejo una revisión exhaustiva que desenmascara cada uno de los argumentos con los que pretenden confundir a quienes todavía están atrapados en la miseria de la dádiva y la mentira.
La cúpula narcotiránica venezolana ha comenzado una narrativa desesperada: la inminente invasión de Estados Unidos para saquear sus riquezas. Esta falacia, sin embargo, se desmorona no solo por su propia inconsistencia, sino por la contundente evidencia histórica. Quienes han esquilmado o robado sistemáticamente a Venezuela son ellos, en complicidad con el régimen cubano, mientras utilizan el territorio estadounidense como vertedero de drogas y criminalidad organizada, de la mano de estructuras como el infame Tren de Aragua. Hoy la acción de líderes como Donald Trump apunta a restablecer el orden hemisférico, enfrentando de manera directa el narcocomunismo que envenena y mata a millones de ciudadanos americanos con su flujo incesante de drogas.
En el corazón de esta estrategia de agresión subyace una ideología perversamente inteligente, articulada por Fidel Castro, el padre teórico de la ética revolucionaria narcotraficante. Su máxima era clara: vender el veneno, la droga, con la que se envenenan los "gringos" para recibir a cambio el dinero que financiará la guerra contra ellos. Es una maldad envuelta en un supuesto fin noble: la destrucción de Estados Unidos. Bajo este código, la atrocidad no es tan terrible si persigue un objetivo considerado "revolucionario". Esta es la filosofía que hoy se exporta a través de los tentáculos del régimen venezolano.
¿Dónde Están las Colonias del "Imperio" Gringo?
Se nos ha repetido hasta el cansancio que Estados Unidos es un imperio insaciable con hambre de dominio mundial. Pero ¿dónde están sus colonias? Su historial de intervenciones a diferencia de los imperios tradicionales, se caracteriza por la reconstrucción y el retiro, no por la anexión y la explotación a largo plazo.
* Japón (1945): Lo ocupa, lo reconstruye, impone una constitución pacifista y se retira. Hoy es una democracia avanzada, protegida por EE. UU sin la carga de un ejército propio.
* Europa y el Plan Marshall: Tras la Segunda Guerra Mundial en lugar de cobrar un botín, EE. UU invirtió más de $13 mil millones de dólares de la época (el equivalente a más de $160 mil millones de hoy) con el Plan Marshall para levantar a países como Alemania, Francia e Italia. Esta ayuda nunca fue cobrada, sino donada para forjar democracias fuertes y aliadas en la OTAN.
* Corea del Sur (1950): La defendió de la invasión comunista de Corea del Norte. Se estabilizó y hoy es una potencia tecnológica global, cuya seguridad sigue dependiendo de la presencia estadounidense.
* Panamá (1989): Tras la invasión para capturar al narcotraficante Noriega, EE. UU se retiró. Más aún, el canal que EE. UU construyó, operó y mantuvo por casi un siglo, fue devuelto a Panamá, hoy su fuente de ingresos más importante por el precio simbólico de un dólar.
* Colombia (Plan Colombia, 2000): Al borde del colapso, recibió una inversión que superó los $10 mil millones de dólares en ayuda para combatir el narcotráfico y estabilizar el país. Hoy Colombia mantiene su democracia y soberanía. ¿Se robaron la riqueza de Colombia? No.
Mientras la tiranía venezolana saqueaba a su propio país, la actuación de Estados Unidos, incluso en sus intervenciones más cuestionadas (República Dominicana en 1916 y 1965, Granada en 1983, Irak), ha sido consistente: liberar, estabilizar y retirarse. Hoy, naciones como Japón, Corea del Sur, Taiwán y los países de la OTAN, prosperan sin la necesidad de gastar inmensas sumas en defensa, amparados por la protección de Washington.
Mi pregunta y reflexión desde la cárcel del exilio es: ¿dónde están las colonias, la riqueza robada y los tributos forzados de los gringos? ¿Quién más en la historia reconstruye a sus enemigos, entrega canales vitales por un dólar y protege a medio planeta sin exigir más que aliados, jamás súbditos? El único saqueo que existe en Venezuela es el perpetrado por la narcodictadura que irónicamente, se benefició del auge de la industria petrolera que el propio capital americano impulsó en el siglo pasado, llevando a la Venezuela rural a la cúspide del progreso, antes de que el narcocomunismo lo arrasara todo.
No olvidemos que su única finalidad es quedarse a toda costa con el poder, no paremos de enfrentarlos, ni un segundo, yo lo hago sin pausa y siempre con MI PLUMA Y MI PALABRA
José Gregorio Briceño Torrealba
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Venezuela se encuentra desde hace ya mucho tiempo hundida en el fango de la corrupción y la impunidad, estas plagas han carcomido las entrañas de una nación que una vez fue próspera. Haber sido saqueada por una organización narcocriminal enquistada en el poder, han devastado al país, los narcotraficantes herederos del legado del traidor mayor, hoy felizmente difunto, van dejando a su paso un rastro de muerte, miseria y retraso por lo que es necesario, impostergable y obligatorio hacer un llamado a la conciencia global, un recordatorio de que la lucha contra el narcoterrorismo no conoce fronteras. Es hora de unir fuerzas para erradicar este cáncer que amenaza con destruir no solo a Venezuela, sino a toda la región, basta de pensar que es un problema de Venezuela, sabemos que estas lacras se han aliado con lo peor de lo peor de cada movimiento terrorista del planeta y que les han entregado nuestro territorio para operaciones, para disponer de nuestras riquezas y enfrentar a su enemigo común que son los Estados Unidos de Norteamérica.
Soy de los venezolanos que apoyan sin reservas la liquidación definitiva del Cartel de los Soles. No se trata de una posición política convencional ni de un capricho ideológico: es la conclusión inevitable tras contemplar el cadáver de lo que fue Venezuela. Este grupo de delincuentes uniformados secuestró un país entero y sus riquezas bajo el eufemismo de una "revolución bolivariana" que en realidad, ejecutó la destrucción sistemática más brutal que haya conocido una nación latinoamericana en tiempos de paz.
Las cifras son devastadoras pero necesarias para comprender la magnitud del desastre. Más de 13,000 industrias desmanteladas o destruidas. Más de 5 millones de hectáreas de tierras fértiles expropiadas o confiscadas, hoy abandonadas e improductivas, convertidas en monumentos a la incompetencia criminal. Los servicios públicos colapsados: apagones interminables, agua por tubería una vez por semana si hay suerte, telecomunicaciones del siglo pasado. Los hospitales en ruinas, sin insumos que los pacientes tienen que comprar todo, sin médicos que huyeron, sin esperanza para los enfermos. La vialidad urbana y agrícola prácticamente desaparecida, convirtiendo el transporte de personas y mercancías en una odisea medieval.
Pero la estadística más brutal, la que resume todo el horror, es esta: el salario mínimo venezolano es el más miserable del planeta, con apenas 0,6 centavos de dólar mensuales. Lean eso de nuevo. Menos de un dólar al mes. En un país que tiene las mayores reservas de petróleo del mundo. Los venezolanos ya no viven: sobreviven en una hecatombe humanitaria que tiene nombre y apellido que tiene responsables identificables, que tiene una estructura criminal perfectamente documentada.
La emigración lo dice todo: casi 10 millones de venezolanos han huido del hambre y la miseria, dispersos por el mundo como un río humano de desesperación. Es el éxodo más grande en la historia moderna de América Latina, superando crisis de guerras civiles y desastres naturales. Esto no fue un huracán ni un terremoto: fue una demolición controlada de una nación por parte de sus propios gobernantes.
El 28 de julio de 2024 marca el punto de no retorno. Ese día el régimen se robó las elecciones presidenciales con un descaro que hubiera sonrojado hasta a las peores dictaduras del siglo XX. No ganaron en ningún estado. Los militares que ejecutaron el Plan República, que fueron los custodios de las elecciones y las actas de votación, saben perfectamente que Edmundo González ganó por paliza. Tienen las pruebas en sus manos. Y aun así, con esa certeza, eligieron ser cómplices del mayor fraude electoral de nuestra historia.
Ahora estos secuestradores tienen la desfachatez de vender un nacionalismo trasnochado, acusando a Estados Unidos de querer "adueñarse de nuestras riquezas". ¿Cuáles riquezas? ¿Las que ellos saquearon? ¿Las que depositaron en bancos suizos y paraísos fiscales? ¿El petróleo que regalaron y siguen regalando a Cuba y vendieron por debajo del mercado a sus aliados mientras el pueblo moría de hambre? Este discurso antiimperialista es el último refugio de una organización narcocriminal que necesita enemigos externos para justificar su permanencia en el poder.
Porque eso es lo que son: una organización narcocriminal con uniforme militar y control estatal. Han inundado a Estados Unidos de drogas, particularmente cocaína y heroína sintética. Han exportado delincuentes, pandillas y terrorismo. Han convertido a Venezuela en un santuario para el narcotráfico, la guerrilla colombiana, Hezbollah y toda organización criminal que pague por protección. Son una amenaza existencial no solo para Venezuela, sino para la seguridad hemisférica.
Por eso más de 30 millones de venezolanos apoyamos las acciones del gobierno americano. No es entreguismo ni falta de patriotismo: es reconocer que nuestras propias instituciones fueron capturadas, que nuestra Fuerza Armada fue corrompida hasta la médula, que nuestro sistema judicial es una farsa y que la liberación debe venir de donde pueda venir. Si Donald Trump logra liberarnos de esta tiranía narcocriminal, pasará a la historia de América Latina como el líder que tuvo el coraje de extirpar la peor peste que ha azotado a la humanidad en este siglo: el narcocomunismo.
Hay quienes se escandalizarán con este llamado. Dirán que es intervencionismo, que violenta la soberanía, que establece precedentes peligrosos. A ellos les pregunto: ¿qué soberanía? ¿La de un Estado capturado por narcotraficantes? ¿La de un gobierno que perdió elecciones y se mantuvo por la fuerza? ¿La de un régimen que ha asesinado, torturado y encarcelado a su propio pueblo? La soberanía no puede ser el escudo protector de los criminales.
La historia juzgará este momento. Y cuando se escriba el capítulo final de esta tragedia venezolana, quedará claro que la liquidación del Cartel de los Soles no fue una agresión externa, sino un acto de legítima defensa hemisférica y de justicia largamente postergada. Venezuela no puede liberarse sola porque Venezuela ya no existe como Estado funcional: existe solo como territorio ocupado por una empresa criminal que se hace llamar gobierno.
Desde la cárcel del exilio hago este llamado que ya he hecho en múltiples oportunidades, llegó la hora de que la comunidad internacional entienda que la paz y la estabilidad de toda América Latina dependen de la eliminación de este cáncer. No habrá democracia, no habrá desarrollo, no habrá futuro mientras el narcocomunismo venezolano continúe operando impunemente. Millones de venezolanos, dentro y fuera del país, estamos listos para apoyar cualquier acción que nos devuelva la posibilidad de volver a vivir, no solo sobrevivir, en nuestra propia tierra. Viva Venezuela Libre.
Tenemos todas las de ganar, no perdamos el impulso no demos tregua y sigamos sin pausa hasta vencer , lo hago y lo digo cada instante con MI PLUMA Y MI PALABRA
José Gregorio Briceño Torrealba
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Siempre que se trata de expresarse acerca de los personeros del aparato represivo más feroz que ha secuestrado a un país, la narcodictadura del traidor mayor, hoy felizmente difunto, y sus detestables herederos, nos quedamos sin epítetos, sin una expresión que haga justicia a tanta porquería tanta denigración de la venezolanidad.
Ya que la justicia nacional está irremediablemente presa, se nos ha ido la vida mendigando y suplicando a la justicia internacional que haga algo para liberarnos ya para que la permanencia de individuos perversos en el poder, la corrupción y la falta de rendición de cuentas deje de ser el pan nuestro de cada día, pero no he logrado tener respuesta contundente de esas instancias.
Estamos claros y sin querer caer en lamentos, sino buscando la raíz de esta tortura a la que estamos sometidos, sabemos que su llegada al poder se dió aprovechándose de las debilidades del sistema y explotando las divisiones dentro de la sociedad. Saber de dónde vino toda esta tragedia nos servirá para trabajar en el ajuste de las futuras gestiones de gobierno hacia la construcción de instituciones sólidas, la promoción de la transparencia, la rendición de cuentas, y la protección de los derechos humanos.
La acumulación de evidencias contra Diosdado Cabello Rondón ya no puede ser ignorada ni minimizada, este azote con poder es la personificación de la crueldad. El reciente pronunciamiento del Fiscal General de Chile, Héctor Barros, representa un punto de inflexión en la comprensión internacional sobre la verdadera naturaleza criminal del narcorégimen venezolano. Al señalar directamente a Cabello como el autor intelectual y financista del secuestro y asesinato del exteniente Ronald Ojeda en territorio chileno, Barros no solo ha dado un nombre al horror, sino que ha expuesto ante el mundo la brutalidad con la que opera el “número dos” del régimen de Nicolás Maduro.
En entrevista con el canal 24 Horas, el Fiscal chileno fue contundente: En este caso en particular han surgido antecedentes de la propia investigación que van dando cuenta de que esto habría sido un encargo político del gobierno de Venezuela. Particularmente quien habría pagado y encargado este delito concretamente al Tren de Aragua apunta a Diosdado Cabello. Estas palabras no son especulaciones de un opositor político; son conclusiones de una investigación judicial seria, respaldadas por evidencias científicas, forenses y testimoniales. Barros subrayó además que la forma en que fue ejecutado el crimen es inédita en Chile y revela un trasfondo político imposible de ocultar. La colaboración entre estructuras estatales venezolanas y organizaciones criminales transnacionales como el Tren de Aragua evidencia hasta qué punto el gobierno de Maduro ha convertido al Estado en una empresa criminal. Valga recordar que estamos hablando de que Chile es un país con un gobierno pro izquierda pero en el que funciona la independencia y autonomía de los poderes.
Sin embargo, el caso Ojeda no es un hecho aislado en la trayectoria sanguinaria de Diosdado Cabello. Su historial de crímenes es extenso y escalofriante. Fue él quien ordenó al entonces jefe del SEBIN, General Gustavo Enrique González López, ejecutar la masacre del Junquito en enero de 2018, donde Oscar Pérez y su grupo fueron asesinados tras haberse rendido. Fue también el autor intelectual del asesinato del concejal Fernando Albán, quien fue arrojado desde el décimo piso de la sede del SEBIN en una burda simulación de suicidio que no engañó a nadie. González López, cabe recordar, ha sido hombre de confianza de Cabello durante años, incluso ocupando cargos en su administración cuando fue gobernador de Miranda entre 2004 y 2008. Esta red de complicidades explica la impunidad con la que operan.
El instinto criminal de Cabello no es reciente; es una constante que se remonta a sus primeros años en el poder. En 2012 yo mismo fui víctima de un atentado en un gimnasio de Maturín en donde hubieron 2 muertos. Uno de los detenidos vivía a solo cuatro casas de la residencia de la madre de Diosdado. Lo denuncié públicamente pero nadie quiso creerme entonces. Posteriormente en el 2015 y 2017, envió a funcionarios del SEBIN, bajo el mando del comisario Carlos Calderón, jefe de investigación del organismo, con la misión de secuestrarme en Costa Rica para trasladarme a Nicaragua y luego a Venezuela para tratar de callarme o silenciarme. Estos no fueron actos fortuitos, sino operaciones planificadas desde las más altas esferas del poder.
Pero la crueldad de Cabello no se limita a enemigos políticos. En el Furrial, Potrerito y pueblos circunvecinos, ordenó el asesinatos de veinte jóvenes bajo la acusación falsa de haber profanado la tumba de su madre, en un acto de venganza desproporcionada y medieval, fue tan descarada la acción policial que en la propia medicatura de el Furrial asesinaron a un joven con pistola que tenían silenciadores. En El Merey de Amana, cuatro padres de familia fueron asesinados y desaparecidos simplemente por haber entrado a cazar en una finca perteneciente a sus testaferros. Estos crímenes revelan a un hombre sin escrúpulos, capaz de cualquier atrocidad para proteger sus intereses o satisfacer su sed de control y venganza.
Los informes de Naciones Unidas son categóricos: más de diez mil venezolanos han sido asesinados por fuerzas estatales y paramilitares del régimen. Detrás de muchas de esas muertes está la sombra de Diosdado Cabello Rondón, quien ha convertido el aparato de seguridad del Estado en una maquinaria de terror. La impunidad de la que ha gozado durante décadas está comenzando a resquebrajarse gracias a la valentía de fiscales como Héctor Barros, quien afirmó sin titubeos: Nosotros perseguiremos a quien corresponda y en el país en que esté.
El pueblo venezolano ha sufrido demasiado bajo el yugo de estos criminales. Pero la historia nos enseña que los tiranos y sus cómplices por poderosos que parezcan, eventualmente enfrentan la justicia. La administración de Donald Trump ha dado señales claras de que no tolerará más la narcodictadura venezolana. La liberación de nuestra amada Venezuela está cerca. Diosdado Cabello y sus cómplices saldrán del poder, ya sea vivos o con los pies por delante pero saldrán. La justicia divina y terrenal finalmente prevalecerán.
Venezuela merece paz, libertad y justicia. Y esa justicia tiene nombres y apellidos pendientes de rendir cuentas.
Más que reflexión desde la cárcel del exilio es una súplica al Creador, tiene que llegar el momento en el que tanta impunidad en hechos tan crueles sea castigada, mi empeño está en lograrlo, en buscar justicia para tantas personas y familias destruidas por el monstruo de El Furrial.
Seguramente lo lograremos , seguimos en la tarea y yo particularmente sin pausa con MI PLUMA Y MI PALABRA
José Gregorio Briceño Torrealba
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Muy claros estamos de que el poder absoluto corrompe las estructuras institucionales y gubernamentales, es el mal de los regímenes autoritarios ya que cuando una vez hecho el trabajo previo de someter a la población con mendrugos de pan y mentiras, se creen dueños de la verdad y la justicia, comienzan a cambiar leyes para lavarse la cara en el marco legal disfrazando la democracia de sus bazofias revolucionarias, comunistas y socialistas . Hay países o pueblos en los que cuándo esas señales nefastas aparecen, no las ven o no le dan importancia y cuando se percatan ya tienen metástasis y daños definitivos en la sociedad y en el entramado productivo. La concentración de poder en manos de unos pocos siempre ha sido un caldo de cultivo para la opresión y la injusticia. Y es precisamente en estos contextos donde la voz de la disidencia se vuelve más valiosa, aunque también más vulnerable pues también esa disidencia comienza a ser penetrada y convertida en aliados o tontos útiles a punta de prebendas
En Venezuela no se escapa ni uno solo de los niveles de poder inclusive el poder que le dieron a la comunidad llegó con defecto de fábrica dándole a los jefes de calle potestades para humillar y castigar a sus vecinos de toda la vida. A estas alturas ya se institucionalizó como instrumento de abuso y represión.
Que puede quedar para las instituciones de justicia, los narcojerarcas, herederos del traidor mayor hoy felizmente difunto, deciden y mandan sobre cada uno de los jueces, magistrados y cada personaje de ese pilar de la democracia.
El poder judicial del estado Monagas se ha convertido en el instrumento de persecución política más brutal y descarado de toda Venezuela. Bajo una fachada de legalidad, se perpetran crímenes contra la disidencia que mancillan cualquier principio de justicia y Estado de Derecho, reduciendo los tribunales a meras extensiones del aparato represivo del narcorégimen.
Ya lo había denunciado en mi columna del pasado 6 de julio con el caso de Merlys Oropeza, oriunda de Las Carolinas, al oeste de Maturín. Su "delito" no fue más que la expresión de una opinión: un breve pero contundente mensaje en su estado de WhatsApp que decía: "Hay algunos vecinos que prefieren la bolsa de gorgojos que el futuro de sus hijos". Una crítica mordaz, sí, pero incuestionablemente amparada por la libertad de expresión que buscaba denunciar la tragedia ética de aquellos que cambian su dignidad por las migajas de un régimen corrupto. La sentenciaron a 10 años por "incitación al odio". Solo gracias a la presión masiva de las redes sociales le concedieron una libertad condicional, demostrando que el escándalo público es el único contrapeso real a esta justicia facciosa.
Ahora los familiares del comisario del CICPC, Carlos José Guevara Marcano, me han contactado para revelar otro caso insólito que evidencia la podredumbre del sistema. El comisario era jefe de la oficina del CICPC del municipio Caripe y asumió el cargo a mediados de julio de 2024, es decir, unos días antes de las elecciones presidenciales. A mediados de agosto, apenas unos días después de los comicios, fue acusado de haber cambiado el nombre y la imagen de un grupo de WhatsApp institucional. Dicho grupo llevaba tiempo en desuso, ya que Maduro había ordenado no utilizar más WhatsApp pero seguía activo.
Una mano misteriosa cambió el nombre del grupo a “Caripe en rebelión” e hizo ver que la autoría era del comisario. Lo increíble es que, al estar el grupo en desuso, nadie lo vio y el comisario solo se enteró cuando su superior le reclamo. En cuestión de horas ya estaba preso. Se le realizaron experticias a su teléfono y no se encontró prueba alguna. En las múltiples audiencias, la fiscalía no presentó ninguna evidencia en su contra. El fiscal Carlos Rodríguez fue el acusador pero lo verdaderamente escandaloso ocurrió en la audiencia previa a la sentencia: la juez Verónica Giardinella le informó que cambiaría la calificación por falta de pruebas y que le aplicarían un delito menor. Sin embargo para su mayor sorpresa y consternación, lo sentenciaron a 15 años por el único delito y sin pruebas, de "incitación al odio". Esta farsa judicial aquí descrita con pelo y señales no es un error; es un guión premeditado de represión.
Este nivel de perversión judicial no es casual. El estado Monagas es el único donde el presidente del circuito judicial, Jorge Luis Arzolay Tesamo, no permite que un juez dicte sentencia sin su previa autorización. Lo dantesco y absolutamente inconstitucional es que este mismo hombre es también el jefe de todos los fiscales del Ministerio Público en el estado, quienes no pueden realizar ninguna diligencia sin su venia. Este súper-poderoso, que se cree con más potestad que Dios, actúa con impunidad porque es el niño consentido de Diosdado Cabello. Lleva cinco años ejerciendo un control férreo y asfixiante sobre la justicia en Monagas, convirtiendo las cortes en su feudo personal de venganza y sumisión.
Ante esta maquinaria de injusticia, la resignación no es una opción. Exhorto a todas las cientos de familias a las que este señor les ha destrozado la vida y a aquellos que han perdido a seres queridos a causa de esta persecución a que mantengan viva la memoria de estos crímenes. Conozcan sus movimientos, sepan dónde vive, qué sitios frecuenta, incluso los lugares que visita en el estado Anzoátegui. La narcotiranía que hoy lo protege caerá pronto, es una ley inexorable de la historia. Y cuando ese día llegue, ustedes, las víctimas, los que llevan la verdad tatuada en el alma, sabrán qué hacer para que la justicia, la verdadera, no sea solo una promesa, sino una realidad.
Sigo pensando desde la cárcel del exilio que la comunidad nacional e internacional debe voltear su mirada hacia Monagas.lo que ocurre allí es un microcosmos de la tiranía: la perversión total de la justicia para aniquilar al disidente. No son sentencias; son secuestros legales. No son jueces; son verdugos con toga. Y su día de rendir cuentas se acerca.
La distracción en la que nos tienen buscando resolver el día a día, sumado a la represión y amenaza sin tregua les permite hacer y deshacer, pero no perdamos de vista el enfrentarlos como sea, sin pausa yo sigo en esa tarea con MI PLUMA Y MI PALABRA
José Gregorio Briceño Torrealba
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Hay una seria confusión con respecto al liderazgo . Es hora de reflexionar especialmente en nuestro país sobre esto. El liderazgo se construye, se evidencia con verdades, con hechos, hasta llegar a motivar y guiar a un equipo hacia planes comunes, por el otro lado de la misma moneda, la eficiencia en la gestión no tiene otra vuelta que la capacidad de lograr resultados tangibles, reales, que generen mejoras en el equipo o en el ámbito político que eleven la calidad de vida de quienes lidera.
Un líder puede atraer y tener una gran visión, pero si no tiene habilidades para gestionar y ejecutar, es un globo que se desinfla y fracasa en su misión. Así mismo hay gestores eficientes pero si no tiene habilidades de liderazgo, puede tener dificultades para motivar y guiar a su equipo.
En nuestra tierra la falta de equilibrio en este tema es común ya que la gran mayoría de los que están en el poder, herederos del traidor mayor, hoy felizmente difunto, solo se preocupan por mantenerse en él y no por el bienestar de la gente y eso se evidencia enseguida, se nota que llegaron a los cargos gracias al dedo del dueño del PSUV y eso según ellos los hacen líderes inmediatamente y para remate su gestión es tan mediocre y falta de planificación que dan grima, solo basta ver las migajas de obras y acciones de gobierno. Pura miseria.
Si no se tiene la claridad de lo que significa un cargo de representación popular o una mínima experiencia gerencial, el resultado es la inoperancia que degenera en desgracia colectiva. Menos aún aplican el sentido común y la lógica. Me refiero a la grave responsabilidad que hoy descuidan alcaldes y gobernadores en mi querida Venezuela y de manera particular en mi amado estado Monagas. A diario me llegan cientos de denuncias de casi todos los municipios pero con mayor énfasis desde el municipio Maturín, la capital. Estas voces desesperadas pintan un cuadro de abandono que clama al cielo y evidencia una administración pública desvinculada por completo de las necesidades de su pueblo. Monagas está pasando el peor momento de toda su historia en el ámbito deportivo. Es una realidad dolorosa y palpable. Los equipos de todas las disciplinas tienen que andar haciendo rifas, tómbolas y pidiendo colaboraciones para lo más básico: comprar uniformes y lo que es más indignante, los zapatos. Luego para los atletas y sus familias se inicia un nuevo viacrucis: si las competencias son en otros municipios o estados, son los padres y representantes quienes deben costear el transporte. Esto no es una simple anécdota, es un verdadero caos y una desgracia institucional que está truncando sueños y matando el futuro de nuestra juventud.
Mientras nuestros niños padecen esta miseria programada el gobernador Ernesto Luna y los alcaldes de la llamada revolución sí tienen recursos para pagar fastuosas fiestas con artistas nacionales e internacionales. Sí tienen para financiar a cada rato el transporte de sus adeptos a Caracas para ir a apoyar al ilegítimo Nicolás Maduro. Esta es la radiografía perfecta de sus prioridades: la propaganda por encima de la gente; el servilismo político por encima del servicio social.
Cuando yo fui alcalde de mi añorado Caicara en dos periodos consecutivos siempre doté de uniformes completos a los equipos del municipio y les tuve siempre garantizado el transporte a cualquier parte del país. Ese mismo compromiso se mantuvo e intensificó en mis dos periodos como gobernador del estado. Incluso instituimos un estímulo superior: en los Juegos Nacionales, todo atleta que lograra una medalla de oro y no tuviera vivienda propia, recibía una por parte del gobierno regional. Eso no era un gasto, era una inversión en el capital humano de Monagas.
Hoy la falta de conciencia y la absoluta irresponsabilidad de estos mediocres que gobiernan les impiden entender que invertir en deporte, educación y cultura es la verdadera arma para forjar una sociedad emprendedora, sana y de progreso.
Para ellos el futuro de la juventud se reduce a una anécdota pues lo único que tienen en la cabeza es la visión simple y estrecha de un "simple rancho". Gobernar es tener una visión de estado, no una mentalidad de capataz de aldea.
Cuando me empeñé apenas meses después de llegar a la gobernación en el año 2005, en construir de forma testaruda el estadio de fútbol más grande de Venezuela, enfrenté demasiados obstáculos, tropiezos y feroces críticas. Hubo quienes dijeron que era imposible, que era un sueño megalómano. Pero con la ayuda de Dios y de mi equipo de trabajo, lo logramos. Hoy ese estadio es una referencia internacional y sede permanente de la selección nacional, La Vinotinto. Es un orgullo monaguense y venezolano.
Ese estadio representa lo que se puede lograr cuando hay visión de futuro, compromiso y amor por la tierra que uno gobierna. Es la prueba tangible de que Monagas puede y merece grandeza. El estado Monagas hoy es uno de los más abandonados y olvidados de toda Venezuela. Cuando se ingresa por una de las entradas principales a la ciudad capital Maturín, se observan tremendos huecos y cráteres en la Avenida Bella Vista, justo en el cruce con la urbanización Las Cayeras, a pocos metros del Estadio Monumental. Esta imagen es una clara muestra de desidia y dejadez administrativa.
Es paradójico y doloroso: a metros de un símbolo de lo que fuimos capaces de construir, vemos el testimonio del abandono actual. Es como si el pasado glorioso y el presente miserable convivieran en un mismo espacio, recordándonos constantemente lo que perdimos y lo que debemos recuperar.
Pronto vendrán tiempos mejores. Monagas será uno de los primeros estados que serán reconstruidos cuando Venezuela recupere su rumbo. Su pueblo recibirá la atención de primera calidad que merece, como cuando vivió sus mejores momentos de gloria entre los años 2004 y 2012. Esos años no fueron casualidad: fueron el resultado de una gestión comprometida, de prioridades claras y de gobernantes que entendimos que su misión era servir, no servirse.
El deporte volverá a brillar en Monagas. Los jóvenes atletas tendrán uniformes dignos, transporte garantizado y reconocimiento a sus logros. Las calles estarán en condiciones óptimas. La infraestructura deportiva y cultural será ejemplo nacional. Porque los monaguenses no merecen menos.
Viva Venezuela Libre.
Mientras escribía esta columna y hacía mi reflexión desde la cárcel del exilio recibimos una maravillosa noticia: Venezuela y todos los demócratas del mundo celebrabamos con orgullo el 82 Premio Nobel de la Paz a Maria Corina Machado quién ha personificado todos esos valores durante una gesta coherente y firme. Es el reconocimiento a la fuerza, el coraje y la fe de un pueblo que jamás se rindió.
Este Nobel no es solo un premio, es la señal del principio del fin para la narcotiranía.
Ahora más que nunca los hechos nos dan la certeza de que estamos cerca del fin de la narcodictadura, sigamos remando todos en la misma dirección, sin pausa, yo lo hago además con la perseverancia de MI PLUMA Y MI PALABRA
José Gregorio Briceño Torrealba
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El contrasentido en el que se encuentra la lealtad militar en Venezuela es un tema que nos vuela los tapones, nos saca de quicio, esta asqueante clase de oficiales que pisotean las leyes y son militantes activos en las filas del Partido Socialista Unido de Venezuela, la pandilla heredera del traidor mayor, hoy felizmente difunto, que han sido beneficiados y acallados con cargos, contratos, concesiones y más, han sido parte activa de la destrucción de nuestro país y han contribuido a socavar la democracia hemisférica. Todo un currículum de terror.
En otra época el estamento militar fue pilar fundamental en la defensa de la soberanía venezolana, hoy, los miembros del alto mando están siendo investigados y buscados con recompensa por su cabeza, por su complicidad con el narcorégimen que ha sido acusado de violar los derechos humanos y desconocer el resultado de elecciones. Los cambios recientes en el alto mando militar venezolano sugieren un tambaleo del poder, eso no es más que la renovación y refrescamiento del grupo de traidores que deshonran su juramento y asumen la lealtad ciega en lugar de la defensa de la nación y sus ciudadanos.
Ver en redes sociales a miembros del alto mando militar venezolano defendiendo a Nicolás Maduro como presidente legítimo es un espectáculo que sobrepasa lo vomitivo y se adentra en lo patético. Nos enfrentamos a la imagen de seres que habiendo jurado defender la Constitución y la patria, se arrastran en una sumisión reptiliana, despojándose de todo valor y honor. Estos mismos hombres egresaron de una academia que en teoría, forja carácter y principios. Hoy son el vivo ejemplo de su más absoluta negación.
La traición adquiere una dimensión más obscena cuando recordamos su rol en el proceso electoral. Ellos fueron los administradores del Plan República, tuvieron en sus manos las actas que evidenciaron de manera irrefutable, el aplastante triunfo de Edmundo González Urrutia el pasado 28 de julio. Esos documentos que recorrían el país de punta a punta, mostraban una realidad incontestable: Maduro no ganó en ningún estado y para mayor escarnio, fue derrotado de manera contundente incluso en los mismos centros de votación militar. Saben que es una farsa y aun así, prestan su uniforme para validarla.
Con una vileza que solo nace de la cobardía, ahora se permiten denigrar públicamente a los líderes de la voluntad popular. Se refieren a Edmundo González con el infantil y asqueroso apodo de "el inmundo" y atacan a María Corina Machado con la miseria moral de quien sabe que ha perdido la batalla de las ideas. Insultan porque no pueden debatir; descalifican porque no pueden convencer.
A esta afrenta a la voluntad popular se suma una ilegitimidad de origen. La Constitución venezolana es taxativa: para ser Presidente de la República se requiere ser venezolano por nacimiento y sin otra nacionalidad. Nicolás Maduro, de público conocimiento, es colombiano por nacimiento. Este no es un dato menor; es la base legal que desmorona toda la fachada de legitimidad que el régimen y sus secuaces militares intentan construir.
Frente a este cuadro de usurpación y crimen es necesario e imprescindible redoblar el apoyo a la acción libertaria emprendida por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Su gobierno ha dado un paso crucial al dirigir sus esfuerzos contra lo que ya es reconocido internacionalmente como una organización narcocriminal que tiene secuestrada a nuestra patria. No son meras acusaciones; todas las evidencias, grabaciones, fotografías, filmaciones y testimonios reposan de manera formal en la Corte Federal del Distrito Sur de Nueva York, esperando el día de la justicia.
Mientras tanto esa cúpula militar sigue sumida en su negacionismo delirante. Tienen la desfachatez de negar que los "narcosobrinos" condenados por narcotráfico sean presentados como ejemplos a seguir para la juventud. ¿En qué universo paralelo vive este alto mando? Su complicidad los ha cegado hasta el punto de normalizar lo que cualquier sociedad decente rechazaría con horror.
Al final solo Dios sabrá cuál será el destino de esta cúpula militar de anormales. La historia, sin embargo ya los tiene juzgados. Desde la cárcel del exilio pienso que a esas piltrafas vestidas de verde les importa poco, pero serán recordados no como soldados, sino como los verdugos de la libertad de su propio pueblo, como la guardia pretoriana de una tiranía que todo lo corrompe. Su legado no serán medallas ni glorias, sino el oprobio eterno de haber traicionado a Venezuela en su hora más crucial.
Ustedes milicos, están ostentando charreteras teñidas de sangre y obtenidas a costillas del dolor de miles de familias que han perdido a sus hijos luchando por lo que ustedes han debido defenderlos, no merecen perdón por tanto agravio a la patria.
Pronto vendrán nuevas tropas, jóvenes criados en un país libre y de allí saldrán oficiales comprometidos con sus deber, no lo dudemos, sigamos despejando el horizonte, yo lo hago sin pausa con MI PLUMA Y MI PALABRA
José Gregorio Briceño Torrealba
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Estamos cansados de ver cómo los tiranos narcoterroristas que usurpan el poder en mi país y han penetrado las entrañas de América toda, se convierten en caricaturas de sí mismos, insultando y luego suplicando, revelando su fragilidad creyendo que pueden sostenerse por siempre en el poder a través del miedo y la manipulación.
Nuestra cruzada por la libertad no es solo una batalla política, sino un viaje hacia la dignidad y la reconstrucción del futuro de nuestra gente retomando los valores, la familia, el trabajo y el estudio como herramientas para avanzar, construir país dejando atrás las dádivas como política de estado para mantenernos sometidos e ignorantes.
Este camino hacia la libertad y la justicia se convierte en una necesidad urgente, el régimen y sus jerarcas están sentenciados, la cuenta regresiva ha comenzado y ellos lo saben.
Resistirse es su especialidad y más aún cuando ven que su gallina de los huevos de oro se les escapa de las manos y están agotando todas las jugadas, hasta humillarse ante el mundo bajando el tono de sus atrevidos discursos.
En su usual modus operandi, de restar importancia a las acciones internacionales para removerlos del poder, la tiranía venezolana se burló, como siempre, cuando comenzaron los movimientos militares de Estados Unidos en el Caribe. Dijeron que era un “pote de humo” que era guerra psicológica, que eso los llenaba de “coraje”. Pero la realidad les estalló en la cara. La primera lancha procedente de Sucre fue bombardeada y el régimen, desesperado, salió con la ridiculez de que todo era un invento hecho con inteligencia artificial. A las pocas horas, quedó demostrado que sí había ocurrido.
Tan bocones, dignos herederos del bocón y traidor mayor, hoy felizmente difunto, para insultar a medio mundo pero cuando sintieron la presión real se arrugaron. Nicolás Maduro le envió una carta a Donald Trump después de que volaran la primera embarcación. Se quedaron callados hasta que un medio internacional soltó la noticia y entonces apareció la “ bella” Delcy Rodríguez publicando la misiva en la que, como buenos arrastrados, se dirigieron a Trump con un servil “Excelentísimo señor presidente”. ¿Dónde quedaron los insultos de “pelucón”, “magnate usurero” y demás payasadas? Hipócritas, farsantes y cobardes. Y por cierto, la carta, además de arrastrada, estaba escrita con una pobreza vergonzosa. Pero claro, no se puede esperar más de quienes convirtieron al país en un muladar.
La Casa Blanca no tragó el anzuelo y la respuesta fue contundente: “Esa carta está llena de mentiras y Nicolás Maduro es un fugitivo narcotraficante”. Punto.
Al día siguiente, la bomba política fue aún mayor. Donald Trump ante el pleno de la ONU, dijo lo que ningún presidente estadounidense se había atrevido a decir en 80 años de historia: “Haremos volar por los aires a todo narco que envenene a los Estados Unidos”. Y remató, con nombre y apellido: “Nicolás Maduro, jefe del Cartel de los Soles”.
Se acabaron las máscaras, ya no hay medias tintas ni comunicados diplomáticos llenos de frases vacías, el mundo escuchó que el capo venezolano no es un presidente, sino un narcotraficante señalado al más alto nivel. Eso no tiene vuelta atrás.
Aquí pensando, desde la cárcel del exilio, quien todavía crea que este régimen tiene futuro, que despierte, la sentencia ya está dictada, sólo es cuestión de tiempo y ahora el tiempo no corre a favor de Maduro, sino de un pueblo que quiere ver justicia. Así como cayó Soleimani, puede caer cualquiera que se crea intocable.
Es una realidad que la tiranía se sostiene a punta de represión, hambre y propaganda barata pero ni con todos sus fusiles, su famélica y manipulada milicia, ni con todos sus aliados criminales podrán sostenerse indefinidamente. Ya están desenmascarados, el mundo los ha identificado como lo que son: una mafia enquistada en el poder.
Los venezolanos no pedimos clemencia para quienes destruyeron la nación, lo que pedimos es libertad y justicia. Queremos recuperar a nuestra patria, verla brillar sin delincuentes en Miraflores ni narcotraficantes en el poder.
Repito: La cuenta regresiva ya empezó.
La libertad de Venezuela no es sólo un sueño, es una certeza que se acerca cada día que pasa. Estan pasando cosas minuto a minuto, el régimen criminal de Maduro perdió el control, tiene los días contados y pronto nosotros los venezolanos podremos reconstruir nuestra patria con dignidad y esperanza.
¡Venezuela será libre y la tiranía pagará caro su traición a la patria! 🇻🇪
Más cerca de reunir a las familias y de poner todo nuestro empeño y fuerzas en romper esas cadenas de miseria y corrupción, seguimos con toda la emoción de MI PLUMA Y MI PALABRA
José Gregorio Briceño Torrealba
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Lo hemos venido diciendo desde hace mucho tiempo, no había que ser adivino, ni especialista en geopolítica, el malandraje que usurpa el poder en Venezuela, comenzando hace 26 años con el traidor mayor a la patria, hoy felizmente difunto y sus herederos tenía una misión de traspasar fronteras y llevar, disfrazada de bazofia revolucionaria, a cada rincón de América Latina, el rostro del crimen organizado para luego penetrar en América del Norte con su negocio principal: el narcotráfico y esto recién ha sido entendido a nivel internacional. Ya no son solo bandas clandestinas, el peligro acecha disfrazado de instituciones, de gobiernos que son cómplices, algunos por su indiferencia y otros activamente involucrados en avanzar con la corrupción y expandir su influencia sin fronteras claras. En este modelo narcoterrorista lo político y lo criminal se entrelazan con una facilidad espeluznante, donde la impunidad se convierte en el lenguaje común de quienes manejan los hilos del poder. La amenaza ya no es solo la droga que cruza fronteras; es un estado convertido en herramienta del crimen, con penetración en todas las instancias, hasta en las más incorruptibles hasta ahora como en la Corte Penal Internacional y disfrazados de instituciones por lo que pocos se atreven a cuestionar o enfrentar. Y lo más temido es que aunque suene exagerado, la libertad de los pueblos está en jaque. Parecía banal y poco importante darle oficialmente el calificativo de organización terrorista al Cártel de los Soles, pero ha sido clave para la acción que se requiere ya que es un desafío que va más allá de la lucha contra el narcotráfico; es una batalla por la justicia en la región.
El eje central del poder del Cártel de los Soles no es únicamente la cocaína. No se trata simplemente de una lancha interceptada en el Caribe con droga, aunque ese sea parte de su negocio. Lo que hace a este cartel el más peligroso del continente es que tiene en sus manos un Estado. Esa es la verdadera dimensión de la amenaza. Mientras los carteles mexicanos, colombianos o ecuatorianos operan desde la clandestinidad y en permanente confrontación con la institucionalidad de sus países, el Cártel de los Soles dio un paso más: capturó al Estado venezolano y lo puso al servicio del crimen organizado.
Se cumple paso a paso aquel vaticinio que hacía el capo mayor quien autoriza cada cargamento de droga que sale de Venezuela, Diosdado Cabello Rondón, cuando se sonreía y decía ante la acción del tren de Aragua en Perú y Chile: "tranquilos que por ahora es una brisita pero pronto se convertirá en un huracán bolivariano que llegará a toda la patria grande de América". Esta mafia planificada controla instituciones, recursos y territorios con una impunidad total. Incluso dispone de embajadores en casi todo el mundo y un asiento en Naciones Unidas, lo que le da una fachada de legitimidad que ninguna otra organización criminal posee.
La presencia abierta de la guerrilla colombiana, ELN y disidencias de las FARC en varios estados de Venezuela, confirma cómo se borraron las fronteras entre lo político y lo criminal. El país se convirtió en una organización criminal en sí misma. Allí está el punto medular: no es un cartel escondido en las sombras, sino un poder político que se disfraza de gobierno.
Por eso cuando hablamos de la lucha contra el Cártel de los Soles, debemos entender que no se trata de incautar cargamentos de droga ni de arrestar a algunos de sus operadores. La verdadera estrategia debe enfocarse en arrebatarles el control del Estado venezolano por las buenas o por las malas. Hay que quitarles el poder político, la representación diplomática, la fuerza militar y el aparato institucional que hoy utilizan para expandir el crimen organizado en América Latina. De lo contrario, lo que se avecina es la multiplicación de la influencia política de estas mafias en toda la región.
Esta semana, la posición de Washington fue contundente. El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, declaró: “No nos detendremos ante nada para defender nuestra patria y nuestros ciudadanos. Los rastrearemos, los mataremos y desmantelaremos sus redes en todo nuestro hemisferio, en los momentos y lugares que elijamos”. Acto seguido, el secretario de Estado, Marco Rubio, remató: “Nuestro gobierno no permitirá que un cártel se haga pasar por un gobierno en nuestro propio hemisferio”. Más claro no canta un gallo dijeran en mi amado pueblo de Caicara.
Las palabras son claras: el hemisferio no puede aceptar que el crimen organizado se revista de soberanía. En el caso venezolano, no hablamos de un cartel que desafía al Estado, sino de un cartel que es el Estado. Y si ese modelo se consolida, América Latina enfrentará un futuro donde la política y el crimen serán la misma cosa, si no se tumban o se masacran, será la América del crimen organizado.
La libertad de Venezuela, por tanto, está atada a un desenlace inminente. La decisión de Estados Unidos de no reconocer como legítimo a un cartel disfrazado de gobierno abre una ventana de esperanza. Desde la cárcel del exilio hago seguimiento, analizo y aumento mi Fe en Dios: la liberación de la patria está muy cerca, lo sé porque ya el daño está muy avanzado en otros países y los que aún no han sido dañados están poniendo sus barbas en remojo. Sigamos empujando y remando hacia la ruta de la libertad. Sigo con MI PLUMA Y MI PALABRA. Viva Venezuela Libre.
José Gregorio Briceño Torrealba
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Las contradicciones y paradojas están a la orden del día en la Venezuela actual y para ser justos con nuestra historia, es un tema que genera profunda reflexión. Un país que además de ser rico en recursos y con una historia patria épica, grandiosa, llena de logros para las aspiraciones soberanas de un continente entero, con héroes patriotas reales, se encuentra hoy envuelto en una narrativa muy contradictoria y vergonzosa. Por una parte, estos ineptos, cobardes que nos oprimen, proclaman ideales de independencia y resistencia; por otro, la realidad muestra un panorama devastador y un descontento generalizado. La alharaca de un poderío militar y una postura desafiante, contrasta con una evidente fragilidad y descomposición interna en las instancias militares, ni hablar de la cobardía y discurso descocado en el que estos degenerados, herederos del traidor mayor, hoy felizmente difunto, llevan las palabras para un lado y las acciones caminan hacia el extremo opuesto, generando un clima de incertidumbre y expectación a pesar de que sabemos, conocemos a estos personajes tragicómicos y su irrespeto y odio por los venezolanos. Estos entramados de delincuencia que han afectado irremediablemente los asuntos políticos y sociales que desdibujan, tergiversan la realidad y nos han traído a este punto, no son tonteria, por más jocoso que parezca el usurpador cucuteño, su capitán hallaca y hasta el gobernador de Monagas "armado hasta los dientes" a quienes les llega a sonar un triquitraki al lado y se infartan, aunado a toda esa paja y falsedades con la que aparecen degañitandose, para luego caer en el ridículo de invitar al diálogo a los Estados Unidos en un falso tono conciliador.
En este fatuo contexto, Maduro anunció con bombos y platillos el pasado jueves el “Plan Independencia 200”. El detalle es que las fuerzas militares están famélicas, con hambre real, no de gloria, no tienen asistencia médica y sus sueldos son miserables, tienen a sus familias viviendo de las dádivas con gorgojos que les lanza el "gobierno". Los equipos militares son piezas de museo y los pocos que funcionan parecen utilería de una película mala de los años 80. Aún así, salen prepotentes desafiando al ejército más poderoso del mundo como el estadounidense.
Lo incomprensible es que todavía haya quienes quieran inmolarse por los mismos delincuentes que destrozaron un país entero. Se trata de defender a un extranjero solicitado por la justicia internacional por narcotraficante y terrorista, quien ostenta además la recompensa más elevada en la historia de Estados Unidos sobre su cabeza. Esa “gran batalla” que prometen será como el enfrentamiento entre un tigre y un burro amarrado en Miraflores, aunque, claro está, el burro jura ser Napoleón en versión tropical.
Porque nada dice “independencia” como soldados sin botas, tanques que no encienden y generales obesos dictando órdenes desde un banquete. La realidad supera cualquier sátira: un régimen que habla de soberanía mientras mendiga petróleo iraní, que proclama resistencia antiimperialista mientras sus hijos viven en Miami y que anuncia planes militares grandiosos con un ejército que hace cola para el desayuno en los comedores populares.
El espectáculo resulta tan patético como peligroso, la grandilocuencia de quienes han convertido a Venezuela en un estado fallido no conoce límites, hablan de independencia quienes han entregado el país a potencias extranjeras, de dignidad quienes han sumido al pueblo en la miseria más abyecta, de resistencia quienes huyen ante la primera señal de peligro real.
Mientras tanto, el pueblo venezolano observa con una mezcla de incredulidad y hartazgo esta nueva farsa a sabiendas de que es eso, un teatro de terror.
La realidad afuera es que hay un posible ataque, sea tipo extracción o como sea y hay un importante número de países que avalan esto para desmantelar al cártel de los Soles como organización terrorista que es, hasta hoy estos gobiernos han dado un paso al frente y consideran por encima de todo que es necesario el ataque al narcoterrorismo que pone en peligro a sus naciones; Ecuador, Paraguay, Argentina, Trinidad y Tobago, Perú, República Dominicana, Guyana, la Unión Europea con sus 27 países están claros en que la lucha es justa en defensa de la región.
Desde la cárcel del exilio espero con ansias la libertad de la patria de la forma que sea y lo vuelvo a repetir: no creo que a estas alturas, después de ese gran movimiento armamentístico en el Caribe por parte de Estados Unidos, quede mucho margen para estas bravuconadas de opereta que tienen montadas los traidores más grandes a nuestra legítima y decorosa historia de libertad.
La historia juzgará con severidad a quienes confundieron el patriotismo con el servilismo, la resistencia con la terquedad y la independencia con la autodestrucción. Porque cuando se pierde completamente el sentido del ridículo, solo queda esperar que la realidad, inexorable, termine por imponerse sobre la fantasía más delirante.
Los exhorto a seguir enfrentando a esta peste, sin pausa , lo hago con pasión con MI PLUMA Y MI PALABRA
José Gregorio Briceño Torrealba
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Hoy más que nunca, es importante, una de mis intenciones reiterativas a través de estos escritos semanales, entender lo que está pasando en Venezuela, un país al que el traidor mayor a la patria, hoy felizmente difunto y sus miserables herederos han convertido en un vergonzoso narcoestado. Se trata de cómo el poder político de estos malhechores ha involucrado el narcotráfico entrelazandolo de una manera tan estructural que ha arrastrado al pueblo a una crisis profunda normalizando situaciones aberrantes en el día a día de nuestra gente. Desde mantener en zozobra los sectores populares con los tristemente célebres cuadrantes del terror, bandas criminales, colectivos que han tomado el control de comunidades enteras, aprovechándose de la corrupción, complicidad y obvia inacción de quienes están usurpando el poder. Lo más importante a estas alturas es el despertar de la comunidad internacional ya que no es juego, no es una pataleta de los opositores venezolanos y no solo afecta a Venezuela, sino que tiene repercusiones en toda América Latina. La reciente intervención en destrucción de algunos alijos de drogas luego de la categorización como red criminal, nos deja claro que ya no se puede seguir ignorando este problema. Se hace evidente e impostergable el compromiso fuerte y sostenido para combatir el narcotráfico y la corrupción. La historia está escribiendose, no podemos permitir que esté llena de borrones y más vergüenza sobre nuestra Venezuela.
En el marco de estas acciones liberadoras, el pasado martes, Estados Unidos ejecutó una operación contundente contra una embarcación venezolana en aguas del Caribe que transportaba drogas y miembros del Tren de Aragua, resultando 11 personas fallecidas. Esta acción demostró la firmeza y letalidad con que el gobierno estadounidense está dispuesto a actuar contra las organizaciones criminales transnacionales. El presidente Donald Trump, afirmó que operan bajo el control directo de Nicolás Maduro y están vinculadas al narcotráfico, la trata de personas y redes internacionales de terrorismo. La operación marca un punto de inflexión en la estrategia estadounidense frente al narcoestado venezolano, enviando un mensaje inequívoco: la era de la impunidad para estas organizaciones criminales ha llegado a su fin.
La reacción de los secuestradores del poder en Venezuela, encabezados por Nicolás Maduro, fue tan predecible como patética. Su primera línea de defensa consistió en afirmar que el video presentado por el gobierno estadounidense había sido fabricado mediante inteligencia artificial, calificando toda la operación como una “mentira mediática”. Esta respuesta desesperada reflejó la incapacidad del régimen para enfrentar la evidencia abrumadora de sus nexos con el crimen organizado.
Sin embargo, la realidad tiene la costumbre de imponerse sobre la propaganda, no habían transcurrido 24 horas cuando los propios medios de comunicación venezolanos comenzaron a confirmar, punto por punto, todos los detalles comunicados por Washington. Los hechos eran incontrovertibles: la embarcación había partido efectivamente del pueblo de San Juan de Unare, en el estado Sucre, transportaba 11 personas, contaba con cuatro motores fuera de borda y estaba cargada de sustancias estupefacientes. Un detalle adicional confirmó la veracidad de los hechos y expuso la torpeza de la negación oficial: la embarcación llevaba instalado un dispositivo GPS por parte de su propietario y quien la tripulaba era el hijo del dueño de la nave. Cuando la noticia se hizo pública, los habitantes del pueblo pudieron constatar que efectivamente se trataba de la embarcación local, pues el dispositivo de rastreo había desaparecido junto con la nave hundida.
San Juan de Unare no es un lugar cualquiera en la geografía del terror que caracteriza a la Venezuela actual. Este pueblo costero del estado Sucre representa uno de los casos más dramáticos de cómo el crimen organizado ha logrado apoderarse de territorios completos con la complicidad o inacción del Estado venezolano.
En 2018, la banda criminal conocida como el Tren de Aragua irrumpió violentamente en San Juan de Unare y perpetró una masacre que estremeció incluso los parámetros de violencia acostumbrados en Venezuela: asesinaron a sangre fría a 78 hombres del pueblo. Desde entonces, esta localidad vive bajo el yugo de la organización criminal, convertida en una base de operaciones para el tráfico de drogas, armas y personas hacia el Caribe y Estados Unidos.
La transformación de San Juan de Unare ilustra perfectamente el modus operandi del Tren de Aragua: tomar control territorial mediante el terror, establecer rutas de narcotráfico y operar con total impunidad bajo la protección de estructuras estatales corruptas. Este pueblo costero se convirtió en un puerto de salida estratégico para el tráfico internacional de drogas, aprovechando su ubicación geográfica privilegiada frente al mar Caribe. La actuación del gobierno estadounidense expone ante la comunidad internacional una realidad que muchos prefieren ignorar por conveniencia política: Venezuela no es simplemente un país con problemas de gobernabilidad, sino un narcoestado donde organizaciones criminales como el Tren de Aragua operan bajo la protección directa del Cartel de los Soles, la estructura militar-criminal que controla el negocio de las drogas desde las más altas esferas del poder.
Esta simbiosis entre crimen organizado y poder político no es casual ni accidental. Es el resultado de una estrategia deliberada donde el régimen de Maduro ha encontrado en el narcotráfico una fuente de financiamiento y control social. El Tren de Aragua no es simplemente una banda criminal más; es un brazo armado informal del régimen que cumple funciones de control territorial y represión social en zonas donde el Estado formalmente no puede o no quiere actuar directamente. ¿Quién puede negar a estas alturas que en los pueblos costeros del estado Sucre mandan las bandas delictivas protegidas por el Cartel de los Soles? ¿Quién desconoce que los caños y ríos del sur del estado Monagas están bajo el control absoluto de Diosdado Cabello y su hermano, constituyendo las rutas principales por las cuales salen cientos de miles de kilogramos de cocaína hacia el Océano Atlántico con la complicidad gubernamental directa y sistemática? La evidencia de esta red criminal es abrumadora y está a la vista de cualquiera que se atreva a investigar. Prácticamente todas las fincas y propiedades que colindan con estos caños fluviales han sido adquiridas por testaferros y prestanombres de la cúpula criminal que gobierna Venezuela. Estas propiedades no son inversiones inmobiliarias; son infraestructura logística para el narcotráfico, desde donde se coordinan las salidas de drogas hacia mercados internacionales.
Para entender completamente el fenómeno del narcotráfico venezolano, es fundamental analizar su matriz ideológica: la filosofía de la droga desarrollada y promovida por Fidel Castro desde La Habana. Esta doctrina criminal no surgió de la nada; fue cuidadosamente elaborada y exportada como parte de la estrategia cubana de desestabilización continental.
Castro, ese arquitecto del mal en Latinoamérica, fue el teórico de lo que él mismo denominó la “ética revolucionaria narcotraficante”. Su lógica perversa era tan simple como devastadora: vender cocaína y otras drogas a los estadounidenses para envenenar su sociedad desde adentro, recibiendo a cambio los dólares necesarios para financiar la lucha armada contra Estados Unidos y sus aliados en la región.
Se trata de una teoría diabólicamente inteligente, típica del dictador cubano, donde se justifica una maldad absoluta mediante la invocación de un supuesto fin noble. En este caso, el fin “revolucionario” sería la destrucción del sistema capitalista occidental, y por tanto, la maldad intrínseca del narcotráfico se relativiza y hasta se enaltece cuando persigue este objetivo “superior”.
Castro inventó y perfeccionó esta tesis a principios de los años ochenta del siglo pasado, precisamente cuando comenzaba a tornarse cada vez más difícil y costoso el financiamiento directo desde Moscú para las guerras de liberación nacional que Cuba promovía fuera de sus fronteras, disfrazadas de “misiones internacionalistas”. El colapso económico de la Unión Soviética obligó a La Habana a buscar fuentes alternativas de financiamiento para su proyecto expansionista y el narcotráfico se reveló como la solución perfecta. Esta filosofía criminal no se quedó en Cuba. Fue sistemáticamente exportada a través de las redes de inteligencia cubana hacia movimientos guerrilleros y organizaciones criminales de toda América Latina. Las FARC colombianas fueron los primeros y más exitosos estudiantes de esta escuela criminal pero no los únicos.
El régimen venezolano de Hugo Chávez y posteriormente Nicolás Maduro adoptó esta doctrina con entusiasmo, perfeccionándola y adaptándola a las realidades del siglo XXI. Lo que en Cuba era una estrategia de supervivencia económica disfrazada de resistencia anti-imperialista, en Venezuela se convirtió en el modelo de negocio fundamental del Estado.
Señores, la operación estadounidense en el Caribe no es solamente una acción militar exitosa contra una embarcación cargada de drogas, es un mensaje histórico que marca el fin de una era de tolerancia hacia los narcoestados que operan bajo la fachada del antiimperialismo revolucionario. Durante décadas, regímenes como el cubano y el venezolano han logrado escudarse tras la retórica de la soberanía nacional y la resistencia antiimperialista para proteger sus redes criminales internacionales. La operación del pasado martes demuestra que esta estrategia ha llegado a su fin: cuando los estados fallan en controlar a las organizaciones criminales, o peor aún, cuando las protegen y las utilizan como instrumentos de política exterior, la comunidad internacional tiene el derecho y el deber de actuar. El hundimiento de esa embarcación en aguas del Caribe hundió también, simbólicamente, las pretensiones del narcorégimen venezolano de seguir operando con impunidad en el crimen transnacional. Mi reflexión desde la cárcel del exilio es más de realidad que de fe, es el comienzo del fin para un modelo criminal que ha causado sufrimiento indescriptible no solo al pueblo venezolano, sino a toda América Latina. La historia juzgará este momento como el punto de inflexión donde la comunidad democrática internacional decidió que la tolerancia hacia los narcoestados disfrazados de gobiernos revolucionarios había llegado definitivamente a su fin.
Mis fuerzas están repotenciadas, sigo empujando hacia la libertad, con más ánimo y con MI PLUMA Y MI PALABRA
José Gregorio Briceño Torrealba
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